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Impulso fiscal

El intendente Martín Arrau dio a conocer el miércoles los alcances de la agenda de aceleración económica impulsada por el Gobierno. En términos simples, esta iniciativa significa que el Estado va a gastar más, con el objetivo de ayudar a la recuperación de la economía regional.

Para Ñuble significará una inversión fiscal de 44 mil millones de pesos, con un fuerte énfasis en la construcción de soluciones habitacionales. De hecho, Ñuble recibirá la mayor inversión per cápita del país en esta materia, con un total de 2.093 nuevas viviendas. Además, hay considerados $2.500 millones para obras de desarrollo urbano en Quirihue, El Carmen y Ninhue, $4.700 millones para puentes y caminos, faltando aún conocerse la contribución que hará Agricultura.

Como puede verse, la apuesta es a que la construcción sea el sector que impulse la economía regional, lo que según cálculos oficiales equivale a la generación de 2.093 empleos directos, una cifra no menor si se toma en cuenta que en Ñuble, los últimos 12 meses, se crearon solo 1.176 empleos netos.

En teoría, se trata de un enfoque adecuado para el aumento del gasto fiscal, tanto por su alcance social al solucionar problemas habitacionales de miles de familias, como por el “chorreo” que se produce a otros sectores de la economía. De hecho, se estima que la inversión en vivienda generará otros 4.186 empleos indirectos.

Sin embargo, hay que tener muy presente que aunque se trata de un positivo anuncio -que habrá que seguir con especial atención, especialmente sobre cómo operará para concretar en el corto plazo sus buenas intenciones- los estímulos fiscales no curarán el rezago que muestra nuestro territorio, cuyos indicadores de pobreza, desempleo y bajos salarios son de los peores del país. Servirán de calmante, pero no solucionan el problema.

Desde hace 50 años Ñuble crece menos y a un ritmo más lento que el resto del país, y el principal factor radica en la vulnerabilidad de su matriz productiva. Ella está caracterizada por actividades con bajo nivel de agregación de valor (forestal y agricultura), por lo tanto, con mano de obra escasamente calificada y con bajos salarios, lo que si bien genera riqueza para algunos, también hace muy vulnerable a la Región.

En ese sentido y tratando de imprimir optimismo al análisis, hay que concentrarse en el futuro y en mirar los desafíos que la zona tiene por delante para mejorar su desempeño en los próximos años. En tal sentido, se deben aumentar los esfuerzos para apoyar los emprendimientos desde el Estado, y también para fomentar la innovación, de manera de agregar mayor valor a la producción.

La nueva Región está obligada a avanzar por un camino de esfuerzo, pero no se puede pretender que el emprendimiento y la innovación emerjan solos. Debe existir un decidido apoyo gubernamental que genere un ambiente favorable para ello, que le permita a los emprendedores -grandes, medianos y chicos- crecer y enfrentar la dura competencia que existe en los mercados interno y externo.

Es muy difícil generar riqueza desde la pobreza, y lo es más aún cuando históricamente el Estado ha estado ausente de un territorio. Es por ello que un primer requisito de éste y cualquier otro plan de estímulo fiscal debe ser su aplicación descentralizada y un trato preferente para poder emparejar la cancha.

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