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“Queremos cambiar las residencias grandes por otras de carácter familiar”

Para quienes no están familiarizados con la realidad que se vive en el interior de las residencias asociadas a la red Sename, se debe dejar en claro que el antiguo concepto, quizás hasta romántico, de los hogares de menores como los describían Dickens o Twain en sus célebres cuentos de huérfanos en busca de una mamá, definitivamente ya no existe.

La droga y los ultrajes sexuales a los que muchos de ellos fueron sometidos por largo tiempo, “han hecho que hoy la realidad de estos niños sea mucho más compleja de tratar. Esto ya requiere de especialistas, de proyectos, recursos y el apoyo transversal de ministerios”, dice la trabajadora social, Carolina Tapia, directora regional del Sename.

Hoy en Ñuble hay cerca de 3.200 menores que son usuarios de la red Sename, aunque la gran mayoría son solo parte de alguno de los 43 programas de atención ambulatoria que ofrece este Servicio Nacional, por lo que se trata de menores que siguen al cuidado de sus familias, y no del Estado.

Pero 150 de ellos, sí debieron ser integrados a algunas de las residencias asociadas al Sename (que aún no cuenta con su propio establecimiento en Ñuble), y en el 87% de los casos, se les ingresó por orden del Tribunal de Familia de Chillán, luego de que los trabajos de despeje familiar, es decir, la búsqueda de algún adulto responsable dentro de sus ramas familiares, sencillamente no prosperara para ellos.

Esta decisión, por lo tanto, se toma luego que se constate que para el menor sea un riesgo evidente seguir en sus casas por ser víctimas de delitos sexuales, por su adicción a las drogas, estado de abandono o por violencia intrafamiliar.

Comenzar en el 2020

Este complejo escenario deja casi obsoleto aquellos sistemas de los grandes albergues con muchos niños al cuidado de educadoras con competencias limitadas, razón por la que para el 2020 en el Sename esperan hacer andar un proyecto que supondrá un cambio radical de este modelo.

“La idea es capacitar a los educadores de trato directo para que ellos tengan más competencias y efectividad, deberán saber sobre contención, manejo farmacológico, inteligencia emocional, con habilidades blandas especiales”, apunta la directora.

Para esto, ya se trabaja en conseguir el apoyo de alguna institución que los capacite en lo metodológico, para buscar luego fondos regionales o de algún otro ministerio”.

“La idea es que las educadoras no solo sean las mamás, sino que sea un adulto significativo capaz de hacer una reparación en estos niños que vienen más dañados”.

Para que esto se cumpla, se debe realizar un cambio en lo estructural que significará un reemplazo en los modelos de las residencias actuales.

“Necesitamos que el niño que llega a la residencia, no pierda su derecho a desarrollar una vida en familia, con adultos significativos que los cuiden y les entreguen cariño, se preocupen de su rendimiento en clases, que los haga jugar, cumplir horarios y todo lo que hace una familia normal. Y eso no se consigue en esas residencias grandes con muchos niños y pocos cuidadores, porque todo se torna impersonal para ellos”, apunta la trabajadora social.

La propuesta es cambiar el modelo por más residencias, pero de menor tamaño en las que se pueda desarrollar un acontecer y una dinámica familiar real, y que del punto de vista estructural, el niño tenga sus propios espacios.

“Algunos CREA ya se están reconvirtiendo, como por ejemplo, el de Concepción, que será convertido en cinco residencias independientes y de ambiente familiar”, apunta Carolina Tapia.

La compleja salud mental

El pasado lunes, LA DISCUSIÓN, reveló la complejidad que resulta para una residencia local, el que el Juzgado de Familia, les haya enviado a un menor con un daño siquiátrico grave. Desde los nueve años (hoy tiene 11) ha violado y abusado sexualmente de muchos otros menores, imitando lo que su padre solía hacer con él y sus hermanas.

“En casos así de graves, el Sename sí puede contratar los servicios de especialistas infanto juveniles. Pero la idea es que cuando este niño o adolescente egrese, deba seguir en la red de salud pública”, aclara.

Pese a que hoy se ha trabajado en otorgar mayores subvenciones para que cada residencia pueda ocupar esos recursos en programas de salud mental, Carolina Tapia apunta que “los problemas de salud mental son un factor que afecta severamente a todo Chile, en ningún caso es algo puntual en el Sename, pero al menos, nosotros estamos trabajando por mejoras”.

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