Close
Radio Radio Radio Radio

Ser fiel al daimon, una clase rara de alegría

Antes de que nuestra alma encarne en un cuerpo y de bañarse en la “laguna del olvido” –el líquido amniótico materno- olvidamos a nuestro daimon; es decir a nuestro gemelo invisible o “genio”. La persona olvida su misión. Entonces, nuestro trabajo será luego rastrear, y buscar a nuestro hado del destino, si es que queremos vivir la felicidad o eudaimonía; es decir, “la perfecta realización del daimon”, según los griegos.

Hace años de paso en la plaza en Curanilahue, vi allí a la gente ajena a todo. Todos sesteaban inducidos por el calor veraniego. Y cantaba en el aire Salvatore Adamo, un belga-francés de antaño. Me llegaba inconfundible su voz: “Es mi vida, es mi vida…¿qué puedo hacer si ella me eligió? No es un Edén, tampoco es un infierno…” Me imaginé grabaciones amplificadas. Pero volteo la mirada hacia un modesto estrado, y compruebo que detrás de un micrófono estaba un cantante que reproducía esas canciones de un modo asombroso.

Allí, sin ningún ayudante o colega, solo él, su pista electrónica y su voz. Después de su performance, le abordé para felicitar su concierto. Ya había observado la indiferencia de los pueblerinos: nunca un aplauso ni una exclamación de júbilo, nunca un acercarse para comprar sus copias en CD que el mismo vendía, ni siquiera una mirada de aprobación. Cantaba con absoluta seriedad: servía a su genio de un modo impersonal, impecable, realizando su entrega escénica no importando si lo aclamaba una muchedumbre o solo yo y un perrito extasiado moviendo su cola.

El hombre, ya maduro, vestía con elegancia modesta: un correcto saco negro, con zapatos gastados pero lustrosos, con una camisa de fiesta pero innumerables veces lavada. Bien parecido, sin aspaviento de divo pero consciente de su don, me responde a mi pregunta ¿Qué harías tu si te dedicaras a otra cosa diferente al canto? -“No podría vivir -me dijo. Desde niño, desde el primer día que me hicieron cantar en la escuela –una profesara quería saber los dones que traían los niños- me dije que le sería fiel por siempre. Nunca olvidaré cuando a los ocho años conocí a Adamo, en Concepción cuando le pedí a mi hermana que me llevara a su recital”. ¿Y cómo es tu vida ahora? -le pregunté: –“Difícil, me dijo, pero vivo muy contento. Gano lo suficiente con mis copias y pequeños contratos en bares nocturnos aquí en el sur, hasta ahora no me ha faltado para alimentar a mi familia.

Lo pesado es a veces llevar este equipo de música en los buses que con la tierra de los caminos me lo maltratan, porque nunca he tenido auto”. ¿Tampoco nunca –aproveché de chismearle- te ha dejado tu mujer por sus celos o por tu permanente contacto con otras mujeres? –“No nunca”, me respondió, “con ella tengo dos hijos”.

Hace tiempo que ella se dio cuenta que a mi me gusta más la música que las mujeres. Cuando joven fui cobarde y nunca acudí cuando me llamaron de los sellos discográficos. Le tenía miedo a la gran ciudad…Entonces, me dije después, “¡bien Nelson!, no vas a ser un cantante famoso por tu miedo, pero sí asume que serás cantante toda la vida. Sé que me perjudiqué, pero no por eso voy a perjudicar a mi ángel, al don que se me había dado… Además que nada saco con trabajar de garzón aquí o de motosierrista cortando árboles allá : él se las va a arreglar para hacerme sufrir si no le doy cabida”.

Su atractivo era que él vivía para servir a su hado, a su daimon, a su ngen. Y entonces, en una prosaica tarde de un verano, comprendí que ese sobrio cantante pueblerino, desoído en las siesta bajo los árboles, esta era más importante que un don que viene del otro mundo. Y aprendí algo mayor: no es excusa no tener éxito o haber sido una vez cobarde para por ello seguir siéndolo siempre, ahogando y abandonando a nuestro antiguo don. No; no puede ser excusa. Y tú, lector: ¿cuál sería tu genio interno, esa pasión de antes del tiempo y que probablemente desde hace años se las arregla para manifestarse abierta o discretamente en tu vida? ¿Cuáles serían tus miedos? ¿Cuál es la cobardía mayor que tu alma te podría reprochar aquel último día de tu vida en que de cara a la muerte tu evalúas la vida que ya se te va?

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Leave a comment
scroll to top
http://www.ladiscusion.cl/feed/rss/