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¿Hasta cuándo se prolongará la distancia ciudadana con la política?

Aunque parezca un cliché o una frase manoseada, es evidente que tras el 18 de octubre Chile cambió, aunque aún está por verse hacia dónde apuntará a ese cambio.

En esta pasada, miembros de la clase política, quizás el grupo más cuestionado, desde Sebastián Piñera hasta algunos parlamentarios (pasando por parte del gabinete), parecieron vivir un veranito de San Juan.

En el caso del Congreso, legislando a favor de la ciudadanía (la reducción horas laborales), pero al mismo tiempo insistiendo en apoyar proyectos poco beneficiosos para el conjunto del país, como mantener la privatización del agua.

Tema aparte es el Presidente priorizando proyectos para sancionar la protesta social, desatendiendo temas de fondo y las violaciones a los Derechos Humanos.

Ello es parte de las reflexiones de algunos analistas consultados respecto a cómo se vislumbra 2020, tras un 2019 de manifestaciones sociales y un plebiscito a la vuelta de la esquina.

Esteban Valenzuela, director de la Convergencia Regionalista de Estudios Aplicados (CreaSur) de la Universidad de Concepción (UdeC), comentó que todo tiene dos caras. En su opinión, hay una crítica de los movimientos sociales a los partidos tradicionales, pero “la Mesa de Unidad Social tomó legitimidad y ahí hay sectores del Frente Amplio y de la Unidad por el Cambio, que han tenido mayor interlocución con estos actores sociales”, sostuvo.

Sobre los últimos, comentó que “están en un proceso de politización y se dan cuenta. Con un tercio, la derecha paró la idea de hacer del agua un bien común público. Entienden que para estos proyectos constituyentes que vienen, tienen que haber convergencia o no habrá un bloque transformador”.

Rechazo a la élite política

El sociólogo Manuel Rodríguez dijo que “nada es para siempre” en alusión a la distancia ciudadana con la política. No obstante, “estamos ante un hecho social constante y progresivo: amplios estratos de la sociedad pasaron de la crítica al rechazo de la élite política por diversas causas, como el carácter y límites de la transición pactada, con su democracia de pluralismo restringido, y la consolidación del modelo económico que explica la mayor parte del descontento ciudadano. Mientras perdure la cohesión estratégica de las élites política, de diverso signo, con la empresarial y militar, se mantendrá la brecha que las separa con la mayoría de la sociedad”.

Ante la ausencia de rostros visibles, Rodríguez dijo que la concepción tradicional de los liderazgos está ausente en este periodo y es difícil de emerjan de la política tradicional. “El movimiento plural que debe imponerse mayoritariamente en la Convención Constituyente reconocerá los liderazgos relacionados a los contenidos ejes de la nueva Constitución”.

Surgirán nuevos dirigentes

Para el representante del Movimiento Concepción a Pie, Pedro Cisterna, la visión de la ciudadanía acerca de la clase política ya estaba instalada antes de octubre pasado, aunque “el estallido social la transparentó en forma drástica. Fue un mensaje categórico de disconformidad y rechazo con su proceder, sus malas prácticas, sus discursos oportunistas, el nepotismo evidente y descarado, la mediocridad intelectual y falta de rigor en su desempeño”.

En opinión de Cisterna, si bien estas características han permeado a “vastos sectores” del país, aún hay quienes han “resistido este corriente de acomodos y es la esperanza para abrir ventanas y puertas bloqueadas, que debieran dar curso y movimiento a una nueva dirigencia con estilos y formas más humanistas y democráticas, lo que debe plasmarse necesariamente en una nueva Constitución”.

Sobre la chance de revertir la imagen negativa, dijo que es posible, pero se debe modificar la esencia, con una autocrítica severa y acciones concretas, “lo cual, por lo visto hasta ahora, se ve muy poco probable”.

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