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Invención en la política

Gore

Una de las discusiones activas en nuestro mundo político es la que opone a las consideraciones políticas de los problemas sociales la necesidad de enfrentarlos más bien en términos de gestión.

La propuesta implícita de esta supuesta antinomia es suplantar escenarios poco verificables por otros más concretos y reales. Para algunos es un planteo ingenuo, que desconoce las complicaciones naturalmente asociadas a la lucha por el poder.

Y no se equivocan, pues a veces puede serlo, pero al mismo tiempo siempre será deseable la aplicación de una vocación de trabajo allí donde suele apostarse solo al discurso. Mientras el populismo propone un esquema simplista y arma una consideración de lo “bueno” popular, este otro tipo de abordaje –más moderno y más eficaz a la hora de luchar contra los problemas reales de la ciudadanía- apuesta a preguntarse cómo hacemos rendir de la mejor manera posible el Presupuesto, cómo atraemos inversiones, o qué esfuerzo colectivo sería necesario para transformar una región que aún no se gradúa en materias que son relevantes para el bienestar de quienes la habitan.

La buena noticia es que aunque todavía tímida, esta forma de encarar el trabajo político comienza a abrirse paso y no la detienen las objeciones que sugieren que el criterio de eficacia o gestión va en contra del bienestar popular. Por el contrario, lo que ha sido ya probado hasta el cansancio es que no basta con que una autoridad –elegida o designada- se diga o se muestre popular para resultar realmente útil para el bienestar de la mayoría.

Algo podría, sin embargo, ser añadido a este enfoque de la gestión, y es la noción o actitud de la invención, la intención del atrevimiento, la frescura de una mirada nueva, distinta, con más respeto por el futuro que por las prácticas políticas tradicionales.

En efecto, la política tradicional suele tener dificultades para abordar este paso imprescindible, creyendo que ser eficaz es meramente hacer las cosas bien, cuando en realidad hacerlas verdaderamente bien sería muchas veces dejar de avanzar por la vía acostumbrada y animarse a optar por una enteramente distinta.

Uno de los problemas básicos para que la invención pueda ocupar un espacio mayor en las cuestiones públicas es que existe entre todos un acuerdo básico que consiste en no darle mucho aire a una perspectiva que ponga en cuestión la descripción habitual de las cosas, pareciendo ese ejercicio de observación, osadía y pensamiento más un gasto innecesario de tiempo y recursos que una exploración valiosa. Muchas otras veces el deseo de innovar aparece desplazado por el factor urgencia o por el conservadurismo natural de aquellos que piensan que el cambio es siempre peligroso.

Que para resolver problemas “históricos” de la región de Ñuble y sus 21 comunas, y dar el salto al desarrollo hay que tomar en cuenta otras variables que no suelen ser consideradas en la escena política es una posición de pura sensatez mental que no admite muchos reparos, o que no debería admitirlos.

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