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“Por los relatos de sobrevivientes, uno se puede imaginar el momento”

“Escapé por un milagro. Sí, por un milagro. Fui al teatro (de Chillán) con mi cuñado Luis Cofré y mi hermana Olga de Cofré. Ocupábamos asientos en una de las últimas corridas de platea. Cuando vino el temblor arrancamos. Todavía veo a los novios Luis Jiménez y Delia Flores, avanzando penosamente mientras temblaba. Frente ya a las puertas de salida, vimos que la terraza caía violentamente sobre las personas
que salían del foyer. En ese mismo instante, mi cuñado, instintivamente, nos dio un tirón, a mí y mi hermana, poniéndonos bajo una puerta de balcón. Seguía temblando, señor, por Dios. Nosotros vimos cómo los escombros sepultaban a tantos amigos. Nos rodearon también los restos del edificio, pero quedó un huequito y cuando dejó de temblar, por ahí escapamos”. 

Este es el conmovedor relato de Elena Molina Garrido, quien para el terremoto del 24 de enero de 1939 tenía 17 años. Fue publicado en febrero de ese año en un suplemento especial preparado por la Revista Ercilla, con ocasión del megasismo y ahora rescatado por los escritores Rodrigo Cornejo Irigoyen y Alfredo Palacios Roa para el libro “Fuentes y noticias para la historia sísmica de Chile (1907-1985)”, que fue lanzado hace pocos días.

Se trata de la segunda parte de una primera publicación que Alfredo editó el 2016 y que se tituló “Fuentes para la historia sísmica de Chile (1570 a 1906), documento que está alojado en el sitio del Centro de Estudios Barros Arana para su descarga gratuita. Esta vez, Alfredo se asoció con Rodrigo Cornejo para editar esta segunda entrega, que él define como una recopilación de testimonios y fuentes.

“El primer libro ha tenido muchas consultas, ha sido ampliamente citado y quisimos darle continuidad desde 1907 hasta el 3 de marzo de 1985; lo hicimos ampliando con noticias, fuentes y testimonios, lo terminamos en abril de este año y ya esta disponible en la web de la editorial Trébol Ediciones; este segundo volumen se vende físicamente”, añade.

“Se cuentan todos los grandes terremotos, y obvio que hay un capítulo para el de Chillán, que es uno de los más mortíferos de la historia. Este apartado tiene fuentes y noticias de periódicos, entre ellos La Nación, La Hora, y El Mercurio de Santiago. Fuimos tomando los relatos que cuentan en primera persona sobre esta catástrofe. Además, cuando hablamos de Chillán incorporamos un mapa que marca las intensidades del terremoto en la zona, y tomamos algunas fotos, que fueron facilitadas por el Museo Histórico Nacional. Acompañamos el relato de fuentes y noticias junto con imágenes, fotografías en terreno para que el lector tenga un testimonio gráfico, y todo el material habla de la total destrucción de la ciudad”, explica.

Para esto, los autores pasaron tiempo revisando la prensa de la época en los llamados microfilms. La Discusión de Chillán no contiene capítulos tan frescos de la tragedia, puesto que también fue una víctima del terremoto. Se destruyeron las instalaciones y el matutino volvió a circular meses después.

Alfredo plantea que a través de los testimonios de los sobrevivientes, el lector se puede hacer una idea de cómo se vivieron esos minutos de terror la noche del 24 de enero de 1939, alrededor de las 23.00 horas. “Este terremoto ha sido largamente estudiado, pero el libro lo hace a través del rescate de testimonios que quedaron ahí. Si lees el libro, te da la sensación de que estás viviendo el terremoto, porque son muy personales, pero muy descriptivos. Incluso nos encontramos con algunas versiones muy detallistas, donde se describe el movimiento de la tierra, algunos lo plantean como dos movimientos continuos. También podemos explorar en la angustia que sintieron esas personas. Hay testimonios súper llamativos en el libro”, adelanta.

Consultado Alfredo sobre la posibilidad de viajar a Chillán para presentar este segundo libro, el escritor no lo descarta. Adelanta que su compañero, Rodrigo Cornejo, está preparando un libro que contiene los terremotos que han azotado a la ciudad, por lo que el interés por venir a Chillán está intacto. 

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