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La vida y obra de Alfonso Lagos Villar, el periodista que condujo por cuatro décadas a La Discusión

Archivo LD

Este sábado, La Discusión y la comunidad a la que sirvió, recordó el natalicio 122 de Alfonso Lagos Villar, el ex propietario del matutino que cimentó este medio de comunicación a lo largo de cuarenta años antes de donarlo en vida a la Universidad de Concepción para asegurar su continuidad a través del tiempo.

Oriundo de la localidad Minas del Prado, en la comuna Coihueco, Alfonso Lagos, fue un periodista que se formó en terreno, conversando con la comunidad, contrastando fuentes y construyendo realidades en las páginas del diario La Discusión. Durante cuatro décadas el exalumno del Liceo Narciso Tondreau condujo al medio de comunicación por el sendero de un periodismo al servicio de la gente, que asume su rol en los procesos sociales, interpelando a los diversos actores para llegar a la verdad, con un profundo sentido de la ética y la responsabilidad.

Los inicios en el matutino

Tras trabajar en redacción, el 24 de octubre de 1936 Alfonso Lagos asumió el control del diario con el gran desafío de levantar al medio desde un estado precario producto de una crisis económica. Su llegada marcó la vida periodística de La Discusión, ya que impulsó cambios significativos y enfrentó duras pruebas en su ejercicio.

Bajo el dominio de Lagos, el diario comenzó a circular los siete días de la semana, ya que antes de 1936 no se editaba los lunes. Ese mismo año se incorporaron los servicios nacionales e internacionales de la United Press Internacional. Sin embargo, en 1939, debido al terremoto, el matutino se apagó durante dos meses.

El megasismo destruyó casi por completo la casa periodística que se ubicaba donde hoy está la torre Rucamanqui, en calle 18 de Septiembre, pero afortunadamente la maquinaria logró soportar la catástrofe y el personal del diario salió ileso.

“Se creó la Corporación de Reconstrucción y Auxilio del Estado, que permitió que se financiara prácticamente todo Chillán, incluido el diario. Hubo créditos blandos. El equipamiento se salvó, porque antes se trabajaba con mucho metal y eso resistía. La máquina en que se imprimía el diario sobrevivió”, relató el exgerente de La Discusión, Daniel Sepúlveda, en el suplemento especial que La Discusión editó al cumplir 150 años de vida.

Tras el terremoto, la casa periodística se transformó en un catalizador del proceso de reconstrucción y en un promotor del renacer de Chillán y Ñuble, mostrando los avances de una ciudad golpeada por el movimiento sísmico.

El periódico continuó funcionando en su antigua locación, hasta que Alfonso Lagos adquiere un nuevo lugar para proyectar la empresa, donde hoy se levanta, en la esquina de El Roble con 18 de Septiembre.

“El diario antes del terremoto estaba en la torre Rucamanqui, en esta esquina antes estaba el Hotel Central que cae todo, y don Alfonso fue adquiriendo retazos de terreno hasta completar lo que es hoy. Lo último incorporado como lugares de trabajo es desde donde está el sector de la radio hasta atrás, esa era antes la casa de su madre (de Alfonso Lagos)”, puntualizó Sepúlveda.

Formador

Alfonso Lagos no solo fue director y dueño de Diario La Discusión, sino también un formador de periodistas. Sus enseñanzas no eran las de un académico que dictaba teoría en torno a la profesión, sino las de un reportero senior que se forjó en la calle, recorriendo Chillán y Ñuble, conociendo sus realidades, vecinos y a la elite de la época.

Sus aportes se grabaron a fuego en muchas generaciones que se formaron en la sala de redacción y que lo reconocían como un referente de un periodismo apegado a la ética y la verdad.

“Siempre La Discusión fue un barómetro de la opinión pública, además, no tenía otra competencia. Formó a muchos periodistas, entre ellos, Edgar Perramón, que fue gran amigo y profesor de la Universidad de Chile, fue unos de los fundadores. Siempre estuvo al lado de don Alfonso, era el subdirector del diario. En 1973 tuvo que irse de Chile, se fue a Alemania, y después terminó en Venezuela, donde murió. Formó a muchos periodistas, como no había escuela de periodistas, él tenía una intuición periodística y además, tenía un buen discurso, escribía muy bien. Conocí a muchos chiquillos en esos años como Fernando Opazo, Óscar Donoso, tantos otros que pasaron, y luego se fueron a Santiago, donde fueron grandes periodistas”, comentó el historiador de la Universidad del Bío-Bío, Marco Aurelio Reyes.

Con su pluma ágil, su compromiso con la información veraz y al servicio de Chillán, Alfonso Lagos se hizo merecedor del Premio Nacional de Periodismo en Redacción, en 1961, lo que dejó una huella imborrable y un sello de excelencia en el diario que perdura hasta hoy.

Así lo recordó Patricia Orellana, quien ingresó en 1969 a La Discusión, donde trabajó con Alfonso Lagos durante seis años. Ella fue la primera periodista en trabajar en la empresa periodística por más de 40 años. Entre sus entrevistados destaca el cantante lírico chillanejo Ramón Vinay, quien fue uno de los grandes amigos del exdirector.

“Cuando a uno lo desmienten es un duelo, decía, porque él era tremendamente riguroso. En ese tiempo tú hacías conexiones por teléfono, pero no reporteabas por este. Antes todo era terreno, a ti no te permitían hablar de algo sin estar ahí o haber entrevistado a la persona. Cuando empecé a trabajar don Alfonso me tuvo un año entero dando vueltas por todos los barrios, las escuelas, juntas de vecinos, etc., reporteando todo lo que había allí, porque había que conocer la ciudad completa y estar conectada con todo”, contó.

También era un orador por naturaleza y tenía un amplio dominio del idioma. Trabajaba sin descanso por el diario. No era raro que se quedara pasadas las 2 de la madrugada escribiendo sus editoriales y revisando el diario hasta el cansancio. Al término de la jornada siempre lo escoltaba un trabajador hasta su casa ubicada en calle Isabel Riquelme, entre Bulnes y Libertad, donde hoy se encuentra el Centro de Extensión Cultural Alfonso Lagos (Cecal), de la Universidad de Concepción, en honor a su nombre.

A la empresa periodística adicionó la radio, que era administrada por su esposa Laura Adriana Pagueguy, y la impresora, y hubo un tiempo en que también funcionó una próspera cooperativa.

Alfonso Lagos fue visto como una figura que no tuvo otro norte que servir a su ciudad y a la entonces provincia desde las páginas del matutino, al cual elevó su prestigio a nivel nacional.

Uno de los momentos difíciles que vivió el diario y la prensa en general fueron las restricciones a la libertad de expresión que impuso el golpe militar de 1973.

El ambiente político de la época convirtió en un desafío la labor de informar, pues muchos medios suspendieron sus actividades producto de la censura y la persecución política.

Donación a la UdeC

Mientras Alfonso Lagos fue propietario se adquirió la marca La Discusión, ya que antes estaba registrada por el Obispado de Chillán. Este hecho le permitió más tarde realizar la donación de la empresa periodística y de sus bienes a la Universidad de Concepción, en agosto de 1976.

Tras la muerte de su hija Laura, quien siendo ciega egresó de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, el deseo de Alfonso y su esposa, Adriana Pagueguy, fue mantener vivo el aporte del diario a Chillán y perpetuar el nombre de la joven a través de la Fundación Laura Lagos, que entrega becas a estudiantes de escasos recursos que ingresan a la UdeC.

Su vida, sus reconocimientos

José Alfonso Lagos Villar nació en  la localidad de Minas del Prado, actual comuna de Coihueco, el 16 de abril de 1900. Fue hijo de José R. Lagos y Clotilda Villar. Estuvo casado con Adriana Pagueguy Cisternas (1903-1966). Cursó sus estudios en el Liceo de Hombres “Narciso Tondreau”, establecimiento en el que destacó por “sus habilidades humanistas”.

Fue uno de los impulsores de la creación del Parque Monumental Bernardo O’Higgins. Previamente había promovido la compra del terreno donde se ubicaba la casa natal del prócer para convertirlo en un parque.

Fue miembro del Rotary Club, en el que tuvo una profusa labor social llegando a ocupar la gobernación del Distrito 476 (1957-1958). Aunque es un periodista autodidacta, es considerado uno de los pioneros del periodismo provinciano moderno durante el siglo XX.

Destacó, además, por su labor filantrópica, ya que gestó la beca en honor a su hija Laura Lagos Pagueguy, fallecida antes de titularse como periodista en la Universidad de Chile (1961) y que beneficia a hijos de Ñuble de escasos recursos, también hay beneficios para hijos del personal de las empresas La Discusión que ingresan a la Universidad de Concepción (UdeC).

Alfonso Lagos Villar murió en Chillán el 28 de noviembre de 1976 y sus restos descansan en el Cementerio Municipal junto a su esposa Adriana, su hija Laura y la segunda esposa, Kemy Manríquez.

La tumba familiar se caracteriza por el material pétreo, fuente de agua y sin duda el patrimonio se distingue por la escultura hecha en piedra por encargo de don Alfonso a Marta Colvin, antes del fallecimiento de Laura. Este jueves, la Municipalidad de Chillán, encabezada por su alcalde Camilo Benavente, depositó una nueva placa recordatoria en la tumba familiar y realizó obras de mejoramiento del espacio. A su vez, se anunció que la figura de Alfonso Lagos pasará a ser parte de los recorridos nocturnos que ofrece la municipalidad de Chillán con el fin de que los chillanejos conozcan a los personajes más importantes del camposanto. El mismo municipio lo distinguió en 1958, con el Premio de Extensión Cultural mención Periodismo, y el 5 de febrero de 1970 lo declara Hijo Ilustre.

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