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Una identidad marcada por la resiliencia, el agro y por sus personajes

Cristian Cáceres

Son 442 años de historias y vivencias marcadas por el infortunio a causa de la naturaleza, el heroísmo y virtuosismo de sus históricos personajes, los deseos de superación de su gente de campo y su vocación de ser el punto neurálgico de la ahora región de Ñuble, las que se han escrito en tierras chillanejas.

En sus casi cuatro siglos y medio de vida, Chillán no solo ha sufrido cambios importantes en cuanto a su infraestructura y diseño, sobre todo por la necesidad que hubo de refundar la ciudad hasta en cuatro oportunidades, sino que también se ha visto transformado su carácter y lo que piensa y siente de su tierra, el nacido o criado toda su vida en esta parte del país.

Diversos estudiosos(as) y profesionales conocedores de la realidad local, afirman que la identidad de los hijos(as) de la capital ñublensina se construyó en base a un cúmulo de factores asociados a momentos críticos, como conflictos y terremotos que destruyeron la ciudad y que obligaron a buscar nuevos emplazamientos para establecerla y construirla desde cero; circunstanciales, con el nacimiento y/o paso por la comuna de importantes figuras de la historia chilena; y los que responden al trabajo de su gente, como la arraigada actividad agrícola de su población campesina, esa que antaño ofrecía su producción a gran parte de Chile.

Si bien algunos expertos enfatizan y defienden con más énfasis unas posturas por sobre otras, coinciden en definir al chillanejo como un ser resiliente; orgulloso de lo fértil de su tierra por regalar al país inolvidables héroes y personajes de la cultura, las artes y además amante del campo.

Fuerza de vivir

Al momento de pensar lo que es y significa la identidad chillaneja, el historiador Alejandro Witker hace alusión a la obra de Reinaldo Muñoz Olave, intelectual del siglo XIX que investigó las peripecias que tuvo que afrontar la población local a causa de los fenómenos naturales que la azotaron y los incidentes que trajo consigo el levantamiento indígina de mediados del siglo XVII.

“No hay ciudad en Chile que haya tenido una vida más accidentada que ésta de Chillán. Parece que al nacer ella, alguien hubiera grabado en su frente estas palabras: «lucha, trabaja, camina», como un vaticino de que sus hijos habían de forjar sus almas en el sufrimiento y en la batalla, y de que ella misma había de peregrinar perpetuamente, abandonando en cada siglo el sitio en que la establecieron, y buscando de antemano el solar que se establecería en el siglo siguiente”, escribió el año 1919 el también obispo, como texto introductorio de su libro “Chillán: sus fundaciones y destrucciones 1580-1835” lo que a entender de Alejandro Witker, refleja cómo se fue formando el carácter luchador del ciudadano local.

El historiador se alinea con la mirada reflexiva que en su momento hizo Muñoz Olave sobre lo que tuvo que afrontar el chillanejo(a) y comenta que el solo hecho de querer vivir, fue y ha sido motor importante para su trascendencia.

“Reinaldo Muñoz Olave, que escribió sobre el tema, dice que es raro que exista una ciudad que haya sufrido más que ésta en su historia. Entonces yo diría que si hay una identidad chillaneja, esta viene de la voluntad de ser, de no dejarse derrotar, de reconstruirse de nuevo y seguir adelante”, opina quien es considerado pionero en la difusión de la historia local de las regiones de Ñuble y Biobío.

Witker asegura que esta situación ha permitido que crezca y persista un sentido de pertenencia muy fuerte en la población, entendido por la satisfacción creciente y permanente de ver que lo que se ha logrado, ha sido hecho por todos y entre todos.

Igualmente relevante fue el nacimiento de próceres, escritores y artistas que, a juicio del historiador, le dio un agregado de orgullo al chillanejo(a) observar el aporte realizado al país y el mundo por parte de los hijos(as) ilustres nacidos en este territorio.

“Eso hace que esta ciudad tenga un sentimiento, un patriotismo de ciudad muy fuerte. Es probablemente una de las ciudades con más sentido histórico en todo el país, yo creo que solo comparable con los chilotes que, por otras razones, también tienen un gran sentido de pertenencia”, recalca.

Alejandro Witker precisa que para mantener este amor propio que tiene el poblador de la zona por el hecho de compartir el lugar de nacimiento con héroes y artistas, es necesario el fortalecimiento de políticas públicas locales orientadas al turismo y la cultura, como ya se viene haciendo con el Teatro Municipal, la Escuela Artística y el Centro Cultural Municipal.

Arquitectura identitaria

El arquitecto José Luis Gacitúa afirma que la infraestructura reinante en las calles de la capital regional, cuenta una historia reciente marcada por el gran terremoto del 24 de enero de 1939.

Para el profesional, este hito catastrófico logró la unificación de esfuerzos orientados a levantar nuevamente la ciudad, lo que permitió la definición de un estilo constructivo moderno claramente identificable y ejecutado por profesionales chilenos, que habla de lo exitoso que puede llegar a ser un trabajo coordinado y con un claro objetivo; reconstruir Chillán.

“El terremoto tiene una causa y efecto en la arquitectura. Es uno de los ejemplos más interesantes y dignos de analizar para bien o para mal en la actualidad, de cómo una ciudad debe pensarse por completo después de 1939 y de la capacidad que tenemos como país y como sociedad de replantearla como ciudad y verla como una oportunidad con miras a futuro; eso es lo que yo digo lo que significa Chillán y su concepto urbanístico y arquitectónico que conocemos hoy”, comenta.

De lo planteado por Gacitúa se advierte que la última gran reconstrucción, con el gran desafío que significó hacerla realidad, no solo dejó un legado arquitectónico invaluable y querido por propios y extraños, sino que también aportó al enriquecimiento de la identidad chillaneja, al demostrar que lo conseguido se hizo con esfuerzo y unión, tal y como antes lo destacaba Alejandro Witker.

De hecho, José Luis Gacitúa opina que si bien Chillán carece de una zona geográfica tan particular y arraigada que le dé sentido a su identidad desde la arquitectura (como Valparaíso, Chiloé o Valdivia), el diseño moderno de sus edificaciones es su sello y carta de presentación.

No obstante, el profesional puntualiza que en las últimas ocho décadas la comuna ha ido dejando en el pasado aquel carácter rural distintivo que en alguna oportunidad tuvieron sus construcciones, todo a causa de la ejecución de proyectos relacionados especialmente al crecimiento demográfico.

José Luis Gacitúa enfatiza en la necesidad de que la identidad chillaneja, asociada al orgullo por sus monumentos nacionales como la Catedral y por sus emblemáticos edificios como el que acoge a la Gobernación Regional, también se construya en base a planes urbanísticos con perspectiva de género y con el norte de que la ciudad es para el peatón y no para los vehículos.

Identidad agrícola

A juicio del Director de Desarrollo Económico y Productivo (Didepro) de la Municipalidad de Chillán, Renato Segura, la estratégica ubicación de la comuna en medio de la precordillera, hizo que sus habitantes crearán un sentimiento especial por el campo y la ruralidad e igualmente supieron aprovechar las bondades que le ofrecía la fértil tierra en donde se asienta.

El funcionario edil aclara que Chillán siempre ha tenido una arraigada identidad agrícola, la cual da cuenta de la vocación histórica en la producción de alimentos que supo explotar en su momento y que incluso la llevó a ser reconocida como el granero de Chile.

En ese sentido, menciona que fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX con el cultivo de cereales, que la comuna despegó notablemente en la actividad, emergiendo como centro de intercambio entre los productores y sus mercados de consumo en el país y en el extranjero a través del puerto de Talcahuano, lo que también impulsó su crecimiento urbano.

“Partió siendo el granero del desarrollo de la zona sur de Chile, pero en la medida que la agricultura fue degradando el suelo, Chillán empezó a perder su hegemonía y nunca más se recuperó desde el punto de vista de la generación de actividad económica y la agricultura de Chillán quedó relegada”, señala el ingeniero civil.

Segura destaca que este carácter vinculado al campo y al agro, se ha ido perdiendo con el paso del tiempo debido a la aparición de nuevas zonas del país con alto potencial de tierras cultivables, a la migración campo ciudad, la reconversión en el uso de las tierras haciéndolas urbanas, expansión demográfica, entre otras.

Pese a que la ciudad ha perdido protagonismo en la producción agrícola en los últimos años, el director de Didepro está convencido que el chillanejo(a) recuperará su identidad agrícola perdida, más aún, argumenta, sabiéndose que al menos el 30% de la población de la comuna vive en el campo.

“Chillán ha perdido su identidad agrícola porque se asocia esta actividad con pobreza, ahí hay una deuda que tiene la política pública del Estado de Chile de no colocar en su justo valor el campo o las hectáreas cultivables que tiene la región. Pero si me preguntan cuál es su futuro, diría que va a ser una ciudad de servicios y la capital de la actividad agroalimentaria del país. Yo creo que todo apunta a eso porque estratégicamente tiene la capacidad para poder exportar alimentos al resto del mundo, tiene vía directa a los puertos del Biobío, está muy cerca a la zona de Argentina y tiene vecinos que pueden contribuir a este tipo de actividad”, manifiesta.

Esto último será posible, sostiene Renato Segura, dada la actual coyuntura de crisis alimentaria que vive el mundo y que ha puesto sobre el tapete la necesidad de rescatar la ruralidad del país y ahí la capital regional de Ñuble tendría ventajas comparativas y competitivas gigantescas.

“Yo creo que con el tiempo muchas de las zonas periféricas van a estar alimentando a los territorios urbanos, va a haber una estrategia de desarrollo agroalimentario que le dará una identidad fuerte a Chillán”, reitera.

Héroes y artistas

Bernardo O’Higgins, Arturo Merino Benítez, Marta Colvin, Claudio Arrau, Marta Brunet y Arturo Pacheco Altamirano, son solo algunos de los personajes más reconocidos en el país y el mundo, que nacieron en Chillán.

La impronta de este grupo de hijos(as) ilustres es constante motivo de especial orgullo de parte de autoridades y ciudadanos de a pie, quienes de manera recurrente sacan a relucir los logros alcanzados por sus coterráneos y el invalorable aporte que realizaron para el desarrollo del Estado de Chile, en la aeronáutica, la música, la cultura y el arte.

Para la experta en márketing político, Paulina Pinchart, la identidad de marca chillaneja está asociada directamente con todas las figuras históricas que han nacido y crecido en la comuna, pero también con aquellas que por diversos motivos han sido residentes de esta tierra y que en su paso dejaron una huella imborrable.

La académica detalla que si bien a lo largo del tiempo se ha sabido defender y ofrecer al país la idea objetiva de que la comuna es cuna de héroes y artistas, asegura que aún cabe la posibilidad de que sea mejor utilizada y por consiguiente, se refuerce el concepto mismo.

“Chillán tiene una identidad de marca que lo relaciona con la historia de Chile, con grandes personajes del país y a eso yo creo que se le puede sacar más lustre; se le ha sacado provecho, pero se le puede sacar aún más. Ha sido la cuna de grandes próceres y a eso se le puede explotar mucho más creando un cluster del turismo de lo que es la historia chilena en la región de Ñuble y en la capital”, recalca.

Paulina Pinchart coincide con Alejandro Witker y Renato Segura, de que la agricultura es un timbre distintivo en la comuna, toda vez que esta actividad está intrínsecamente asociada con su nacimiento, desarrollo y ha trascendido de generación en generación.

“La cultura de Chillán viene desde el agro, de la gente campesina; no viene de lo que hay hoy en día. Lo que hoy se ve y se está haciendo, va a ser historia y cultura en 60 años más”, precisa.

La profesional comenta que para reforzar una identidad de marca no solo bastan políticas públicas, sino también mayores alianzas a nivel de gobiernos regionales y casas de estudios, para hacer proyectos que resalten la particularidad de la ciudad y la pongan en valor como un todo.

Texto: Jorge Chávez

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