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Privado y público unidos

Para salir de esta crisis, el concurso del sector privado es determinante, no solo porque tiene más proyectos de inversión que el Fisco, sino porque está más preparado para generar empleos, ponerse a producir y pagar impuestos.

El primer punto de conciencia para entender su rol es reconocer que la crisis será profunda y dejará muchas cicatrices. Hasta ahora, algunas empresas han logrado adaptarse, reconvirtiendo sus aparatos productivos y servicios. Otras también han recortado dividendos para invertir en la misma empresa y darle sustentabilidad, pero son la minoría.

Para la generalidad de los emprendedores, la alternativa para reducir gastos ha sido cerrar el negocio, y no pagar arriendo ni servicios, y despedir a los empleados para no tener que pensar en sus remuneraciones.

Lamentablemente, la banca chilena no ha estado a la altura de las circunstancias, pues pese a que el Estado ha inyectado liquidez para garantizar créditos, las instituciones financieras no respondieron con la agilidad que se requería, pero más preocupante aún fueron las numerosas trabas y los rechazos que se observaron en un comienzo como respuesta a las dramáticas solicitudes de miles de micro y pequeños empresarios. Cinco meses después el daño ya está hecho.

Los costos de esta crisis deben compartirse y no recaer excesivamente en ningún sector. Durante este período, lo más importante son las personas, por tanto, las empresas deben apoyar a sus trabajadores en esta coyuntura, puesto que el capital humano es un activo clave y una forma de enfrentar el indiscutible aumento de la pobreza y alta informalidad laboral que caracteriza a nuestra región.

Todos sabemos que no hay crisis financieras sin víctimas y también sabemos que la economía está profundamente interconectada, de tal manera que un cambio en un sector afecta directa e indirectamente a los demás sectores productivos y por ende a los ingresos de la población.

Lamentablemente, la incertidumbre cubre por igual al gobierno y a las empresas, que marchan por caminos distintos y lejanos. Una cosa piensa el Gobierno y otra muy distinta los empresarios. Para los ministros, intendentes, alcaldes, diputados y senadores, su gestión tiene fecha de caducidad o los rigen las elecciones democráticas, mientras que para los socios de una empresa, las juntas directivas, la alta gerencia, presidentes y gerentes, los días, meses y años están regidos por planes bien detallados en el largo plazo con sus resultados medibles, cuantificables y cualificables.

Por eso es tan importante ante esta coyuntura el trabajo coordinado entre los sectores privado y público para enfrentar una enfermedad que no solo afiebró a los mercados financieros, sino que enfermó a la economía real de Ñuble y a sus principales actores, las pymes.

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