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Más de 11 mil adultos mayores de la comuna de Chillán viven en soledad

Se llamaba Hugo. En 2015, lo encontraron postrado en su cama, donde cinco días antes alguien lo había dejado solo, y encerrado con llave.

Fue una vecina, quien al notar que nadie entraba ni salía de su casa por casi una semana, llamó a la Municipalidad. Alertados acudieron al domicilio, con un cerrajero y Carabineros acompañando, lograron abrir la casa pestilente. Nadie lo mudaba hace cinco días.

Sólo se sabía que hasta entonces era su hijastro quien lo cuidaba, pero era evidente que la decisión era abandonarlo a su suerte. Le habían dejado comida al alcance de su mano, cerca de la cama. Sin embargo, lo que encontró el personal municipal fueron ratas comiéndosela arriba de su cama.

“Durante el tiempo en que nos demoramos en buscarle un cupo en un Establecimiento de Larga Estadía para Adultos Mayores (Eleam), le procuramos una cuidadora, y al final tras muchas gestiones, le conseguimos uno en un Eleam de otra región”.

El relato es de la encargada de la Oficina de Adultos Mayores, de la Municipalidad de Chillán Carol Lagos. “Fue uno de los casos que más me ha impactado, pero casos así hay muchos más”, añade.

Hugo fue obrero. Conforme a lo poco que se logró saber de su vida fue que no sólo arregló casas por aquí y por allá, sino que entre sus primeros año alcanzó a participar de la construcción, en 1960, de la Catedral de Chillán y luego, en 1969, trabajó en la remodelación del Estadio Nelson Oyarzún, el que en adelante luciría por primera vez, una cancha de pasto.

Esos edificios, como otros emblemas que hoy son parte de nuestro patrimonio identitario, las veredas por las que caminamos, las casas en las que nos cobijamos y en las oficinas o locales en los que trabajamos, fueron hechos por personas que hoy ya son adultos mayores. Un segmento al que no solo no se le tiende a agradecer el presente que nos dejaron, sino que muchos de ellos pasan sus últimos años inmersos en un abandono y soledad, sencillamente, aterradores.

Zoraya Martínez, directora de la Dirección de Desarrollo Comunitario, nos entrega una cifra por la quizás nunca antes se había preguntado mucha gente. “Tenemos 11 mil personas adultas mayores en la comuna, que viven en hogares unipersonales, es decir, que viven solas, según el Registro Social de Hogares”.

En otras palabras, sólo en Chillán hay una población de adultos mayores solos superior a toda la población de Coihueco o Pinto, y que sólo superarían Chillán, San Carlos, Bulnes y Quirihue, o Quillón.

Precisamente, en esta última comuna, el martes pasado un hombre de 70 años falleció calcinado en un incendio que destruyó su casa en la que vivía solo.

El mismo final tuvo otro solitario vecino de 79 años, de la población Bartolucci de Chillán, en marzo de este año.

“Pero la soledad es peor que un incendio, o mejor dicho , es como un incendio pero que te va matando de a poco. Cuando te quedas solo es como abrirle la puerta a las enfermedades para que destruyan todo; es como decirle a la muerte que por favor te venga a buscar”, comentó Fernando Contreras, excomunicador radial y suno de los primeros dirigentes sociales  de Chillán en dedicarse a organizar a los adultos mayores.

Más del 12% de la ciudad

Si se considera que muchas de las poblaciones que fueron surgiendo, de manera espontánea, o como tomas al rededor de las cuatro avenidas fueron creadas entre 1960 y 1970, es fácil entender que el grueso de los 36.221 adultos mayores que se registran en la capital regional de Ñuble, se concentren en sectores como los barrios Luis Cruz Martínez, el sector Ultraestación, y la población Vicente Pérez Rosales, por el costado poniente de la ciudad.

En el costado norte, destacan los barrios Santa Elvira, Arturo Prat o la población Kennedy; en el límite sur destacan los sectores de Río Viejo, el barrio Huambalí, la población El Tejar; mientras que hacia el oriente, se encuentra la población Sarita Gajardo, Rosita O´Higgins y el sector de Los Puelches, junto al camino Las Mariposas.

Y es precisamente en estos sectores donde se concentran también la mayoría de los 152 clubes de adultos mayores que han surgido al amparo de la Municipalidad de Chillán.

En total representan más del 12% de la población total de la capital regional.

Sin embargo, y como se observa en todos los grupos etáreos y en todas las clases sociales del mundo, no todos viven realidades similares.

“Hemos visto que más el apoyo de los organismos del Estado, o incluso que las condiciones económicas, para ellos lo más importante son las redes de apoyo. Necesitan, idealmente, estar cerca de sus familiares o al menos tener contacto regular con ellos, de lo contrario, requieren estar ligados a las juntas de vecinos, a realizar actividades con sus amigos o cualquier cosa que los mantenga activos y que les permita seguir siendo un aporte”, advierte Zoraya Martínez, quien añade que, “en este sentido, no solo los adultos mayores que viven solos se encuentran en un mayor estado de vulnerabilidad, a veces encontramos a parejas que viven solas, sin mayores redes familiares, y la realidad de ellos también es delicada”.

Cierto es que también hay en Chillán un número de adultos mayores que siguen laboralmente activos, muchas veces dueños de empresas o locales comerciales, que tienen por lo tanto una dinámica social fértil, lo que les genera un medioambiente altamente protector.

“Pero esa otra persona que ya vive sólo de su pensión, que está jubilado, que enviudó o padece de alguna enfermedad crónica, es parte de una realidad que en Chillán, como yo diría que en todo el país, se repite con más recurrencia que antes, recibimos muchos llamados de vecinos o dirigentes para advertirnos sobre estas situaciones”, agrega.

Ante este abandono familiar, lo que más efectivo ha resultado ser, es la red de apoyo comunitario, “porque son ellos quienes nos dan las señales de alerta. Hace poco, fue gracias a ellos, los mismos vecinos, que pudimos activar una red de apoyo con el Samu para un matrimonio que vivía solo”, relata.

Sin embargo, estas señales de alerta dependen de situaciones a la vez muy poco consistentes y que apenas encuentran respaldo en lo metódicos que se vuelven las personas al llegar a las edades más avanzadas.

Sacar la basura a la misma hora de siempre, salir a barrer o a comprar en los mismos días y horarios son señales que los vecinos tienden a notar “y cuando algo de esto no se está repitiendo, entonces se preocupan y los van a ver”, dice la directora.

Una de las estrategias a las que más énfasis se ha dado por parte de la Municipalidad, entonces, es la de crear en conjunto con ellos, los clubes de adultos mayores.

Aquí se crean diversas comisiones, sacan personalidad jurídica, crean directivas, postulan a proyectos en apoyo a sus barrios, se reúnen con diversas autoridades de la comuna de manera periódica, pero lo más importante es que se genera una red social que extraña al ausente y ayuda al que se enferma. Es decir, terminan siendo una nueva familia.

Cobran especial relevancia, además, programas como el Padam (de atención domiciliaria de salud para mayores de 75 años) que compromete a personal de los Cesfam a asistir a los hogares de estos vecinos para realizarles sus controles de salud, que se implementó en esta administración municipal.

Otro dispositivo, como el Centro Día, en avenida Schleyer, para adultos mayores solos, sin redes de apoyo, donde los hacen trabajar en estimulación motora, kinesiólogica, tratamientos sicológicos, “o simplemente van a compartir con sus pares en diversos talleres, por ejemplo, de manualidades, de estimulación cognitiva, en talleres de conversación y lo que estamos tratando es ampliar la oferta de actividades para darle mucho más vida”.

Pese a lo anterior, y a otros beneficios como los bonos de agua potable, la eximiente del pago de retiro de basura, “lo que más se necesita es tratar de reinsertar laboralmente al adulto mayor. En otros países hay trabajos específicos que sólo le otorogan a adultos mayores, porque sí son capaces de aprender nuevas cosas, no estamos acabados. Lo importante es entender, que más que clubes o bonos, si a un adulto se le da la oportunidad de trabajar, su calidad de vida será mucho mayor”, reflexiona, el exdirigente, Fernando Contreras.

Ni del Estado ni de nadie

“Muchas veces, cuando una persona mayor queda viuda, llegan sus hijos y los invitan a irse a vivir con ellos. Pero rara vez aceptan. A muchos les cuesta entender el por qué de esto o de otras situaciones y es porque la sociedad nunca nos educó para entenderlos”.

La sentencia es de la dirigente social María Magdalena Gutiérrez, a cargo de diversos talleres como literatura y folclore para adultos mayores y con estudios formales respecto a su trato en la Universidad Católica de Chile.

Ahonda en su planteamiento explicando que “otras veces dejan de asistir a los clubes o a los controles de salud porque, por ejemplo, dicen que tienen frío. No siempre es cierto, pasa que algunas veces ya no controlan su esfínter y no tienen dinero para pañales, entonces no quieren salir por vergüenza”.

Y en el caso de la casa, “hay que entender que a esa edad muchas personas ya han sido despojados de todo, y lo único que les queda es su casa, que es su propio mundo. No hay nada más doloroso para un adulto mayor que sacarlo de su casa, o que les digan que su casa ya no es de ellos, sino que es del Estado, porque para ellos es un golpe durísimo a su dignidad. No quieren ser allegados ni de l Estado ni de su familia ni de nadie”.

María Magdalena también fue presidente de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Chillán. Entonces “un día se me ocurrió comprar pañales, y fui muy criticada. Sin embargo, mucha gente se vino a inscribir para tenerles a sus padres o para ellos mismos. Con esos implementos, les devolvimos la vida, volvieron a salir y a participar”, relata.

Finalmente, explica que “estas cosas nos van a pasar a todos. Hay que entender y enseñarles a los adultos mayores a sentarse a conversar estos temas, a conversarlos con otras personas que estén pasando por lo mismo, es la única manera de que estos problemas no los terminen por hundir más”.

“La vejez ha envejecido”

Desde la Oficina del Adulto Mayor, de la Municipalidad de De Chillán se ha estado trabajando en tratar de estar en contacto con aquellos adultos mayores que no pertenecen a ningún club, ni juntas vecinales, con el propósito de motivarlos a que se integren a estas instancias.

“Este es un trabajo que no puede esperar ni ser pasivo, ya que hay personas que están pasándolo mal, que están solos o siendo vulnerados, por lo tanto, nuestro deber como municipalidad es llegar hasta ellos, pero hacerlo a tiempo”, dice Carol Lagos.

No siempre, sin embargo, lo logran. Hay personas que son reacias a participar, pero es porque no conocen la dinámica de estos grupos, entonces piensan que no van a encajar, también vemos mucho que hay personas que se niegan por problemas de autoestima, timidez o porque ya se sienten muy apartados de la sociedad.

“Con el programa Vínculo, estamos tratando de generar una estrategia que busca acompañar a estas personas en sus propios domicilios, con personal profesional capacitado para entregar apoyo psicosocial. Es una intervención de 24 meses que persigue como objetivo el dejarlos vinculados, para que nunca más estén solos”, destaca.

Hay cupo para 160 personas mayores de 65 años, y cada dos años se trabaja con otros 160 vecinos que estén en esta condición.

Pero la debilidad de todo el país, es la casi nula capacidad de ofrecer un tratamiento acorde a aquellos que sufren problemas como demencia senil, alzheimer, o postrados severos. Casi no hay en Chile instituciones de larga estadía y no todas las familias están en condiciones de costear los altos montos que significa el internarlos en instancias privadas.

“En Chile la vejez, además, va envejeciendo, las personas llegan con mayor frecuencia a los 90 e incluso a los 100 años, entonces acá hace falta un compromiso país, un mirar a la cara al envejecimiento, entendiendo que las necesidades son infinitas”, añade.

Mientras en el municipio ya se estudian fórmulas para aumentar los recursos para estos propósitos, Carol Lagos advierte que no se puede dejar de lado algo que parece obvio. “Más que las muncipalidades, el primer gran compromiso es de sus familiares, de sus hijos, pero ellos se van y los olvidan. Lamentablemente, para muchos, cuando las guaguas dan problemas se los dejan al Sename, y cuando los viejos dan problemas, se los dejan al Senama”.

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