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Jóvenes ñublensinos relatan la fase más oscura del Covid-19

Mauricio Ulloa

La realidad epidemiológica actual del Covid-19 ha reflejado que las personas menores de 59 años son quienes, en su mayoría, están ocupando las unidades de Cuidados Intensivos, a diferencia de lo que ocurría en periodos anteriores de la pandemia, cuando eran los adultos mayores quienes sobresalían en los registros de hospitalización por el virus. Se trata de un cambio en la tendencia, que se explicaría por la masiva vacunación que se inició en el país en febrero pasado y que puso en primera fila a este último grupo etario, que hoy está más protegido frente a la pandemia.

No han sido días fáciles para la familia de Ricardo Patricio Orellana Cáceres, quien desde el 17 de marzo se encuentra internado en el hospital de Chillán a causa del coronavirus. Ya superó la etapa más crítica de la enfermedad y a partir del lunes recién pasado está en el servicio de Medicina, donde está tratando de recuperar su vida, dando sus primeros pasos tras una larga batalla en la unidad de Cuidados Intensivos conectado a ventilación mecánica.

Su esposa Nancy Moraga (34) ha recuperado poco a poco la tranquilidad, porque su marido ha dado señales de mejoría, tras pasar por la fase más oscura del virus con altos y bajos. Ella también fue afectada por la infección al igual que sus tres hijos de 6, 8 y 12 años, quienes experimentaron síntomas leves y cumplieron cuarentena en su hogar.

“Está sin oxígeno desde el día lunes en Medicina Interna, porque encontraron que estaba evolucionando bien. Que haya salido de la UCI para nosotros es un alivio y lo máximo, porque de ese lugar es salir con vida o muerto, o sea, no hay más opciones. Pero ahora empieza la rehabilitación con kinesiólogo y fonoaudiólogo. Es un largo camino, pero con trabajo él se va ir recuperando de a poco”, comentó.

Nancy recordó que fue un golpe duro asumir el ingreso de Ricardo a la UCI, ya que tenía miedo de perder al hombre, oriundo de San Nicolás, a quien eligió hace 11 años para conformar un hogar. A sus 34 años, nunca antes se había enfermado de gravedad y se caracterizaba por ser un hombre sano. Esforzado y pilar de la familia, hace 8 años se desempeña como conductor de buses, viajando de norte a sur con intensas rutinas, en las que era capaz de trabajar extra para llevar el sustento a su hogar. Su esposa pensó que allí se pudo haber contagiado, pues, dijo, que durante su tiempo libre permaneció en casa, disfrutando de los suyos como de costumbre.

“Es demasiado horrible la experiencia, los días fueron muy angustiantes, porque era todo incierto y yo pensaba en mis tres hijos pequeños. Él estaba más expuesto al virus por su trabajo, porque él se contagió ahí. Ojalá hubiésemos sido asintomáticos. Fue fuerte y lo tiró de una vez a la cama. Acá también se contagiaron mis hijos y yo, estábamos con el miedo de caer en el hospital, pero tenía que sacar fuerzas por ellos. No podía caer. Gracias a Dios, ellos estuvieron muy pocos días con la enfermedad, pero tuvieron todos los síntomas”, relató.

Desde su círculo cercano reconocieron que la experiencia vivida por Ricardo demostró que nadie está a salvo del virus, ya que éste no distingue edades.

“No tenía enfermedades previas y nunca ha sido operado. Mi esposo siempre estuvo bien. Es alto y sí estaba pasado en un par de kilos, pero nunca había tenido un problema de salud. Quizás su peso, como decían los doctores, lo habría perjudicado un poco”, manifestó su esposa.

Si bien a Ricardo le queda un largo camino de rehabilitación, Nancy valoró las acciones de todas aquellas personas que permitieron que saliera de su condición crítica y que apoyaron a la familia de diversas maneras.

“Quiero agradecer a muchas personas, porque no nos hemos sentido solos. A quienes han orado y lo siguen haciendo hasta que él se recupere. Hemos sentido ese apoyo, gracias a esas cadenas de oración que se han realizado en su nombre”, destacó.

En circunstancias que la pandemia se expande sin tregua y con infectados cada vez más jóvenes que llegan a la Unidad de Paciente Crítico, Nancy expresó un mensaje. “Les diría que tomen consciencia porque esto verdaderamente es grave. La gente en Ñuble no toma consciencia, han subido demasiado los casos. No saben lo angustiante que es esta enfermedad y tener a un ser querido en la UCI. No porque sean jóvenes, no les va a pasar nada. No hay que tomárselo a la ligera, porque no todos los cuerpos reaccionan de la misma manera. Nosotros no fuimos asintomáticos, fuimos más que eso y realmente se pasa muy mal”, enfatizó.

“Creía que me iba a morir”

El 22 de diciembre Cristian Concha, de 36 años, ingresó al Hospital Herminda Martín tras presentar complicaciones respiratorias derivadas del Covid-19, que le había sido notificado días anteriores. Permaneció 21 días internado en el centro de salud, de los cuales siete fueron conectados a un respirador artificial, padeciendo la experiencia más crítica que provoca el virus.

Recordó que antes de ser trasladado a la UCI pudo comunicarse con su familia, y sintió ese momento como una despedida, pues no creía que volvería a estar junto a sus pequeños de 12 y 3 años y medio, ni tampoco estaría para el nacimiento de su tercer hijo.

“Alcancé a llamar a mi señora para decirle que cuidara a los niños. Mi señora tenía 7 meses y medio de embarazo, pero la verdad yo creía que me iba a morir, por supuesto tenía la esperanza de poder regresar, pero recuerdo que momentos previos escuché perfectamente decir al doctor ‘hay que intubar a este joven porque si no se muere’”, dijo.

“El médico y enfermeras hablaron conmigo, me explicaron lo que venía, que me tenían que dormir porque era la única forma de tener una posibilidad de recuperarme y para eso mis pulmones debían descansar, porque estaban colapsados por la neumonía. Les di la mano y les pedí que me despertaran porque tenía a mi hijito en camino y tenía dos hijos más”, agregó Cristian.

Estuvo conectado a ventilador mecánico del 23 al 30 de diciembre. Despertó desorientado, sin poder recordar algunas cosas, lo que se extendió por al menos dos semanas. “Me contaron que intentaron despertarme tres veces pero lo hacía un poco agitado, todos tienen un despertar abrupto, algunos se tratan de sacar los tubos porque uno despierta con el tubo aún puesto y es una sensación terrible, aunque te digan que te tranquilices uno no lo soporta. No recordaba mi número de teléfono ni el de mi señora”.

El poder comunicarse nuevamente con sus seres queridos, tras vivir un evento traumático por el coronavirus, fue lo más esperado para Cristian.

“Como a los dos días de despertar una enfermera me llevó un teléfono para hablar con mi familia, solo pude mover la manito, porque tampoco podía hablar. Cuando los pude ver fue el momento más feliz de todo este proceso, ver a mi señora, a mis hijos chiquititos, después llamé a mis papás”, destacó, agregando que el 10 de enero recibió el alta médica, y pudo volver a su hogar.

“Esto cambia las vidas de las personas, cuando uno se entrega que te dicen que te van a intubar no sabes si vas a volver. Hay personas que estaban conmigo internadas y unos fallecieron, otros se salvaron, uno nunca sabe qué es lo que va a pasar”, añadió.

A raíz del Covid perdió cerca de 20 kilos de peso, sin embargo, aseguró que su proceso de recuperación fue rápido, y en su domicilio recibió durante dos semanas terapia kinesiológica y fonoaudióloga para tratar las secuelas de la enfermedad.

“Los primeros días apenas daba 3 o 4 pasos y sentía como si hubiese corrido una hora. Aún no recupero la voz totalmente, pero podría decir que en 85% la tengo bien, al principio uno habla súper distinto y con un tono de voz bajito”, comentó.

Cristian lamentó que, pese a que siempre fue cauteloso con los cuidados para evitar el contagio y no padecer enfermedades de base, haya sufrido los embates del Covid, y no sólo él, sino que sus padres también resultaron contagiados.

“Desde el primer día estuvimos súper conscientes en mi casa de la enfermedad, nos cuidamos hasta el último día, super responsables con el tema de la mascarilla pero esto es que en cualquier lugar y momento estamos expuestos. Fui a saludar a mis papás después de meses y justo que mi papá por estar trabajando en el hospital como auxiliar de servicio estaba expuesto y había dado positivo, entonces somos frágiles y en cualquier minuto le puede pasar a cualquiera”, aseveró.

“Mi llamado es a la gente más joven, a que tenga conciencia de lo que está pasando. Esto fue muy duro para la familia porque en el hogar de mi papá nos contagiamos todos, yo estuve a punto de morir, mi papá estuvo delicado, falleció la persona que mi mamá cuidaba, entonces hay hartas cosas que el coronavirus en los hogares que llega deja una marca. Un llamado a la conciencia a quienes aún pese a todo lo que está pasando creen que a ellos no les va a pasar”, cerró.

Instrucciones finales

Israel Pinto, de 45 años, cree que contrajo el Covid-19 tras realizar la compra de repuestos automotriz en la ciudad de Chillán. Cuando fue notificado como Covid positivo, de inmediato solicitó ser trasladado a una residencia sanitaria para evitar contagiar a su núcleo familiar, pero ya era tarde porque el virus había llegado a su hogar, en el sector Chillancito, comuna de Quillón.

“Pensé que era el único contagiado en mi casa, pero dejé contagiados a mis suegros, mi señora, mis mellizos, a la hija de mi señora y su yerno. Todos tuvieron síntomas leves”, dijo.

En la residencia sanitaria en el hotel Quinchamalí empeoraron los síntomas de Israel, por lo que fue derivado hasta el hospital de Chillán, ingresando rápidamente a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). “Estaba muy mal, me faltaba el aire y me costaba mucho respirar, y lo otro es que saturaba muy bajo entre 50 y 60”, recordó.

Se sintió mal física y anímicamente, hasta el punto de dar instrucciones en caso de que no lograra superar el Covid. “Cuando estaba en la UCI, pensé que no volvía, incluso hablé con una hermana, diciéndole que, si me llegaba a pasar algo, no quería que me llevaran al cementerio de Bulnes, quería quedarme en Quillón para que algún día mis hijos me fueran a dejar una flor”, expresó.

Sus mellizos, que tenían en ese momento dos años de edad, fueron el motor que lo motivó a luchar para volver a casa. Estuvo cerca de ser intubado, pero su buena evolución con la cánula de alto flujo evitó esa situación.

“Cuando estaba en la UCI el mismo doctor me daba ánimo de que saliera adelante por mis hijos y mi señora. Conversó conmigo que podrían intubarme pero que harían lo imposible para no hacerlo, así que cada dos horas me daban vuelta para que durmiera boca abajo, estaba con catéter para las inyecciones, suero, estuve con cánula de alto flujo. La atención que tuve en Chillán fue maravillosa”, destacó Israel.

Permaneció cerca de 20 días en la UCI, y tras mostrar mejoría fue derivado de vuelta a la residencia sanitaria donde tuvo asistencia médica y kinesiológica durante 14 días, y posteriormente recibió el alta médica.

“Para mi señora todo esto fue muy fuerte porque estuvo que estar al cuidado de los niños teniendo Covid, atenderlos. Estar preocupada de su hija que también estaba en una residencia sanitaria, la preocupación de ella fue grande, estando yo en la UCI. Cuando llegué a la casa ella estaba destrozada porque el peso que se llevó fue muy fuerte”, agregó.

Rescata algo positivo de esta situación amarga que le tocó vivir, y fue la unión familiar. “Antes de esto estábamos todos desunidos, los hermanos cada quien por su lado, o años que no nos hablábamos, entonces esto como que nos unió porque tuve mucha ayuda de mis hermanos y familia cercana”, sostuvo.

Cuando se consigue a personas incrédulas ante los riesgos y peligros del Covid-19, Israel relata su testimonio para crear conciencia e implementen las medidas preventivas, y así puedan cuidarse y proteger a los suyos.

“Por favor cuídense porque hay una familia detrás, ellos pueden ser asintomáticos pero hay mucha gente a la que pueden infectar, y a los no creyente no sé cómo hacerlos entender porque son muy porfiados, y les he dado entender con mi historia a quienes no creían que si no toman los protocolos podemos pasarla muy mal”, enfatizó Israel.

Texto: Susana Núñez / Antonieta Meleán

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