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Las mesas regionales de dos patas

Una de las manifestaciones más usuales del centralismo intraregional es la conformación de mesas de trabajo de convocatoria pública con dos patas. Como se podrán imaginar, su estabilidad depende de la capacidad de sus integrantes para sostenerla. Por lo general es el poderoso brazo del gobierno regional, a través de sus distintos canales sectoriales de financiamiento, los que dan la estabilidad que necesita la mesa para cumplir su objetivo. Como es de esperar, una vez que dicho brazo se retira, el precario diseño de estabilidad se encarga de terminar derrumbando su estructura.

Lamentablemente el archiconocido diseño se repite con la recién conformada Mesa Regional “Proyecta Ñuble”, cuyo objetivo principal será tener un panorama unificado para orientar la inversión pública y privada, y la demanda de mano obra en la región, a fin de potenciar las oportunidades de empleo. Con la presencia del gobierno regional, secretarías regionales ministeriales y el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (Sence), pero sin la presencia de los 21 municipios que conforman la región, se repite el formato de mueble que es incapaz de sostenerse por sí mismo para cumplir con su objetivo.

En efecto, los municipios de la región miran la cara no solo del desempleo, traducido en las frías cifras que analiza una mesa de dos patas, sino también los efectos que dicho desempleo genera en los hogares de la comuna. Cómo cambiaría la efectividad de la política pública si las mesas de trabajo pudieran sostenerse a sí mismas. Dicha estabilidad, permitiría poner sobre la mesa la dura realidad que deben enfrentar cada día millones de personas que han perdido la confianza en un sistema económico que permanentemente les da la espalda.

Las recientes cifras del INE indican una tasa de desempleo regional de 9,3%, cifra que palidece si se compara con el 10,4% a nivel nacional. Empero, los municipios de Ñuble evidencian una tragedia de proporciones cuando observan la pobreza y el desaliento que han generado las cuarentenas en los hogares comunales. Dicha realidad no se refleja en la tasa de desempleo cuando hombres – y sobre todo mujeres – se han visto obligados a salir de la fuerza de trabajo. Pero no es todo, los municipios conocen mejor que nadie a los hogares que, a pesar de mantenerse en la fuerza de trabajo, han visto mermado sus ingresos a niveles tal que acumulan deudas que nunca podrán pagar. Tampoco se registra en las estadísticas del INE la catástrofe que genera en la salud mental de los integrantes de los hogares frente a una emergencia sanitaria que los mantiene encerrados y sin posibilidad de retomar su vida, la cual para mucho de ellos nunca va a volver a ser normal. Los municipios reciben a diario miles de mujeres que son sometidas a apremios físicos y sicológicos porque están impedidas de aportar la cuota habitual de dinero para complementar el presupuesto del hogar.

Pero parece que nada de ello es suficiente para que las convocatorias de la autoridad consideren la incorporación de los municipios. La crisis actual requiere de mesas de trabajo que sean auto sostenibles. Se requiere enfrentar el flagelo al que está siendo sometido el sector productivo y, consecuentemente, el mercado laboral debido a las restricciones sanitarias. Confiemos que, con el establecimiento de la institucionalidad de los Gobernadores Regionales, se construya de una vez por todas mesas de, al menos, tres patas. Como Dios manda y los hogares de Ñuble merecen.

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