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El técnico con barrio que llegó al corazón de su plantel para llevarlo a la gloria

Mauricio Ulloa

La tarde del 7 de abril del 2019, el técnico Jaime García debutaba en la banca de Ñublense con un rotundo 4-0 en contra Wanderers, en el estadio Nelson Oyarzún de Chillán.

Había firmado por un “sueldo bajo”, con una cláusula que condicionaba su continuidad si no sumaba una cierta cantidad de puntos en cuatro partidos, y el panorama se veía oscuro.

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Tres años y siete meses más tarde, el oriundo de Cartagena, con 20 kilos menos, notoriamente más delgado, con algo de canas y ya usando lentes para leer, está festejando en la cancha del mítico recinto de la Avenida Pedro Aguirre Cerda, con nueve mil hinchas chillanejos, la clasificación de su equipo a la fase de grupos de la Copa Libertadores 2023.

Otro hito en su palmarés teñido de “Rojo”, pues tras ese aterrador estreno, logró llegar a la liguilla de la Primera B, en 2019, ser campeón de la categoría el 2020, clasificar al club a la Copa Sudamericana 2021,  y este año, de manera consecutiva, a otro torneo internacional.

Sueño cumplido

“Te mentiría si dijera que me lo propuse. Todo se fue dando con el tiempo. Mis jugadores primero debían aceptar mi idea, mi forma, adaptarse a ella. Ahora estoy viviendo algo lindo, pero no quiero ser histórico, no me interesa, quiero que me recuerden como buena persona. Estoy feliz. Alguna vez se tenían que alinear las estrellas en el universo para que llegara este momento y creo que se está viviendo un proceso lindo. Yo estoy al frente, pero siempre soñé con dirigir y que me fuera bien”, confiesa emocionado García, que se transformó con este logro, en el mejor entrenador de la historia del club.

“Es un gran momento del club, que debe seguir con humildad, abriendo sus puertas a las escuelas y colegios. Eso se crea. Por ahí va mi forma de dirigir, con paciencia, humildad, equilibrio, jamás me he agrandado y jamás lo voy a hacer. Estoy contento porque hace años que la gente no pasaba por esto. Quiero que me recuerden como Jaime García “El Bufalito””, refuerza, antes de remarcar el sello que le permitió conducir un camarín matizado con valores jóvenes y “pesos pesados”.

Al corazón

“Hay cosas especiales que vienen de la calle. Hay cosas que no me gustan, que no permito, que yo manejo entre cuatro paredes. Es fácil criticar a los técnicos cuando te fuiste, pero yo nunca hablaría de un jugador. Todo eso se maneja en el camarín. Dejo que la embarren en la cancha porque les pido que se diviertan y nunca los voy a reprochar porque se matan por mí en la cancha. Es difícil tenerlos felices a todos en el camarín, pero no tengo nombres, tengo hombres y todos sacaron la tarea adelante. Me estoy preparando para enfrentar quizá un nuevo desafío y lo estoy haciendo de la mejor forma”, declara.

“Aplico una mixtura. Ocupo de todo. Para entender al jugador, debes ponerte en su lugar siempre. No con todos vas a llegar al fondo. La tecnología en el fútbol me gusta, está al servicio de los jugadores para que crezcan en un resultado físico. Por ejemplo, el GPS te marca muchos datos físicos, pero ojo, no mide cómo está el jugador en la parte mental, emocional. A mí me interesa mucho más llegar al corazón del jugador. Después el GPS te marcará 15, 20 km. pero desde la cabeza si no estás bien, quizás no vas a dar un pase bien, no tendrás la velocidad deseada. Y si yo tengo presionado al jugador, no podrá rendir. Es un poco de calle y de lo que aprendí en el INAF. De saber cuándo el jugador es pícaro, saber lo que buscan, porque siempre te pesan. Para ser técnico, en mi estilo, debes perdonar mucho, porque el jugador se equivoca mucho como yo y como todos, tienes que tener equilibrio para perdonar, para dirigir en conflicto, si no sabes perdonar, ni dirigir en conflicto, tranquilizar situaciones, es complicado”, detalla, cuando abre su “librito”.

“Hasta Ancelotti ha dicho que uno tiene herramientas para mejorar en lo táctico, pero es super importante saber cuándo el jugador está triste, enojado, saber cuándo se puede llamarle la atención y cuándo no. Son 25 caracteres distintos. Yo manejo mi camarín a puertas cerradas. Un grito, un palmetazo y un abrazo, o un a freir monos, pero todo entre cuatro paredes”, insiste.

He madurado”

García también cree que la coronación de este proceso de cuatro años, dio paso a su maduración como entrenador.

“Yo creo que he madurado. He crecido en tranquilidad. Antes era más arrebatado. He ganado en madurez y en lo profesional, debo seguir mejorando para dar un salto. Antes era más disperso, llegaba y hacía las cosas. Agradezco a los jugadores que me han posicionado. Soy un agradecido de ellos porque siempre metieron, lo dejaron todo. Esa mixtura entre jóvenes y grandes dio resultado. Entendieron mi desorden ordenado. Ellos se sintieron cómodos, nunca los presioné, les dije que se divirtieran”, destaca el entrenador que vinculó el club con la comunidad a través de diversas obras sociales y que de cara al 2023, proyecta su sueño.

“Yo los sueños trato de compartirlos, pero ser mesurado. Llegué sin ser conocido, por eso lo mínimo es dejar algo como persona, cuando tenga que partir. He ido madurando con el club. Terminó mi contrato y veremos qué pasa. Estoy preparado para dirigir en cualquier club, obviamente que primero está la opción de Ñublense. Me estoy preparando para dirigir donde sea. Puedo dirigir en Tercera, Primera o en el extranjero. Me gustaría seguir, pero debe ser mutuo ese interés. Siempre seré agradecido del club que me paró la olla cuatro años”, sentencia el entrenador que instaló a Ñublense en la fase de grupo de la Copa Libertadores, por primera vez en su historia y se metió para siempre en el corazón de los hinchas por su profundo sello social y humano.

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