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Mejora económica

Mauricio Ulloa

Como la mayoría de analistas y observadores habían vaticinado, en el período abril-junio el Producto Interno Bruto (PIB) subió un 18,1%, un registro inédito que representa el mayor salto desde que hay registros, pero que se debe a la baja base de comparación interanual tras el impacto que tuvo el año pasado la pandemia de coronavirus en la economía.

Según los datos divulgados la semana pasada por el Banco Central, en su informe de Cuentas Nacionales, el PIB desestacionalizado entre abril y junio avanzó un 1%.

El resultado reflejó “principalmente la baja base de comparación del año 2020, período que registró el mayor impacto asociado a la emergencia sanitaria”, dijo el organismo. Cabe recordar que durante el segundo trimestre de 2020, cuando el país vivió la primera ola de la pandemia, la economía se desplomó un 14,1 %.

Los datos tienden a confirmar el escenario entregado por el Banco Central para el presente año, lo que significa un crecimiento que podría superar el 9%. “Con ello, más que se recupera la fuerte caída de 5,8% registrada el año pasado, dejando a Chile entre las economías de mayor velocidad de recuperación”, estableció el ente emisor.

Sin embargo, el crecimiento está muy asociado al consumo, favoreciendo de paso principalmente al sector comercio y servicios asociados, todo gracias al importante incremento que se observa en el ingreso disponible de los hogares. Esto último, por su parte, responde al efecto transitorio de los retiros de fondos de pensiones y a las importantes transferencias de ingreso desde el Estado”.

Ambas fuentes de ingresos son transitorias, lo que permite inferir que el impacto positivo sobre el consumo también lo será. Los ingresos autónomos provenientes del mercado laboral están muy rezagados, de la mano de una lenta recuperación de la inversión y el empleo, mientras que la inflación registra un repunte, como consecuencia del mencionado fuerte crecimiento del consumo y de restricciones y encarecimiento de la oferta de bienes importados, instalando la preocupación por el posible “sobrecalentamiento” de la economía chilena, en medio de la extensión del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y la discusión respecto de un cuarto retiro de fondos previsionales.

Otro aspecto importante dentro de estos resultados es el del avance del plan nacional de vacunación. La consolidación del ritmo de inmunización no solo ha empezado a traducirse en términos de indicadores sanitarios específicos sobre las poblaciones vulnerables, sino en las expectativas positivas de los actores económicos. Con 85% de la población objetivo que ha completado su esquema completo y la entrada de las poblaciones más jóvenes, la vacunación confirma su impacto como estrategia de reactivación económica.

Aunque la pandemia no se ha ido –de hecho, la variante delta genera hoy incertidumbre global–, la economía chilena debe continuar su camino de reactivación con medidas de protección y bioseguridad, vacunación de refuerzo, un gasto social más moderado para efectivamente no sobrecalentar la economía, y un énfasis especial en la generación de empleo para mujeres y jóvenes. Es decir, el mantenimiento del curso actual con un refuerzo en la necesidad de una reactivación con más equidad y menos populismo en la decisiones sobre las ayudas estatales.

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