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Expertos analizan el futuro urbano de Chillán de cara a la conformación del Consejo para el Plan Bicentenario 2035

La semana pasada se llevó a cabo la primera reunión del consejo encargado de definir los lineamientos del futuro Plan Bicentenario 2035, proyecto llamado a “replantear” la ciudad desde lo urbano para satisfacer las necesidades de la sociedad y solucionar los problemas espaciales que hoy tienen a Chillán convertida en una ciudad colapsada.

“Pero es entonces que será muy importante que se abra un debate para saber hasta qué punto Chillán sigue siendo Chillán si la botan entera para hacerla de nuevo”, observa el arquitecto y experto en urbanismo, Umberto Bonomo, director del Centro del Patrimonio Cultural de la Universidad Católica de Chile.

El cuestionamiento, lejos de ser una intromisión a las conclusiones realizadas por los encargado del primer diagnóstico realizado por un equipo de la Unidad de Asuntos Patrimoniales, de la Universidad de Chile, apunta a la evolución natural del proceso de madurez social que ha experimentado la comuna tras cada una de sus cuatro refundaciones experimentadas a lo largo de la historia.

Si hasta antes del terremoto de 1939, la ciudad tenía una identidad eminentemente agrícola y rural; tras una fuerte intervención estatal en pos de entregar soluciones habitacionales de calidad a una comuna que había quedado en la calle, Chillán adquirió un perfil urbano, como pocas ciudades de similar tamaño en el resto del país.

Sin embargo, la reconstrucción mantuvo y potenció las ventajas del plano diseñado por Ambrosio Lozier en 1895, para reconstruir la ciudad en su emplazamiento actual tras el terremoto de Concepcion, de 1835 que la destruyó por completo.

Es este orden el que le permitió a la ciudad, entonces, pasar de ser considerada una “ciudad dormitorio” a una ciudad administrativa, de alta actividad comercial, universitaria y completa en cuanto a servicios.

Hoy que ya se trabaja en el Plan Bicentenario, se apunta a parques de grandes extensiones, al mejoramiento de la infraestructura pública y espacios para el desarrollo de la cultura, sin embargo, aún no se ha abordado el tema de la preservación de lo patrimonial.

Por lo tanto, no se le ha identificado.

“Sin lugar a dudas que habrá más habitantes, porque todos los cambios que ha habido en Chillán y en la región seguirán atrayendo más gente. Lo ideal es que esta nueva transformación de una ciudad mediana a una capital regional, pueda mantener la calidad de vida que aún existe allí”, comenta el arquitecto.

En este punto, si bien hace referencia a la necesidad de generar una arborización de las calles y la importancia de desarrollar el Plan Regulador Comunal, aún pendiente, añade la necesidad de reconocer como identitaria aquellos barrios que aún se conservan desde 1939, con casas estatales de altos estándares constructivos y su articulación con las plazas, centros cívicos y otros hitos como la Estación de Ferrocarriles.

“Creo que no sería bueno que se permitieran edificios de más de seis pisos, para que se mantenga una buena relación con los árboles y no se genere una sobrepoblación de las calles y se mantenga la escala humana amigable que aún identifican a Chillán”, sugiere Bonomo.

Cronología de desastres

Desde su fundación en 1580 como bastión militar español durante la Conquista , Chillán ha debido ser refundada en cuatro ocasiones.

Sin embargo, no sólo la insurrección autóctona y los terremotos han generado estragos y forzando remodelaciones completas, sino que otras fuerzas de la naturaleza también han marcado a la ciudad.

Entre los más relevantes se cuentan la de los incendios de del 10 de octubre 1599 o el de febrero de 1655. En junio de 1679, fuertes temporales y la crecida del río Chillán destruyeron asentamientos completos.

El 23 de mayo de 1751, la ciudad es devastada por un terremoto y la posterior inundación del río Ñuble. Para el 21 de febrero de 1835 nuevamente la ciudad de Chillán es destruida por un terremoto y las autoridades deciden su traslado.

El antiguo emplazamiento comienza a ser denominado Chillán Viejo y hasta mediados de 1950, a la actual capital regional de Ñuble se le conocía como “Chillán Nuevo”.

El 27 y 28 de junio de 1850 otra devastadora inundación barrió con poblaciones completas.

Tras 89 años de tranquilidad, el 24 de enero, de 1939 ocurre el más terrible de los terremotos que han azotado a Chillán, dejando 30.000 víctimas fatales. Y para el terremoto de Valdivia, de 1960 (el peor del mundo en la historia moderna) también dejó estragos en las calles.

Finalmente, para el de febrero de 2010, se destruyó parte de la cárcel local, resultando una fuga de 254 reos y la necesidad de sacar el recinto del centro de la ciudad.

Hoy, no son los terremotos, ni las inundaciones, ni los incendios lo que tienen a la ciudad en crisis.

“Es una población que no consigue encontrar espacios adecuados para vivir, es la congestión vehicular que se ha hecho insoportable, es el aumento de edificios gigantes en el casco central, o la oscura entrega de un espacio como el Parque Schleyer para la construcción de viviendas”, dice el historiador, Alejandro Witker.

El docente y escritor añade que “si todavía no estamos tan colapsados como otras ciudades del país, de similar envergadura que la nuestra, es gracias a que se ha respetado lo patrimonial, y porque la planificación de 1839 por parte de Lozier, fue brillante. Lo malo es que el crecimiento que vino después, no estuvo planificado y la ciudad se desordenó”.

La ciudad que queremos

De fuerte militar, a ciudad rural y luego a comuna urbana, Chillán, siempre a la sombra de Concepción, era vista como “ciudad dormitorio”, frase que se repitió hasta principio de los 90.

“Pero hoy, las calles del casco histórico, al menos en la parte central, se convirtieron en negocios, oficinas, centros de salud, empresas u oficinas de gobierno, y las casas habitacionales empezaron a aparecer en la periferia, entonces, creo que la ciudad volvió a cambiar de carácter”, apunta el profesor Witker.

De 1939, las ideas urbanísticas de Le Corbusier, el ordenamiento territorial de Luis Muñoz Malushka o las ideas de Brunner, aún quedan edificios como el edificio central de la UBB, el edificio de la Gobernación-Correos- Patio Los Naranjos, Bomberos y las casas estatales edificadas en el sector norponiente del damero central.

El arquitecto Claudio Martínez, uno de los integrantes del primer consejo para el Plan Bicentenario 2035, plantea que “no podemos perder la escala humana, la condición de escala humana y amable para vivir, porque la calidad de vida es proporcional a la amplitud y al aprovechamiento de los espacios públicos”.

Si se trata de pensar en la ciudad que queremos, a juicio del profesional y servidor público no se puede perder lo patrimonial. “Se están demoliendo muchas casas para transformarlas en estacionamientos y mientras no salga lo del Prich, el riesgo de que esto siga ocurriendo seguirá presente. Espero que este plan avance en esa línea”, concluyó.

Felipe Ahumada

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