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Terremoto educacional

Al drama educativo en Atacama algunos lo han calificado de terremoto educativo. En cierta medida esa calificación es atinada, sin embargo, es necesario subrayar que este sismo no es obra de la naturaleza. Es una obra humana: lo han hecho individuos concretos.

En efecto, la mala gestión de los ejecutivos del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) es la causa inmediata del drama que están viviendo más de 30.000 estudiantes. También tiene responsabilidad el equipo central de los SLEP. No son ni el azar ni un acontecer nefasto que la naturaleza haya provocado los responsables de la mega crisis que afecta a tantos niños y jóvenes. Además es necesario subrayar que también hay una gran responsabilidad en los legisladores que crearon y aprobaron la Ley 20.845. En este cuerpo legal se prohibe taxativamente la creación de colegios subvencionados “a menos de que exista una demanda insatisfecha por matrícula”, con lo cual los estudiantes hoy afectados no tuvieron ni tienen alternativas para cambiarse de centros educativos. Claudio Sapelli, académico del Instituto de Economía de la PUC sostiene al respecto que esta ley “levanta evidentes barreras a la entrada de nuevos colegios, quitando una presión que tenían los colegios municipales a hacerlo bien, para evitar que un colegio particular subvencionado los desplazara. Este problema es posiblemente más grave en el caso de Atacama, donde, a diferencia del resto del país, seis de cada 10 estudiantes están «presos» de la educación pública”.

La reconstrucción de este devastador terremoto educacional es compleja y es necesario abordarla en coherencia con la magnitud que los hechos exigen, sin mezquindades.

En específico, no se puede dilatar la definición de una estrategia pedagógica individual para ayudar a cada uno de los estudiantes. Acá la restauración de los aprendizajes y la reparación de los déficit de los aspectos humanos integrales exigen un acompañamiento o tutoría personalizada, que acompañe los procesos grupales para cada curso. Ningún estudiante puede ser dejado atrás.

Es conveniente señalar que debido a su magnitud, en este desafío el SLEP de Atacama no puede actuar solo, porque el requerimiento de capacidades excede lo que podría proveer por sí solo este Servicio Local de Educación. Esto indica que es deber del Ministerio de Educación poner en marcha un plan ad hoc que se haga cargo de la emergencia, nombrando un responsable del equipo que se haga cargo. Por ejemplo, así como en instancias de cierre de instituciones de educación superior se nombra un Administrador, en este caso tendría que ocurrir algo semejante pero con la misión de reconstruir. Asimismo, no se puede postergar una revisión al diseño del funcionamiento de los SLEP y tampoco se puede demorar una rectificación a los aspectos legales que impiden a las familias y a los alumnos tener amplias alternativas educacionales.

Por otra parte, debemos precisar que si no se establece una instancia transparente de fiscalización y rendición de cuentas, crecerá la desconfianza en que los alumnos puedan recuperar los aprendizajes de los que injustamente se les ha privado.

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