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Una oportunidad

Cristian Cáceres

El inicio de un nuevo año no es un borrón y cuenta nueva. Por supuesto que representa, para muchos, un envión de energía para iniciar un año con nuevos desafíos y también con nuevos enfoques para enfrentar problemas crónicos. Por ello, los más optimistas abordan este cambio como una nueva oportunidad, al tiempo que la mayoría prodiga buenos deseos y no pocos se toman un momento para reflexionar sobre el año que terminó y el periodo que comienza.

Con la perspectiva optimista, ciertamente el Año Nuevo nos invita a pensar en cómo enfrentar el 2021, con muchas dificultades que se arrastran del año pasado, como la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia de Covid-19; con problemas de larga data, como la sequía, la desigualdad de ingresos y las bajas pensiones; con tareas pendientes, como la elaboración de una Constitución Política que represente las aspiraciones de la mayoría y que respete a las minorías; y con desafíos enormes, como la sustentabilidad ambiental, la descentralización regional, la reducción de las brechas de género, el fortalecimiento de la educación, la ciencia y la digitalización, y mejorar la calidad de la salud, entre muchos otros.

En Ñuble, también existen desafíos locales de gran relevancia, como asegurar el agua potable a todos sus habitantes; profundizar los esfuerzos por mejorar la conectividad vial y digital; potenciar el desarrollo rural en lo económico y social, de manera de frenar la migración campo-ciudad; diversificar la matriz productiva y agregar valor a la producción; aumentar la calidad del capital humano, favorecer mejores salarios y elevar la participación laboral; multiplicar la disponibilidad de agua para regar toda la superficie agrícola de manera eficiente; y tantos otros que seguramente estarán presentes en los programas de los candidatos a gobernador regional.

No obstante, para cumplir esos objetivos es requisito, por un lado, que existan ciertos consensos respecto del diagnóstico y sobre los caminos de solución, es decir, que las fuerzas políticas y sociales logren ponerse de acuerdo en ciertas políticas de Estado de largo plazo que son de carácter estratégico; y por otro lado, se requiere orden y paz, lo que exige desterrar la violencia, tanto la que está presente en el discurso como aquella que amenaza la integridad física de la población y destruye bienes.

A partir de esa mirada, el 2021 es una oportunidad para escuchar más, para respetar al que opina distinto, para acercar posiciones en pro del bien común, para pensar también en colectivo y así derrotar la pandemia y frenar la violencia, para cuidar la democracia y participar en los comicios que se avecinan, y para que vuelva el orden.

No se trata de unirse porque suene bonito o por algún nostálgico sentimiento que rememore la transición de Aylwin, se trata de lograr, en unión de voluntades, un acuerdo amplio que traigan la paz y el orden como consecuencias, un acuerdo en el trabajo constituyente, que evite el naufragio de esta iniciativa, pero fundamentalmente, un acuerdo en torno al futuro, a lo que queremos mantener y mejorar, a lo que hay que descartar o corregir y a lo que necesitamos incorporar.

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