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El mural y el Alcalde

En el salón del concejo municipal de Chillán, vive como un fantasma en la muralla que separa el salón de reuniones con el gabinete del Alcalde, uno de los trabajos pictóricos más importantes del siglo pasado, según lo califican los especialistas. Se trata del mural pintado por Julio Escámez. “De principio a fin”, es el nombre de esta notable obra, borrada primero y luego destruida por los militares, recién materializado el golpe militar en Chile.

No contentos con ello colocaron un entrepiso que partió por dos el salón de doble altura, la misma del mural, que terminó con cualquier posibilidad de restaurarlo.

Fue inaugurado en 1972 con la presencia del Presidente Salvador Allende y el alcalde de la época, Ricardo Lagos Reyes. También estaban presentes el regidor Isidoro Tohá y el Canciller Clodomiro Almeyda, entre otros, todos en una memorable ceremonia a los pies de la obra destruida más tarde por la barbarie, pues supuestamente contenía mensajes “subversivos”.

Pero el mural de Escamez no fue la única víctima del golpe militar. El Alcalde de Chillán, Ricardo Lagos Reyes, militante socialista, reposado y dialogante en el convulsionado momento histórico de Chile, el 16 de septiembre de 1973 fue brutalmente asesinado junto a su familia, a plena luz del día en su domicilio. Su mujer embarazada y uno de sus hijos cayeron junto a él acribillados por las balas asesinas. Su otro hijo, Ricardo Lagos Salinas, único sobreviviente de la masacre, pues ese día no estaba en el lugar, fue detenido en 1975 y hecho desaparecer.

Cuesta entender tanta violencia, tanto ensañamiento con una familia que legítimamente soñaba con un mundo mejor.

Fue la misma barbarie la que destruyó un mural que hablaba en un lenguaje supra realista, del trabajo y de los trabajadores. El mural mostraba -de manera premonitoria- cómo estos, al igual que el Alcalde, caían bajo las balas de sus opresores, a quienes enfrentaban con sus manos limpias.

Cuando la memoria histórica se resiste a batirse en retirada, nuestra conciencia nos interroga de manera acuciante: qué hemos hecho por preservar la memoria de un hecho tan trágico y brutal en lo humano y tan violento en lo cultural.

Imagino que el Alcalde Ricardo Lagos Reyes, vive en algún rincón del salón, entre los restos del mural “De principio a fin”, pintado por Escamez. Tal vez cada noche, cuando los usuarios del salón se retiran y reina el silencio, desde el fondo se desprende la figura del Alcalde asesinado para recorrer y escarbar por cada rincón del lugar, preguntándose una y otra vez el porqué de la indiferencia oficial, sorprendido por ser junto al mural destruido, victimas del mismo olvido.

El mural y el Alcalde parecen ser hermanos del mismo destino, el salón municipal los une y hermana, y sobre cada uno de nosotros pesa la responsabilidad de rescatar la memoria y prevenir que en el futuro, nunca más, los chillanejos y los chilenos sean víctimas de semejantes atrocidades.

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