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Insano negacionismo

Tal como se puede advertir en los textos escolares, la tesis oficial respecto al descubrimiento de Chile señala que nuestro país fue descubierto por Diego de Almagro. Esta definición incluso se destaca en varios portales del Estado, como por ejemplo, en memoriachilena.gob.cl. No obstante, desde hace un tiempo es posible leer a historiadores que sostienen una mirada diferente, en cuanto a que sería Hernando de Magallanes el verdadero descubridor de nuestro país, sugiriendo que ya es tiempo de revisar la versión tradicional respecto del descubrimiento de Chile. Vale la pena mencionar que este planteamiento ha sido recientemente puesto en relieve por historiadores chilenos tan destacados como Mateo Martinic (Premio nacional de historia en el año 2000) o Julio Retamal Favereau (destacado historiador y prolífico intelectual humanista). Ahora bien, la afirmación no oficial respecto a quién descubrió Chile ¿es un juicio histórico heterodoxo impropio e irregular que debe ser censurado?; ¿se levantará en contra de estos investigadores una acusación por negacionismo respecto de verdad oficial en cuanto al descubrimiento de Chile?

El ejemplo nos permite considerar lo incómodo, perturbador, y en alguna medida lo violento del término negacionista para calificar a quien levantando nuevos argumentos, disiente de una tesis sostenida por largo tiempo como un hecho incuestionable. Lo cierto es que el calificativo negacionista se ha usado en múltiples contextos, como la historia o la ciencia, para condenar y sancionar a quienes niegan una verdad instalada o reconocida ampliamente. Al respecto, una delimitada pero precisa definición del concepto la ha dado recientemente el historiador Joaquín Fermandois: ”tras esa palabra artificiosa de ‘negacionismo’, se anida la voluntad consciente o no de controlar la visión de la historia y expulsar del territorio del conocimiento toda deliberación racional sobre el pasado”.

Es interesante la comprensión del profesor Fermandois, en cuanto a que la ideología que está en el fondo de quienes levantan este concepto, procura en los hechos, controlar tanto la deliberación disidente como también las aseveraciones divergentes en relación a los axiomas oficiales. Más aún, no es exagerado prever que cuando estas ideologías se erigen en la estrategia política de un Estado para inhibir primero, y luego para sancionar a quienes contrarían los axiomas oficiales, se avanza de esa forma, hacia un peligroso totalitarismo.

En efecto, conviene subrayar que cuando la maniobra del negacionismo se instala como estrategia política, entonces se da origen a un obstáculo moral difícil de superar, puesto que en ese momento se pierde algo sustantivo de una sociedad democrática, a saber, la capacidad dialógica de los ciudadanos; la reflexión abierta, libre de coacción plural tanto de las personas como de los colectivos institucionales.

En lugar de lugar de crear leyes censuradoras y represoras de la controversia reflexiva, un país que valora la democracia debería fomentar el intercambio crítico, respetuoso y constructivo de visiones sociales diversas donde abunde la amistad cívica.

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