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La historia de plebiscitos constitucionales en Ñuble según historiadores locales

Archivo LD

El año 1925, cuando el Presidente Arturo Alessandri Palma, convocó a un plebiscito para aprobar una nueva Constitución que cambiaría el régimen parlamentarista que estaba vigente desde la Revolución de 1991, en Ñuble no estaban dadas las condiciones para que la población votara.

En esa época, destacan historiadores locales, existía el llamado sufragio censitario que básicamente establecía una serie de limitaciones para que la comunidad acudiera a las urnas, de tal manera que solamente participaron los hombres mayores de 21 años y que supieran leer y escribir.

Al final del día y de acuerdo a información oficia publicada por La Discusión, en su edición del 2 de septiembre de ese año, se recibieron los sufragios de 4.244 personas de Chillán, Chillán Viejo, Coihueco, Pinto y Niblinto, San Carlos, Bulnes y Yungay.

Aún así, el resultado, para la época pareció ser satisfactorio y en las páginas del matutino se destaca un “notable mejoramiento del espíritu cívico de nuestro pueblo, el que a pesar de que no ha existido en esta oportunidad el ardor propio de las contiendas electorales para designar de sus representantes, ha ido a sufragar únicamente por el deseo de darle al país una Constitución buena o defectuosa, según el concepto de unos u otros, pero en todo caso necesaria para hacerla salir de la triste situación porque atraviesa en los momentos actuales”.

Sobre el particular, el historiador Marco Aurelio Reyes Coca, rescata en este comentario escrito hace 95 años y que considera notable, algunas coincidencias con el actual proceso donde cambian los actores, pero que pone en evidencia, tras crisis sociales y políticas, la necesidad de generar un cambio de timón al país.

Para el académico, aquel sufragio nacional ocurrido hace casi una centuria, no fue del todo universal, pues las mujeres aún no habían conseguido obtener el derecho a voto, a lo que se suma que el analfabetismo era muy elevado.

Adicionalmente, gran parte de la población en el caso de Ñuble vivía en los campos, carecía de estudios, lo que los inhabilitaba para ejercer su deber cívico, a lo que se sumaba que los patrones tampoco estaban muy interesados en tener una masa de obreros o campesinos ilustrados capaces de interesarse por la política.

En Ñuble, la prensa de entonces mostraba las virtudes de la “cifra repartidora, ideada por el profesor de la Universidad de Gante Víctor D”Hont”. Además, se destacaba en el acontecer local las gestiones en Chillán y Santiago para instalar la Corte de Apelaciones.

La Constitución de 1925, que reinstaló el Presidencialismo, destaca el historiador Fernando Arriagada, fue producto de una crisis institucional: “Había una crisis porque la Constitución antigua de 1833, fue en la práctica sobrepasada por el tiempo; las constituciones tienen que responder a las necesidades del presente y del futuro. La de 1833 había sufrido muchas modificaciones y la de 1925 luego sufrió tantas que al final terminó liquidada por la Junta de Gobierno que dio un Golpe de Estado y transformó a Chile en una Dictadura”.

Para Arriagada, la Carta Magna de 1925 “termina con el llamado parlamentarismo. Eso es fundamental porque el Congreso era el que gobernaba a partir de la revolución de 1991; el Congreso tenía un enorme poder y la constitución de 1925 le da un equilibrio a los poderes”.

Otro punto relevante, destaca Arriagada, es que el cambio propugnado por Arturo Alessandri Palma, “procede también a separar la Iglesia Católica Apostólica del Estado de Chile y a partir de ese momento Chile se transforma en un Estado Laico y la Iglesia Católica pasa a ser una religión más, que en ese momento era la más importante”.

Arriagada, destaca que Chillán a comienzos del siglo XX, “apenas tenía unos 35.000 habitantes, era muy pueblerina, capital de una provincia agrícola con graves problemas de producción. El plebiscito de Alessandri, se ganó entre los pocos que pudieron votar, en ese tiempo era un voto censitario, para mayores de 21 años que supieran leer y escribir y con un país que tenía tan alto número de analfabetos era muy difícil votar“.

El Plebiscito constitucional de 1925, vino a dar respuesta a un estallido social y crisis política, y estuvo marcado por el famoso “Ruido de Sables” cuando irrumpieron los militares al Congreso para exigir que aprobaran una serie de leyes sociales que eran parte de la Agenda de Arturo Alesandri, pero que eran resistidas por el Congreso.

El historiador regional Marcial Pedrero Leal, indica que durante este domingo, “los chilenos viviremos un acontecimiento de validez histórica trascendental porque, una vez más participaremos en una consulta popular referida a la aprobación o rechazo de elaborar una nueva Constitución a diferencia de las leyes máximas de 1925 y 1980, cuyos gobiernos presentaron a la nación la Constitución redactada”.

Este mecanismo democrático, que permite a la población ejercer su voluntad frente a alguna disposición estatal, plantea, “es el concepto de plebiscito procedente del vocablo latino plebiscitum equivalente a “consulta a la plebs (plebe), el bajo pueblo establecida por los patricios gobernantes”.

En nuestro país, recuerda, el primer plebiscito se llevó a cabo para aprobar o rechazar el ensayo constitucional de 1812, más tarde lo aplicó Bernardo O”Higgins con motivo de dictar la primera Constitución chilena, la de 1818, publicando bandos explicativos acerca de esta Ley máxima, disponiendo dos cuadernos de consulta a los ciudadanos “principales” en las grandes ciudades de la época para solicitar aprobación o rechazo. De acuerdo a los documentos de la época, nadie firmó el cuaderno de rechazo.

Pedrero Leal, subraya que durante los siglos XIX yXX, tres Cartas Magnas han regido los destinos de esta nación. La primera, dictada en 1833 por la aristocracia autoritaria rigió nuestros destinos hasta el año 1925, año de la promulgación de una Constitución que produjo radicales cambios en el funcionamiento del Estado de Chile y la de 1980 vigente hoy.

“Las Constituciones de 1925 y 1980 nacieron tras golpe militar. La primera, por descontento del Ejército, y posterior democracia en el gobierno de Alessandri y la segunda en régimen autoritario”, resalta el historiador.

“La Constitución de 1925 promulgada por el controvertido presidente de la República Arturo Alessandri, tras un corto exilio voluntario en Roma debido a las crisis políticas y a las presiones de las Fuerzas Armadas que tomaron el poder a fines de 1924 formando sendas juntas militares encabezadas por los generales Luis Altamirano y Pedro Pablo Dartnell respectivamente y el golpe militar de enero de 1925 por oficiales de la guarnición de Santiago quienes instalan una Junta de Gobierno presidida por el civil Emilio Bello Codesido, la cual llama al presidente invitándolo a recuperar el poder”, acota.

Alessandri regresó a Santiago el 20 de marzo y una de las acciones que ejecutó fue, nominar una comisión redactora de la nueva Constitución, la cual quedó conformada por los lideres de los partidos políticos, organizaciones sociales y del ejército. Una vez redactada, en agosto de 1925, sometió el proyecto de dicha Ley Máxima a plebiscito, pero inevitablemente, surgieron dos bandos, los adeptos al presidente y la oposición, partidaria del parlamentarismo, los radicales y conservadores que obtuvieron éxito al ejercer su influencia ciudadana llamando a la abstención.

En estas circunstancias, “el plebiscito fue ejecutado el día 30 de agosto participando sólo varones y el 42,2% de los electores obtuvo la aprobación, rechazó sólo el 1,50% y la mayoría, con un 55,1 % se abstuvo. Pese al bajo índice de aprobación, la nueva Constitución fue promulgada con fecha 18 de septiembre y se caracterizó por tres tópicos esenciales: la ruptura del Estado respecto a su centenaria interrelación con la Iglesia; suprime el sistema parlamentario regido tras la Revolución de 1891 e instituye el régimen presidencial con fuertes atribuciones del Jefe de Estado”.

Presiones y dudas sobre transparencia 

Marcial Pedrero, remarcó que “la Constitución de 1980 que nos rige en la actualidad fue dictada por el gobierno cívico-militar tras el Golpe militar del 11 de septiembre de 1973 y reemplazó a las Actas constitucionales dictadas en 1976. En esta ley máxima también se sometió a la ciudadanía a decidir en un plebiscito si se aprobaba o rechazaba dicho texto constitucional. Este proceso tuvo otro cariz a diferencia del plebiscito de 1925, pues, hubo un mayor universo de electores, agregándose las mujeres, todos los cuales cumplían los requisitos para ejercer aquel derecho. De acuerdo a mi experiencia personal, en Ñuble y a las informaciones de entonces, este proceso no fue democrático ni transparente tras la convocación para el plebiscito, porque en todo el país se inició una fuerte presión por parte del gobierno militar y dependencias ministeriales y autoridades afines que obligaban a los funcionarios, incluso, haciendo circular listas para firmas favorables so pena de perder el trabajo a votar favorablemente”.

El académico Marco Aurelio Reyes, concuerda con el hecho que el plebiscito de 1980 no fue un proceso transparente ni universal a lo que se sumó que no estaban las condiciones para que las personas en condiciones adecuadas.

Reyes, recuerda que “uno podía votar en cualquier parte y cuando emitía el voto se le cortaba un trozo al carné de identidad y además a éste se le pegaba una pequeña estampilla”.

Fernando Arriagada, por su parte, agregó que el proceso plebiscitario de 1980 “fue producto de una asamblea que citó el General Pinochet, en donde le colaboraron entre otros Enrique Ortuzar y Jaime Guzmán”.

La Constitución, subraya, “fue plebiscitada, pero fue un plebiscito que careció de toda legalidad pues no habían inscripciones electorales”.

De esta manera, tras 95 años ese el Plebiscito de 1925 y transcurridos 40 desde el de 1980, la comunidad del país y Ñuble vuelve a las urnas, esta vez en condiciones de sufragio universal, con un padrón electoral reconocido y en condiciones bastante mejores que las que las anteriores. El resultado, se verá en el futuro, pero permitirá, sin dudas, escribir un nuevo capítulo de la historia de Chile.

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