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Compromiso con la Reserva de la Biosfera

En agosto de este año comenzaron a ejecutarse formalmente dos programas de gran importancia para la Reserva de la Biosfera “Corredor Biológico Nevados de Chillán-Laguna del Laja”. Se trata del Programa de Fomento Productivo y Desarrollo Territorial e Innovación y del Programa de Gestión Ambiental Sustentable, ambos a cargo de la Universidad de Concepción.

Estos programas, con una duración de tres años, son financiados por el Gobierno Regional de Ñuble, un hecho no menor, pues da cuenta del compromiso de la autoridad regional con la necesidad de implementar políticas de conservación y gestión sustentable de este territorio de altísimo valor natural, que representa más del 30% de la superficie de la región de Ñuble.

El corredor cordillerano fue declarado Reserva de la Biósfera por la Unesco en 2011 -la décima en el país- luego de una postulación presentada por el Estado de Chile. Tiene una superficie de 572.423 hectáreas que se extienden por ocho comunas: San Fabián de Alico, Coihueco, Pinto, El Carmen, Pemuco y Yungay, en la región de Ñuble; y Antuco y Tucapel, en Biobío. Alberga la Reserva Nacional Ñuble, la Reserva Nacional y el Santuario de la Naturaleza Huemules de Niblinto y el Parque Nacional Laguna del Laja.

Sin embargo, dicha declaración no significa ningún tipo de protección, como sí ocurre con los parques nacionales, por ejemplo. En ese sentido, por su rica biodiversidad y la presencia de especies amenazadas, como el huemul, por ejemplo -es la ubicación más septentrional del ciervo chileno-, lo que se espera de parte de la Unesco es que el Estado adopte medidas de protección especial a partir de esta declaratoria.

Pero en este corredor biológico también existen comunidades y se desarrollan actividades productivas. Se estima que habitan cerca de 9 mil personas distribuidas en pequeñas localidades rurales, además de Las Trancas, con economías basadas en la agricultura y la ganadería, así como también el turismo. También existe una pequeña central hidroeléctrica en el la zona alta del río Cholguán y se proyectan embalses de gran tamaño en los ríos Ñuble, Diguillín y Chillán.

Y si bien no existe una protección formal, hay cierto consenso a nivel local de que el desarrollo de la Reserva debe ser sustentable, razón por la cual en 2018 la Universidad de Concepción comenzó a trabajar en un Plan de Gestión de la Reserva, una verdadera hoja de ruta para los próximos diez años que define lineamientos en materia de conservación y desarrollo de actividades productivas, para lo cual los dos programas que comenzaron a ejecutarse recientemente vienen a materializar algunos de los objetivos trazados en dicho Plan.

En ese sentido, el trabajo apuntará, por un lado, al desarrollo económico y social sustentable de las comunidades, que, en general, sufren las consecuencias del aislamiento y la pobreza; y por otro lado, a la gestión ambiental del territorio, donde los expertos coinciden en que una de las principales amenazas para la Reserva, además del cambio climático, las parcelaciones y el crecimiento inorgánico de la actividad turística, es la ignorancia por parte de la población ñublensina, en el entendido que no se puede valorar o cuidar algo que se desconoce o cuyo valor se ignora.

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