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Creatividad política

Mauricio Ulloa

Una de las discusiones activas del Chile actual es la que opone las visiones reformistas de futuro a las consideraciones prácticas de la política electoral, que en las últimas décadas han pasado por encima de derechos sociales y contradicho programas políticos de las dos coaliciones que nos han gobernado los últimos treinta años.

Para gran parte de nuestros representantes es un debate ingenuo, que desconoce las complicaciones naturalmente asociadas a la lucha por el poder. Y la verdad es que a veces puede serlo, pero ello no justifica que sigamos anclados a un esquema maniqueo y simplista, que arma una consideración de lo bueno y lo malo, que explota el miedo de cuanto pueda meter en su relato binario.

Ha sido ya probado hasta el cansancio es que no basta con que un movimiento o candidato se diga o se muestre popular para resultar realmente útil para el bienestar de la mayoría.

En su libro “El poliedro del liderazgo”, Bridges y Mitchell abordan esta conexión entre proyecto y acción, y lo hacen citando una inscripción hallada en una iglesia de Sussex (Inglaterra) que data de 1730 y que resumidamente dice: “Una visión sin acción es un sueño. Una acción sin visión es penosa. Una visión asociada a la acción es la esperanza del mundo”.

Algo podría, sin embargo, ser añadido a esta reflexión sobre el liderazgo político y es la actitud de la invención, la intención del atrevimiento, la frescura de una mirada nueva, distinta, con más respeto por el futuro y la vida potencial que por la tradición, que sigue siendo un elemento valioso, pero del que difícilmente surgirá la producción de la nueva realidad que Chile necesita.

La política tradicional suele tener dificultades para abordar este paso imprescindible, creyendo que ser eficaz es meramente hacer bien las cosas como se han hecho siempre, cuando en realidad hacerlas verdaderamente bien sería muchas veces dejar de avanzar por la vía acostumbrada y animarse a optar por una enteramente distinta.

Uno de los problemas básicos para que la invención pueda ocupar un espacio mayor en las cuestiones públicas es que parece existir entre los políticos que nos han gobernado las últimas décadas un acuerdo tácito de no darle mucho aire a las perspectivas que ponen en cuestión el estado habitual de las cosas. Muchas otras veces el deseo de innovar aparece desplazado por el conservadurismo natural de la ciudadanía, pues el cambio siempre es percibido como peligroso.

Pero la sociedad chilena demanda nuevas visiones, necesita que sus líderes políticos tomen en cuenta otras variables que suelen no ser consideradas. La creatividad es el factor que puede hacer de la gestión pública algo superior y deberíamos buscarla con atención en los programas de Kast y Boric.

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