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Así será el futuro Chillán según los sueños de tres generaciones

Tal vez, si una esquina, en un paradero o en la misma banca de una plaza coincidieran una joven estudiante del Colegio Alemán, de 17 años y vestida con buzo deportivo ajustado; con una mujer de 30, ex alumna del Insuco, con piercings y y un par de libros en las manos; y un hombre de 94 años vestido con traje y corbata, quizás ninguno de ellos tres pudieran imaginar que hay mucho en común como para desarrollar una conversación que los lleve más allá del clima, el alza del dólar o la delincuencia.

Si se ahondara más en sus vidas sería muy fácil chocar, quizás, con otras “diferencias”. Sin embargo, son tres chillanejos y eso ya los hace diferentes al resto.

Siete preguntas bastaron para constatar sin una sombra de dudas que no son sino tres notas de un acorde perfecto, tres personas que viven armónicamente en el Chillán del futuro.

LA DISCUSIÓN, paseó de la mano con ellos por su infancia y a partir de esa plataforma, se abrieron las puertas al futuro que sueñan para la ciudad. Esa ciudad en la que don Fernando Concha Poblete, bombero honorario, exservidor público y director del Colegio Padre Hurtado; Karin Cárdenas Leal, encargada de la Unidad de Patrimonio de la Municipalidad de Chillán; y la campeona sudamericana del lanzamiento del disco, Rafaela Gonzalez Ruiz convergen en una mismo canto armonizado a tres voces.

Saber quienes somos para entender qué necesitamos, parece ser la clave.

Don Fernando, el testigo

-¿Cómo fue su relación con la ciudad, de niño?

-Yo viví mi infancia en un Chillán muy del siglo pasado. Tuve familiares que participaron de la Guerra del Pacífico, algunos incluso en la batalla de Tacna. Y eso era común en muchos niños de mi edad, entonces había un patriotismo, un amor al país y a la ciudad, enormes. Luego de adolescentes, vivimos con ese miedo que significó la Segunda Guerra Mundial y que nos dejó con muchísimas carencias. En Chillán faltaba de todo y eso generó mucho atraso.

¿Qué había para hacer en esos años?

– Poco. Era una ciudad muy pobre, casi todo giraba en torno a lo agrícola. Recuerdo que la cesantía era enorme, Sí había empleo en el área de servicios, la agricultura, en dos curtiembres y pare de contar. La pobreza en esos años era cruel, las municipalidades eran todas muy pobres y casi no había ayudas sociales. Luego vi la construcción de los edificios del centro, en la plaza, como la Gobernación y vi cuando hicieron la Catedral. Ni hablar de lo cultural, porque las universidades llegaron pero mucho después.

¿Cuando empezó a crecer Chillán?

-El despertar de Chillán empezó por ahí por los años 50. Ingresé a la política y ya 1992 fui concejal hasta el 2000, lo que me permitió conocer a fondo en el progreso y las necesidades de la ciudad. He sido bombero por 73 años y eso me permitió conocer aún más realidades y además, si no me equivoco, soy quizás el socio más antiguo que tiene Ñublense (el número 142) un club al que vi crecer.

-¿Cómo cree que debe ser el crecimiento de la ciudad a futuro?

– Hoy que Chillán es capital regional, tiene más peso, tiene más recursos, entonces si las autoridades se enfocan en lo que deben, imagino un Chillán con muchos adelantos, con un crecimiento habitacional responsable y armónico, bien equipado, pero para eso hay que motivar la llegada de empresas e industrias, hay que crear incentivos y atractivos para que quieran invertir acá.

-¿Cómo se puede llegar a eso?

– Después del terremoto del 39 se construyó mucha vivienda de emergencia, pero que se fueron quedando hasta hoy y en esos tiempos los incendios eran enormes. Eso tiene que mejorar, con un buen Plan Regulador. Quisiera que se planificara desde lo armónico, porque si no, eso no se podrá corregir más. Debe haber más áreas verdes, mejorar y equipar los espacios públicos conservando nuestro patrimonio ya que son el legado de nuestra historia.

-¿Pero sólo basta con planificación?

-Acá no hay fórmulas mágicas porque el progreso siempre se fundamenta en lo mismo, es decir, en la capacidad económica y en el empuje de sus habitantes. Después de 10 ó 20 años tenemos que aprender a tomar buenas decisiones, porque además seguirá llegando más gente porque tenemos un enorme potencial como ciudad amigable, incluso extranjero, lo que me gusta siempre y cuando vengan a aportar. Espero alcanzar a ver una ciudad limpia, cómoda y con muchas opciones para sus habitantes, creo que con inteligencia y buen criterio, se puede.

Mauricio Ulloa

Karin, la heredera del patrimonio

-¿La ciudad fue importante en tu infancia?

-Mi relación con Chillán nace a partir de un enlace entre lo rural y lo urbano, porque de chica vivía camino a San Carlos, entonces mi experiencia con la ciudad era eso, un transitar entre ambas realidades. Pero estudié en la Escuela México y luego en el Instituto Superior de Comercio (Insuco).

– ¿Le tomabas el peso a los murales de Siqueiros y a la escuela como hito urbanístico?

-Si bien no era consciente, de niña, de lo que era la Escuela México desde lo patrimonial, sí lo viví desde el habitar, lo mismo con toda la ciudad que tiene esa herencia del trazado de 1835 y esos vestigios de la cuarta fundación, afortunadamente se mantuvieron a pesar del terremoto del 39, por lo tanto el ciudadano común puede experimentar esos valores urbanos que ya cumplen 200 años, como el trazado de las cuatro avenida, las cinco plazas y los edificios públicos.

– ¿Esta estructura nos permitiría aspirar a una ciudad moderna?

-Para mí el futuro Chillán tiene que mantener estas estructuras pero adaptarlas a los escenarios nuevos. Eso es posible siempre cuando existan los instrumentos de planificación como el Plan Regulador, la delimitación de zonas típicas y otras herramientas que permitan satisfacer las necesidades de la gente en un futuro basada en la identidad existente, ya que eso es calidad de vida.

¿Cuál es la clave para conseguirlo?

-Más que inventar la rueda, la clave es aprender a integrar los valores que ya existen, por ejemplo, hay que tener la habilidad de incorporar los proyectos urbanos a esta preexistencia, es decir, crear de manera armónica más ciclovías, reformular algunas calles, mejorar los espacios públicos. La ciudad se planificó en el 35, se reformuló el 39 y el diseño es bueno, por lo tanto hay que potenciar sus cualidades.

-¿No es quimérico pensar en esa “ciudad para todos”?

-Siempre habrá críticas, pero si seguimos siendo capaces a futuro de vivir en una ciudad que nos permite ir a almorzar a nuestras casas en horario de colación y que todo siga siendo a escala humana, eso ya nos está mostrando qué es lo que debemos proteger y potenciar a futuro. Creo que los tacos dan cuenta de una molestia que se genera porque el chillanejo no se quiere acostumbrar a una realidad diferente, todavía quiere una ciudad en la que pueda llegar a todos lados rápido.

¿Una planificación correcta puede garantizar eso por sí misma?

-Sí, una adecuada planificación urbana permite la integración y la coexistencia armónica de las personas. Acá hablamos de un equipamiento público diverso que involucre lo cultural, lo educacional, como buenos espacios de áreas verdes, pero que estén integrados en un mismo eje con áreas habitacionales, ya sea de viviendas sociales o de diversas categorías y no zonificada por sectores.

-¿Dónde detectas los mayores riesgos?

-Sin un plan regulador, podríamos terminar siendo un nuevo Concepción, con un crecimiento inmobiliario que no está acorde a lo planificado, dándonos cuenta que la casa nos quedó chica. Pero si se generan estas herramientas y pensamos en un crecimiento responsable y armónico, podemos llegar a tener una ciudad que nos genera una muy buena calidad de vida, un Chillán integrador para que pueda ser vivida inclusivamente, desde los niños peatones a los adultos mayores y todos conscientes de nuestra identidad.

Rafaela, la nueva voz

-Qué te dejó la ciudad como niña?

-Cuando era chica me gustaba mucho ir a la plaza con mis tatas, tomábamos helados, le dábamos comida a las palomas y todo eso. Me hacía sentir libre. Luego nos íbamos al Mall a jugar al Happyland para terminar el panorama en el McDonald, me encantaba ese panorama.

Pero ahora que he ido creciendo me doy cuenta que faltaban más opciones, más parques, más lugares para salir, hacer cosas y conocer más gente. Imagínate que el otro día fui a la plaza y me encontré con un grupo de músicos que estaban haciendo una tuna y justo había hartos tatas que estaban felices con la tuna. Cantaban con sus nietos, algunos de tres años, y realmente estaban gozando, era conmovedor ver a los tatas tan felices, casi volviendo a su infancia.

-¿Cómo encajar lo tradicional con el futuro de una sociedad en una misma Chillán?

-Muchas veces la gente piensa en cómo tiene que ser la ciudad a futuro y lo que en el fondo buscan es que sea como esas ciudades más grandes y desarrolladas, pero si te fijas, hay muchísimas personas que se fueron a vivir a esas ciudades grandes, pero terminaron volviendo a Chillán con la esperanza de encontrar todavía esa ciudad pequeña pero cómoda y limpia que había antes. Entonces yo creo que por ahí va el futuro, no sé si más moderno, pero sí más cómodo, con más espacios para que la gente haga actividades y que se conozcan, que compartan, que puedan conversar con personas que no conocían.

-¿Cómo ves el Chillán del futuro?

-Me gustaría ver espacios adaptados para estos encuentros de familias, con distintos enfoques, artísticos, deportivos, culturales e incluso solidarios. Todo eso sirve para que podamos conocernos. En el deporte, he conocido a personas que vienen de otros lugares, de otras realidades y ha sido muy enriquecedor porque te das cuentas que la vida no tiene un solo camino o una sola forma de ser vivida, hay muchas más, todas valiosas y todas válidas.

-¿Cómo es, desde lo estructural, una ciudad solidaria?

– Cuando hablo solidaridad, me refiero a estar presentes, a compartir, enseñar, ayudar a otras personas y no sólo a ir a dejar, por ejemplo, alimentos no perecibles, sino que convivir con otras personas. Quiero ver una ciudad unida, porque Chillán es chica y debemos ser naturalmente solidarios. Esto lo logra si tienes más actividades, más parques, más centros de recreación. En Rosario (Argentina) está lleno de museos, centros culturales y ellos están súper orgullosos de quienes son, tienen la camiseta súper puesta, sobre todo ahora que tienen a Lio Messi. Pero si lo piensas Chillán tiene tanta historia, tanto para mostrar al mundo que si conseguimos que una ciudad nos conecte con eso, le vamos a tener mucho más cariño, la vamos a cuidar más.

-¿Cómo puede una ciudad hacer mejores ciudadanos?

Hay que partir por conocerse, no alienarse en un grupo social, en un sector de la ciudad, en un colegio. Tenemos que acompañarnos en los espacios públicos, en la locomoción colectiva y en el fondo eso es lo que te va a dar esa representatividad. Si hay mejores ciclovías los niños podrían volver a la calle; si hay más parques, los tatas volverán a salir; si hay aire limpio, los deportistas saldrán a la calle y así es como nos podremos conocer y camisetearnos con Chillán, con Ñublense, con nuestros artistas, con los deportistas. Créeme, sé lo que es estar siempre dentro del cascarón y no se pasa bien, no se pasa bien pensando que afuera no es seguro, pero cuando ves que sí hay oportunidad y la tomas, las cosas se empiezan a arreglar. Me ha ido bien en el deporte y creo que es hora de poder entregarle esta experiencia a la gente de mi edad y a los más jóvenes. Chillán puede ser esa ciudad soñada, pero tenemos que conocernos, querernos, trabajar juntos y para eso necesitamos una ciudad que nos entregue la seguridad, los espacios y las actividades adecuadas.

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