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Nuestra desigualdad

La desigualdad en Chile no solo se manifiesta en las brechas de ingresos de las familias, sino que también a través del acceso a bienes y servicios, donde además del poder adquisitivo, inciden otros factores, como la ruralidad.

En la Provincia de Ñuble, donde el 35% de su población vive en zonas rurales, este tema es fundamental, porque se traduce en problemas de conectividad, transporte y de acceso a servicios básicos, como agua potable, electricidad, internet, salud y educación, entre otros.

Un símbolo de esta brecha lo representa el alto porcentaje de rutas sin pavimentar, que bordea el 80%, lo que dificulta el transporte de personas y carga, favoreciendo el aislamiento de las comunidades rurales, con negativas consecuencias en la calidad de vida de sus habitantes, como ocurre, por ejemplo, con la atención oportuna de salud o las posibilidades de transportar productos agrícolas en buenas condiciones, lo que también eleva los costos, disminuyendo la competitividad de estos productores.

De igual forma, las limitaciones de acceso a agua potable y a servicios sanitarios representa un obstáculo insuperable si se pretende entrar al negocio de la elaboración de alimentos o al turismo, lo que acrecienta aún más las desigualdades entre los habitantes de zonas rurales versus urbanas, lo que resulta paradójico si se considera que los mayores atractivos turísticos y el grueso de la producción agropecuaria se concentra precisamente en las zonas rurales. 

Esta desigualdad ha perpetuado las tradiciones en los campos de Ñuble, pero también la pobreza y el aislamiento, lo que ha tenido como principales consecuencias la progresiva migración de sus habitantes hacia las ciudades -con lo que las comunidades rurales además de despoblarse, se están envejeciendo-, y la reducción de las hectáreas de cultivos agrícolas, muchas de ellas hoy convertidas en plantaciones forestales. 

Frente a estas brechas, lamentablemente, poco ha hecho el Estado, pues lejos de avanzar en planes de mejoramiento de la calidad de vida, ha focalizado sus esfuerzos en las poblaciones urbanas, donde existe mayor concentración de habitantes, y por tanto, de votantes. Recién ahora se están desplegando esfuerzos en materia de pavimentación de rutas y acceso a agua potable rural, pero vistos en perspectiva, aún resultan insuficientes frente a la magnitud de las necesidades.

Es por ello que la concreción del anhelo de ser región reviste un desafío emblemático, que es orientar buena parte de los recursos y la atención hacia las necesidades del mundo rural, que por años han sido postergadas debido, en gran medida, al centralismo que han ejercido Santiago, Concepción y Chillán, en sus respectivas esferas de acción.

La Región de Ñuble, por tanto, lleva implícita una promesa que no solo tiene que ver con crecer y desarrollarse, sino que debe hacerlo de manera equitativa, con una adecuada planificación del desarrollo y del territorio, y recordando siempre que su origen está en la ruralidad, cuyos habitantes no marchan, pero merecen tanta o más atención que aquellos que viven en los núcleos urbanos. 

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