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Expansión inmobiliaria y tacos

La preocupación y molestia de la ciudadanía por la mora de décadas en un aspecto tan relevante para la calidad de vida, como es la conectividad y la relación inversa entre el crecimiento del parque automotor y la expansión inmobiliaria y la construcción de soluciones viales capaces de responder a esa dinámica, ha vuelto a ocupar un lugar prioritario en la agenda local ante el anuncio de la construcción de un nuevo condominio de departamentos de alta densidad habitacional, en el sector oriente de Chillán. Se trata de 16 torres que albergarán 420 departamentos en calle Cataluña, a pocas cuadras de avenida Los Puelches, una arteria que apenas soporta el tráfico actual y continúa a la espera de su ensanchamiento que fue anunciado hace más de una década, pero aún no se concreta. Lo mismo ocurre en Parque Lantaño, donde las limitaciones a la movilidad son ampliamente conocidas y donde próximamente serán inaugurados dos grandes condominios que suman 470 departamentos.

Tal como lo expusimos en la Edición Domingo, enfrentar esta problemática es una tarea difícil y de largo aliento, que requiere de voluntad política, financiamiento, participación de los actores privados y mucha paciencia de la ciudadanía, aunque cuesta pedir paciencia a quienes han llegado al extremo de tardarse 45 minutos en recorrer los 5 kilómetros que separan el hogar de su lugar de trabajo, como ocurre con aquellas personas que viven en el sector oriente, a estas alturas un caso de estudio de la vulnerabilidad social acentuada por una mala planificación residencial.

Es evidente que el crecimiento demográfico de Chillán está presionando cada vez más por el uso de suelo para el desarrollo de proyectos inmobiliarios, lo que se ha traducido en un crecimiento en proyectos de altura, como también de viviendas que han extendido el límite urbano de la ciudad, con los costos que ello significa en tiempos de desplazamiento y calidad de vida. También hay bastante coincidencia en que este complejo escenario es el resultado de la ausencia de instrumentos de planificación, pero también del triunfo de las consideraciones económicas por sobre las urbanas.

No cabe duda, entonces, que nos encontramos ante un desafío mayor, no solo en lo inmediato, sino que considerando el desarrollo de la comuna en los próximos 20 o 40 años, pues en caso contrario los proyectos que hoy se ejecuten pueden quedar pronto obsoletos, lo que obligaría a realizar nuevas obras y a la larga mayores costos, no solo económicos, sino que sociales.

Para una ciudad que estuvo 20 años con un Plan Regulador obsoleto y lleva otros 10 con un instrumento que corrió la misma suerte, quizá sea mucho pedir explorar nuevas fórmulas de gestión urbana, pero desde estas páginas no dejaremos de alentar un debate político, técnico y social que mejore sustancialmente la urbanización que se ha practicado en Chillán, ya que su modelo -si es que realmente hay uno- ha sido claramente deficiente en términos de sostenibilidad económica, social y ambiental.

Como puede apreciarse, la ciudad está ante una gran disyuntiva en materia de desarrollo urbano: o apuesta por políticas de largo plazo, o implementa soluciones que si bien pueden mejorar la situación actual, dentro de 5 o 10 años aparecerán nuevamente como un problema. Bien lo sabemos, una mala planificación -o peor que eso, su ausencia- puede dañar irremediablemente elementos positivos y a veces muy frágiles de una ciudad como la nuestra.

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