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Secuelas del Covid-19: la otra prueba que enfrentan los sobrevivientes

Servicio de Salud Ñuble

Las personas contagiadas por Covid-19 están en riesgo latente de desarrollar complicaciones derivadas de la infección respiratoria. En más de 12 meses de pandemia, en la Región de Ñuble 20.608 personas han contraído el SARS-CoV-2, y de ellas 397 han estado conectadas a ventilación mecánica debido a cuadros graves del virus. Quienes superan la batalla, la mayoría debe iniciar un proceso de recuperación para paliar las secuelas que deja la enfermedad.

La doctora Andrea Torres, jefa del Programa de Adulto Mayor y Hospitalización Domiciliaria en APS del Servicio de Salud Ñuble, explica que “la gran mayoría de los pacientes que estuvieron conectados a ventilador mecánico requieren posterior a su alta, o a su traslado a cama básica, de rehabilitación tanto kinésica, como fonoaudiológica. Dentro de la primera, está la rehabilitación respiratoria y motora, y en cuanto a la fonoaudiología es para mejorar la alteración del habla y disfagia, que es la dificultad para tragar líquidos o alimentos”.

Respecto a los problemas post Covid, destaca que algunos pacientes tienen secuelas neurológicas, otros respiratorias y en algunos casos, ambas. “Generalmente quedan con algún grado de disnea, (dificultad para respirar), se cansan más rápido y más fácilmente, pero con rehabilitación kinésica respiratoria y ejercicios respiratorios se recuperan paulatinamente”, agrega.

La red de salud de Ñuble brinda atención de rehabilitación y respiratoria a las personas Covid-19 que luego de ser dadas de alta de su hospitalización, reciben terapias para evitar secuelas o disminuir las consecuencias que pueda generar principalmente el haber estado en ventilación mecánica, como por ejemplo: problemas físicos, disminución de la fuerza, deficiencias respiratorias y neuromusculares, disfonía o disfagia que es la dificultad para tragar, entre otros.

“Para ello, los diferentes establecimientos, tanto en los Hospitales de Chillán y San Carlos, como en la atención primaria, han priorizado estas atenciones. Para ejemplificar, los pacientes que pasan por la UCI del Herminda Martín, reciben rehabilitación integral intrahospitalariamente, ya que es parte del proceso de recuperación y luego continúan este proceso en su centro de Atención Primaria”, indica Andrea Torres.

También existen iniciativas como la Rehabilitación Domiciliaria (ReDom) del Hospital de Chillán, que permite que profesionales se dirijan a las casas de los usuarios para brindar esta prestación de manera ambulatoria.

“Es importante precisar que quienes salen de cuidados críticos, el médico determina que deben seguir con esta terapia, son derivados a sus centros de salud familiar donde reciben atención, tanto por el equipo de su Cesfam, como por los profesionales del Programa de Hospitalización Domiciliaria de la APS, que se dirige a los hogares de los usuarios. Para ello, la red de salud cuenta con equipos multidisciplinarios, compuestos por médicos, kinesiólogos, fonoaudiólogos y terapeutas ocupacionales”, explica.

“Estos profesionales otorgan prestaciones en rehabilitación, por parte del kinesiólogo del área respiratoria y motora, del fonoaudiólogo y del terapeuta ocupacional, con el fin de reducir las secuelas a raíz del virus y su estadía como hospitalizado”, añade la doctora.

Trombos en pulmones

José Ignacio Boggie Delgado sobrevivió al Covid-19 al igual que su madre y hermano. Sin embargo, su padre, José Agustín, no resistió y falleció en mayo pasado tras luchar 41 días contra el virus en el hospital de Chillán.

El ingeniero en Administración de Empresas, de 33 años, estuvo 28 días hospitalizado a causa de la infección, de ellos, 15 permaneció en ventilación mecánica.

Gracias a los esfuerzos médicos, y asegura, a la fe, José salió de esa condición crítica, sin embargo, su batalla contra el virus no terminaba ahí, ya que para recuperarse y volver a empezar, tuvo que enfrentar las consecuencias derivadas de estar intubado, tanto físicas como sicológicas.

“Se formaron trombos en mis pulmones, tuve bronquiectasia y tenía un poco de tejido fibroso pulmonar, por lo que me costaba un poco respirar (…) Cuando estuve en la UCI y UTI me ponían unas inyecciones en la guatita que permitían disolver los trombos en mi cuerpo. Tras salir de la UTI, tuve que seguir con ese tratamiento los seis meses siguientes estando en casa, para que la sangre no se coagulara”, explicó.

No solo su capacidad respiratoria disminuyó, sino también su musculatura perdió fuerza tras el prolongado periodo de hospitalización donde estuvo en posición decúbito prono. Sin embargo, salió adelante con el apoyo de los kinesiólogos del complejo asistencial.

“Bajé mucho de peso, unos 12 kilos. Tuve debilidad muscular, por lo que tuve que hacer rehabilitación en la UTI con kinesiólogos durante dos semanas. Me sentaban en la cama y movían mis piernas y brazos. Es como caminar de nuevo. (…) Quedé muy frágil, quería ir al baño y me caía de la cama, y recuerdo que los auxiliares fueron altiro a ayudar. Igual uno se siente un poco desmotivado y frustrado por no poder caminar”, detalló.

José Ignacio recordó que tras ser desconectado sufrió crisis de pánico y una vez en su casa le invadía el temor a un nuevo contagio.

“Tras salir de la UTI, lo que sufrí harto en Medicina fueron muchos delirios como crisis de pánico y hasta el psiquiatra tuvo que venir, porque despertaba en la noche y sentía que el personal me quería matar. El doctor me visitó, me habían amarrado a la cama, porque me levantaba y caminaba. Él me dijo que era normal en las personas que habían pasado por ventilación mecánica, por efecto de las drogas”, sostuvo.

En el presente, el joven chillanejo comentó que aún tiene dificultades para caminar largas distancias y que debe usar hasta cuatro inhaladores diarios.

“Por favor, que la gente tenga cuidado, porque estamos en la lucha contra un enemigo invisible, uno nunca sabe dónde puede estar el virus. En algunas personas se manifiesta muy leve y en otras muy grave”, finalizó.

“Aún no soy autónoma”

El Covid-19 llevó a Ximena Navarrete a hospitalizarse por primera vez a sus 65 años. El 9 de febrero llegó al complejo asistencial de Chillán, donde permaneció casi cuatro semanas en la UCI con ventilación mecánica.

El virus afectó a su esposo, nieta e hija, pero solo ella enfrentó la fase más oscura, tras tener contacto con una persona que trabajaba en su casa y que resultó ser un caso positivo.

Ximena, quien es funcionaria de educación, jamás pensó que llegaría a una condición tan crítica, ya que se caracteriza por tener un buen estado de salud, siendo fumadora ocasional. Sin embargo, el Covid-19 la sometió a la prueba más dura, de la cual logró sobrevivir gracias al trabajo del personal médico, al que recordó con gratitud, tanto por su calidad profesional como humana.

“Porque uno está muy sola ahí, desconectada de la familia, entonces, ahí entran ellos en la parte emocional. Y si te duele algo, ahí ellos empiezan altiro a averiguar el por qué”, comentó.

El domingo 21 de marzo llegó a su hogar para continuar su hospitalización, donde debe seguir con la rehabilitación física que comenzó en el recinto asistencial, porque el estado actual de musculatura no es el mismo de antes. En la actualidad continúa trabajando con kinesiólogo y fonoaudiólogo de lunes a viernes.

“Salir de la UCI fue traumático, no me había dado cuenta de las secuelas con las que uno queda, porque como generalmente a uno la tienen contenida en la cama, entonces, no tiene consciencia de que uno no se puede levantar. Y cuando llega el kinesiólogo a comenzar la rehabilitación, te pide que te sientes al borde de la cama y te levantes, ahí recién me di cuenta que no podía, ni aún apoyada de la cama. Empezamos de a poco en el hospital, todavía estaba en la UCI cuando comencé la rehabilitación, por una semana y media. Luego me bajaron a Medicina donde estuve otra semana y me ofrecieron la hospitalización domiciliaria. Aún no recibo el alta médica”, relató.

Pérdida de voz y masa muscular

El 22 de marzo de 2020 el director del Servicio de Salud Ñuble (SSÑ), Ricardo Sánchez, fue confirmado como Covid positivo cuando recién la pandemia se diseminaba por la región. Cree que en una de las tantas visitas realizadas a hospitales y cesfam para difundir los protocolos y cuidados contra el Covid contrajo el virus.

Cuatro días más tarde, por complicaciones respiratorias debió ingresar al hospital Herminda Martín, donde fue conectado a un ventilador mecánico por cerca de 20 días. En una ocasión fue desintubado pero no pudo respirar sin ayuda del ventilador, por lo que conectado nuevamente al equipo.

“Se intentó a los 10 o 12 días desintubarme, eso duró muy poco tiempo porque no respondió mi respiración, no pude respirar por si solo, por lo tanto me tuvieron que conectar nuevamente e inducirme en un coma y estar sedado. Es una experiencia que recuerdo porque cuando a uno lo desintuban uno tiene que estar despierto, porque uno tiene que hacer los esfuerzos por respirar solo y no con la ayuda de la máquina, y eso lamentablemente falló”, dijo el director de 59 años.

Del estado de coma despertó nuevamente el 17 de abril, día de su cumpleaños, y en ese instante no tenía mucha conciencia, ya que se encontraba en un estado de confusión y delirio. “Son como pesadillas normalmente catastróficas que no son reales, pero que en esa condición se siente que son reales y van despejándose a medida que uno va recobrando conciencia”, explicó.

El director del SSÑ destacó que luego de reaccionar del coma su recuperación fue rápida y estuvo tres días en Medicina y dos días más con ejercicios kinesiológicos para tratar las secuelas del Covid, como pérdida de la voz y masa corporal. Las terapias continuaron en su domicilio tras recibir el alta médica el 22 de abril.

“No hablaba nada, no tenía timbre de voz y eso se prolongó por unas tres semanas, hasta poco antes de entrar a trabajar. De hecho yo quería entrar a trabajar a las dos semanas y me dijeron que no podía porque hablaba mal, me cansaba, todo el rato me quejaba mucho. Uno está tanto tiempo acostado que bajé hasta 20 kilos en ese minuto, tuve una pérdida de peso importante, y la musculatura prácticamente se pierde, mis brazos, mis piernas y manos eran delgaditas”, precisó.

Tras un año de haber vivido la peor cara del coronavirus y que lo mantuvo al borde la muerte, hoy sigue con terapias de fonoaudiología. A su juicio, el ser una persona saludable fue un punto a favor e importante para ganarle la batalla a la enfermedad.

“Siempre he sido un hombre que salgo a correr mucho todas las mañanas y eso me ha ayudado a recuperarme, y es una de las razones por las cuales estoy vivo. Cuando mi organismo estaba fallando mi corazón siguió latiendo”, subrayó.

El encargado del SSÑ retomó sus funciones tres semanas después de ser dado de alta, tomando precauciones como no salir a terreno los primeros 15 días y evitando hablar mucho para no agudizar sus problemas de voz, y afirmó que no sintió miedo de regresar al trabajo. “Este recuerdo lo vivo día a día, uno que ha vivido esta experiencia tan traumática es difícil poder olvidarla y más todavía si trabajo con esto a diario”, mencionó.

El llamado que Ricardo Sánchez hace a los ñublensinos, especialmente a la población joven, es a cuidarse, aplicar las medidas de autocuidado para reducir las posibilidades de contagios por Covid, y no ser uno de los pacientes que a diario se debaten entre la vida y la muerte.

“Nuestros jóvenes hoy están siendo contagiados, y no leves sino graves, los promedio de edad cada día son más bajos en la UCI. Llamarlos a que respetemos las medidas de prevención que entrega la autoridad, respetemos el toque de queda, no hagamos fiestas ni juntas. Hay muchos testimonios, como el mío que pude haber dejado a mi familia por haberme contagiado, hoy el virus se está comportando de forma diferente, tenemos este famoso PIMS que está llegando a Chile y no es para crear alarma pública, pero debemos tener las medidas de seguridad que cuando hay síntomas debemos acudir al centro asistencial”, enfatizó.

“Queremos que nos ayuden porque esto lo vamos a vencer juntos, la población, los equipos de salud y sus autoridades”, añadió.

Texto: Susana Núñez – Antonieta Meleán

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