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Pateando la perra… y las AFP

Las emociones juegan un rol fundamental en el comportamiento humano. El temor a perder la vida o amenaza de un resultado negativo, activa un estado de alerta que puede desencadenar la huida o la paralización del afectado. La ira que genera la confrontación de nuestros intereses con los intereses de los demás, puede activar reacciones violentas y descontroladas. La tristeza frente a la pérdida de un ser querido, activa comportamientos de empatía con quienes están a nuestro alrededor.

La impotencia, la rabia y el miedo fueron los sentimientos mayoritarios que activaron la masiva marcha del 25 de octubre de 2019. La impotencia de quienes no tienen el poder suficiente para lograr que se les reconozca su dignidad y valor como persona; la rabia de quienes terminan su vida laboral con pensiones miserables; o el miedo que genera el sobreendeudamiento para quienes sus ingresos no le permiten llegar a fin de mes.

Al igual como ocurre con el chilenismo de “andar pateando la perra”, las emociones generan comportamientos irracionales sobre cualquier cosa – tenga o no que ver con el origen del sentimiento – que puede tener consecuencias devastadoras para las personas y/o la sociedad. En ausencia de liderazgos que conduzcan a soluciones y/o contención de los impulsos, la anarquía y el caos puede conducir a profundizar el problema que se busca resolver.

En este sentido, las Administradoras de Fondos de Pensiones AFP han concentrado una buena parte del descontento social. El “fin de las AFP” ha sido un objetivo supremo cuyo cumplimiento se asocia con el término de los abusos y/o la injusticia social. Las cifras de rentabilidad, principal atributo que se le adosa a las AFP, dan para diferentes interpretaciones. Desde la creación del sistema de ahorro previsional en 1981, la cuota AFP ha rentado un promedio superior a 7% anual en UF. Empero, el Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo CENDA, reduce la cifra a poco más de 5% en US$, advirtiendo que rentó menos que los índices bursátiles de Wall Street. El mismo Centro advierte que la alta rentabilidad de los fondos es “insostenible”, centrando su análisis en el discreto comportamiento que ha experimentado la cuota AFP a partir de la década del 2000.

Pero más allá de los enfoques para analizar los resultados de rentabilidad arrojados por el sistema, ¿su fin será el inicio de un país con mayor justicia social?

Para intentar responder dicha pregunta, utilizaré un conocido chiste de Fritz y don Otto, a saber: “Fritz pone sobre aviso a don Otto: su mujer lo engaña. Decidido a verificar la trampa, don Otto decide llegar más temprano a casa sorprendiendo a los amantes en el sillón. Frente a esta evidencia, don Otto decide cortar el problema de raíz… pone a la venta el sillón”.

El modelo chileno de desarrollo se basó en crecimiento económico con ausencia de un sistema de protección social. Fruto de esta política, las miserables pensiones es una consecuencia del insuficiente nivel de acumulación de ahorro de las personas durante su vida activa (lagunas previsionales o bajos salarios). En este escenario, con patear las AFP, en poco y nada se avanza en un sistema de pensiones con mayor justicia social.

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