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Inflación omnipresente

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente al mes de marzo anotó un aumento de 1,9 por ciento, la cifra más alta del indicador desde 1993, y superó todos los pronósticos de los expertos. La inflación, además, acumula un 3,4 por ciento en lo que va del año, y 9,4 por ciento al mirar a los últimos doce meses, acercándose peligrosamente al 10 por ciento anual.

Al igual que en otras partes del mundo, esta escalada inflacionaria está empujada por los precios de los alimentos básicos. Según detalló el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), se registraron incrementos en sus 11 tipos de productos, y entre la lista, se destacan las carnes (4,3 por ciento) y los panes y cereales (4,6 por ciento), pues los costos del pollo y del pan subieron 9,1 por ciento y 5,9 por ciento, respectivamente.

La división de gasto que cubre la comida de los chilenos ha aumentado en los últimos doce meses un 15 por ciento. Y lo más grave es que la naturaleza de las presiones inflacionarias golpea con más severidad a los hogares que destinan la mayor parte de sus gastos a los alimentos y productos básicos. De hecho, la inflación de los hogares pobres y vulnerables ya superaría los dos dígitos, borrando en la práctica el aumento de 7% del salario mínimo.

Poco consuelo genera que el fenómeno inflacionario sea de carácter global. Desde Estados Unidos hasta las economías europeas y por toda la región, la reactivación de la demanda, las restricciones de la oferta, la disrupción de las cadenas de suministro y el alza en los costos de las materias primas han venido encareciendo los precios a los consumidores y a los productores en todo el mundo.

A lo anterior se suman los efectos de la guerra rusa en Ucrania. Mientras Moscú es una potencia global en commodities y energía, Kiev es un productor importante de trigo, cereales y fertilizantes. El conflicto bélico ha disparado los precios internacionales, tanto del petróleo y el gas como de insumos agropecuarios.

A nivel local, el alza del precio de los fertilizantes llega a 279% en los últimos 12 meses, todo un problema para la principal actividad económica de nuestra región, pues se estima que estos insumos representan más de la mitad de los costos totales de la agricultura, de modo que las aspiraciones de márgenes positivos para los empresarios rurales -por los altos precios que también se han registrado en los productos del campo- se diluyen por el elevado valor de los agroquímicos y también de la mano de obra, otro factor crítico esta temporada.

En todo caso, más que un problema de una variable económica fundamental, el costo de vida es un asunto de economía de bolsillo para los chilenos y el paquete de medidas presentado por el Gobierno, algunas de impacto limitado, necesitan de tiempo y paciencia para que comiencen a mitigar la situación actual, atributos que escasean en buena parte de nuestra clase política, desde donde se sigue impulsando un quinto retiro de los fondos de las AFP que no resuelve el problema, sino más bien lo sigue complicando.

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