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Asociatividad y cooperativismo en Portezuelo: acuerdo de trabajo entre Comunidades Sustentables UdeC y EcoParras Spa

Portezuelo es una comuna ubicada en el Valle del Itata, perteneciente a la región de Ñuble, a poco más de media hora de Chillán, capital regional. Rodeado de plantaciones de eucalipto, viñedos, prados y montes, el pueblo de Portezuelo guarda tradiciones y prácticas culturales que se han mantenido por décadas en torno a la producción viticulturista, con cepas que no existen en otros territorios, herencias familiares de semillas, modos de hacer y la pasión por el vino.

“En el Valle del Itata hay aproximadamente 8.000 roles que tienen 4.000 propietarios, de ellos el 50% tiene propiedades de solo 1 hectárea, donde las viñas tienen producciones muy variables, que se podrían estimar en unos 5.000 kg/ha. En promedio, más del 90% de dicha producción se vende como uva y la vinificación es muy limitada por diversas razones. Con ello se ha creado un foco de pobreza importante, pues independiente del precio de la uva, los ingresos generados son insuficientes para una familia”, asegura el académico de la UdeC sede Chillán, Fernando Bórquez.

Bajo este contexto, Comunidades Sustentables entabla relación con la Asociación de Viñateros Ecológicos de Chile, EcoParras Spa; formada a fines de 2015 con la finalidad de comercializar la uva colectivamente y mantener una visión de servicio con sentido social, por lo que responder a las necesidades de la comunidad hace parte de sus preocupaciones.

La figura de asociatividad cobra relevancia en las reuniones sostenidas entre Comunidades Sustentables y EcoParras, como una manera de combatir la situación desventajosa en la que se encuentran los pequeños productores, por cuanto dialogar en torno al tema es la primera acción que surge del itinerario de trabajo, construido en base a las necesidades de las y los representantes y productores de vino de Portezuelo y Lucomávida en el Valle del Itata.

“No teníamos una idea a priori de esto, sino más bien acciones que debíamos realizar y que las acomodamos a los acuerdos que salieron de estas conversaciones. Desde allí se generó una propuesta de trabajo que incluye estos dos talleres para productores de vino de Portezuelo y Lucomávida”, afirma María Fernanda Morales, coordinadora de vinculación UCO2195.

Es así como se llevan a cabo dos talleres en la biblioteca municipal de Portezuelo: el miércoles 26 de octubre el taller “Asociatividad en viñateros de Portezuelo, Valle del Itata: investigaciones y datos asociados a su producción” relatado por el académico UdeC sede Chillán, Fernando Bórquez y el miércoles 02 de noviembre el taller “Figuras de formalización legal en Chile: asociatividad y cooperativismo”, esta vez, relatado por la Cooperativa Araucanía Hub de Temuco.

El objetivo de los talleres consiste en entregar nociones generales de asociatividad a través de la figura de las cooperativas, las cuales se entienden como herramientas que fomentan la economía colaborativa, así como también aportan en el recorte de brechas sociales para pequeños productores. Experiencias que en Europa se han desarrollado con éxito en territorios con condiciones de mercado similares a las del Valle.

Dichas instancias fueron organizadas por el proyecto Comunidades Sustentables UCO 2195 de la Universidad de Concepción junto a EcoParras Spa. Además, contó con la participación de la Escuela de Agronomía, Ingeniería Agrícola, la Escuela de Administración y Negocios, y la unidad de Extensión y Vinculación con el Medio UdeC Chillán, así como con el apoyo de la unidad de Fomento Productivo de la Municipalidad de Portezuelo y la Biblioteca Municipal de Portezuelo.

“Si no nos ponemos de acuerdo, yo creo que no tenemos un buen futuro, eso está super claro. Y creo que una de las misiones de los que estamos a la cabeza de esto es ver cómo convencemos a la gente de trabajar de forma asociativa y cómo también nosotros traemos a la academia, a las universidades, para que nos apoyen, pero no que vengan a buscar un recurso para generar un proyecto y dejarlo en la academia, sino que veamos cómo lo insertamos en la comunidad y resolvemos los problemas. Si nosotros no somos capaces de hacer eso como grupo, no veo un buen futuro” dice Patricio Bustos, representante encargado de EcoParras.

La asociatividad, entonces, se refiere a un grupo de empresas que de manera voluntaria participan de un esfuerzo colectivo con objetivos comunes y definidos, para lo cual es imprescindible que compartan principios y se complementen, de manera que todos aporten en la misma medida y puedan también obtener beneficios de la asociación.

“El trabajo asociado les presenta una proyección de mediano y largo plazo, permite desarrollar programas de sustentabilidad, con asesoría profesional, utilizando y procesando en conjunto los subproductos, acceder a nuevas tecnologías, etc., lo que difícilmente se podría hacer eficientemente en forma individual”. Fernando Bórquez, académico UdeC Chillán.

Un cooperativismo moderno mantiene las bases del cooperativismo de siempre, es decir que cada cooperado/da tiene un voto, existe una igualdad de condiciones en la que nadie está por encima de otro/a. Sin embargo, el manejo gerencial o administrativo de la cooperativa está actualizado, hay una profesionalización del sistema.

Quien administre la gerencia de la cooperativa posee las competencias para ello, maximizando las actividades de la organización, ya no solo se vende, sino que también se compra, se presta servicios y se saca el mayor provecho posible de la línea productiva. Hay un manejo económico, administrativo y financiero que apoya a la organización y eleva su espectro productivo.

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