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200 días de pandemia

Mauricio Ulloa

La emergencia sanitaria que completa 200 días es un buen motivo para mirar las enseñanzas que ha dejado la evolución de la pandemia de Covid-19 en el país y en la región, con miras a reforzar lo bueno y modificar lo malo, debido a que el virus llegó para quedarse. Es la dura realidad.

Para empezar, como se trata de una pandemia, requiere una intervención integral de Estado que remonte los acostumbrados instrumentos diseñados para gestionar problemas sanitarios de menor dimensión. Es decir, es un reto que exige entender la complejidad del fenómeno desde un contexto sistémico alejado de los debates partidistas, ante los objetivos colectivos y las necesidades de una actuación convincente y compartida; elementos que en ocasiones han brillado por su ausencia en algunos niveles, en los que el manejo de la pandemia ha tomado una dimensión competitiva, lo cual ha terminado generando confusión entre la gente.

Un enfoque sistémico supone, primero, no caer en el error de pensar que solo los centros de salud y sus funcionarios (as) o los ventiladores mecánicos, podrán resolver la gran amenaza que representa el Covid-19. El Gobierno se equivocó al menospreciar el rol de la salud primaria, como también las respuestas de la población.

A nivel local, las señales no son buenas. La ilusión de que hicimos las cosas bien y la falta de disciplina social, alentaron una falsa idea de control sobre la pandemia. Hoy en Ñuble tenemos un leve descenso, pero igual estamos rondando los 400 casos activos, cifra que lejos de ubicarnos en una posición de aplacar la velocidad de contagios, nos sitúa prácticamente en el mismo punto cuando se implementó ésta y la actual cuarentena en Chillán.

La preocupación surge no solo tras constatar la presión sobre el sistema hospitalario, sino sobre todo al observar comportamientos cotidianos de los chillanejos que ponen en riesgo a los desobedientes y a quienes pertenecen a su entorno. La gente pareciera olvidar que estamos ante un virus que no distingue capas sociales ni condiciones económicas. Cualquiera puede contagiar a cualquiera.

200 días de pandemia deberían llevar a impulsar un cambio de estrategia orientado a una mejor respuesta del Gobierno, que integre de verdad a la Atención Primaria como eje central, pues ahí está el manejo territorial con la comunidad, donde en el caso de Ñuble se debe incorporar a cientos de trazadores, distribuidos en todas las comunas, para testear en sectores donde exista una alta carga del virus y condiciones para su transmisión. Testear “para la foto” puede ayudar a la concientización de la ciudadanía y a la popularidad de las autoridades, pero no contribuyen a los objetivos sanitarios, pues sub representan la realidad de la pandemia.

Sobre las cuarentenas, todos sabemos lo que pasa. La definición operacional de quienes pueden circular estableció una lista interminable de excepciones que permite a una gran parte de las personas movilizarse a diario. El problema, por tanto, no es de incumplimiento de la cuarentena por parte de las personas, ya que las mediciones revelan que sobre el 98% circula con autorización, sino de lo laxa que es la normativa.

Por último, se requiere una renovada planeación de la comunicación que fomente la prevención racional y dirima la ilógica polarización generada por la concepción de muerte ligada al virus y el negacionismo irresponsable sobre su existencia.

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