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La vieja táctica de mentir

Dideco

Al igual que nadie está a salvo de contagiarse del coronavirus, tampoco los políticos están hoy a salvo de ese otro virus global que son las fake news o noticias falsas. Se trata de un fenómeno global, tan antiguo como la política, pero que se ha visto potenciado por Internet y las plataformas digitales.

En nuestro país, podemos encontrar antecedentes de “noticias falsas” en la elección presidencial de 1938, donde la candidatura del conservador Gustavo Ross Santa María articuló un relato -con la colaboración de los principales medios de comunicación de la época- para desprestigiar a Pedro Aguirre Cerda, pintándolo como un populista que solo traería desgracias a Chile. La historia hoy nos muestra que fue todo lo contrario.

Años después, la dictadura militar dio cátedra de noticias falsas y manipulación de la opinión pública, que alcanzó su máxima expresión en la Operación Colombo, un elaborado montaje periodístico para ocultar la desaparición de 119 opositores a Pinochet. Una noticia falsa publicada en una revista argentina, creada especialmente para ese fin, indicaba que las víctimas habían sido ajusticiadas por sus propios compañeros. La nota fue reproducida por La Tercera, Agencia UPI, El Mercurio y La Segunda, cuyo infame titular “Exterminados como ratones” es hoy considerado la mayor vergüenza del periodismo nacional.

Medio siglo después volvemos a ver esta desviación de nuestra política sobre la competencia electoral, como también en torno al trabajo de la Convención Constitucional. En la primera vuelta electoral, los propios postulantes a La Moneda difundieron desinformaciones contra sus contrincantes como estrategia política, cuestión que también se registró en el caso de la mayoría de las candidaturas parlamentarias. Por otra parte, el reciente embuste del diputado Sergio Bobadilla sobre el comportamiento de los convencionales en un hotel de Concepción, es uno más de una larga lista que revela una estrategia articulada de contaminación informativa destinada a desestabilizar a la Convención Constituyente.

Faltando 20 días para la segunda vuelta presidencial -la más incierta desde la recuperación de la democracia- ya se aprecian arrebatos discursivos para desinformar a la ciudadanía e instalar realidades distorsionadas sobre las ideas y propuestas de Gabriel Boric y José Antonio Kast, como también sobre la vida personal de ambos candidatos.

Un cuadro preocupante es el que se anticipa, sobre todo porque no son acciones aisladas, sino coordinadas. Y por lo mismo, es fundamental -y urgente- que Boric y Kast se comprometan públicamente frente al país a erradicar las noticias falsas y la desinformación de sus campañas.

Las fake news han encontrado en el populismo de derecha su mejor caldo de cultivo, y hoy es una dinámica que es necesario conocer y desenmascarar. Evitar que el virus de la desinformación sea una enfermedad persistente que contamine nuestra convivencia, y cuyos efectos, además de imprevisibles, sean irreversibles, es tarea de todas y todos.

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