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Ejercicio democrático

En todo Chile se desarrolla mañana un histórico plebiscito constitucional, marcado por la crisis sanitaria del coronavirus y en el que el principal reto es evitar que el miedo al contagio desaliente el voto a favor o en contra de derogar la actual Carta Magna, escrita durante la dictadura militar.

La campaña ya de por sí es inédita porque es el referéndum más importante desde el que decidió el fin del régimen de Pinochet en 1988, pero la pandemia le ha añadido un grado de singularidad: no hubo grandes concentraciones, el volanteo y el puerta a puerta estuvieron restringidos y la propaganda se concentró básicamente en las redes sociales y en una franja televisiva que muy pocos vieron y que estuvo muy lejos de empatizar con la población sub 35 que finalmente es la gente que estuvo en la calle, hizo entrar en crisis el sistema el año pasado, como también lo hizo el 2011 y el 2006. Es la gente joven la que ha ido empujando el cambio en las tres grandes crisis que ha tenido el país desde el 2003 en adelante y prácticamente no estuvieron en la franja, lo mismo que las regiones y la problemática del centralismo y las inequidades territoriales.

El plebiscito, que iba a celebrarse el 26 de abril pero fue aplazado por el coronavirus, plantea además otra pregunta: si el órgano encargado de redactar el nuevo texto debe ser una asamblea formada solo por ciudadanos electos, o integrada también por diputados.

De ganar la opción del “Apruebo”, la elección de los constituyentes se realizará en abril y la nueva Constitución -que debe redactarse en un máximo de un año- se ratificará en otro plebiscito, con voto obligatorio.

Redactada en 1981 y reformada decenas de veces, la actual Constitución es vista por gran parte de la sociedad como el origen de las desigualdades que aquejan al país por su corte neoliberal, por eso el plebiscito es una de las principales apuestas políticas para desactivar la grave crisis social que estalló en octubre del año pasado. Por eso la principal duda no es el resultado, pues la mayoría de las encuestas dan por ganadora la opción Apruebo, sino la baja participación: nuestro país tiene una de las abstenciones más bajas de Latinoamérica, que desde se estableció el voto voluntario en 2012, ha fluctuado entre el 35% y el 49% aproximadamente, una situación que podría agravarse por la pandemia, pese a los protocolos y medidas que se han adoptado para generar condiciones de higiene adecuadas para que toda la población pueda concurrir de modo seguro..

Es hora de asumir que, aún en circunstancias adversas, se trata del ejercicio democrático más importante desde el retorno a la democracia y, por tanto, todos debiéramos entender que nada cambiará si los ciudadanos asumen un papel pasivo y dan un paso al costado ante el acto electoral. No habrá cambio sin participación. Tampoco habrá un nuevo pacto para convivir y relacionarnos como sociedad, ni redefinir el rol del Estado, del mercado, los poderes presidenciales y los derechos sociales. Y nada de esto se producirá sin el necesario compromiso cívico de ciudadanos y ciudadanas a votar mañana. 

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