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“Romerito” dijo adiós dejando una huella imborrable en Ñublense

“Recuerdo que acompañé a mi amigo Sergio Bronthe a probarse a Ñublense, porque el técnico Martín García buscaba jugadores para un partido con Bata de Peñaflor e hizo una prueba en Santa Laura. Me preguntó si quería probarme, yo no llevaba ni short ni zapatos, me pasaron todo, me probé y quedé y mi amigo no. Me dijeron cuánto quieres ganar y dije 200 pesos. García dijo ‘ni yo gano eso’. Firmé por 75 pesos al final”.

Así relataba Óscar Romero, “Romerito”, la anecdótica manera en la que recaló en Ñublense en 1959 para vestir la roja del club chillanejo hasta 1966, proveniente de la Población Javiera Carrera de Santiago, con fama de boxeador y “bueno para los combos”.

Ese recuerdo y otros más, hoy cobran vida, más que nunca, tras su dolorosa partida a los 85 años, después de batallar contra una crisis respiratoria aguda y agresiva que le generó el Covid-19 y que lo mantuvo dos semanas batallando en el Hospital de Chillán.

“Sabemos que nuestro padre está descansando y que había luchado mucho. Lo amamos por siempre y seguirá en nuestros corazones con su legado”, comentaron sus hijos Carolina y Juan Patricio, dos de los ocho que tuvo “Romerito”.

Inolvidable

“Era mi amigo, mi compañero en ese Ñublense, donde me recibió como un hermano. Un luchador, que jugaba con una garra terrible. La gente lo quería mucho por eso. Era incansable y no se achicaba ante nada. Una pena. Se están yendo todos los de mi época”, lamenta triste Rómulo Oses, su compañero entre 1963 a 1965.

El aguerrido ex lateral derecho protagonizó sabrosas anécdotas defendiendo la casaquilla del Rojo y antes de radicarse en Chillán para siempre cómo funcionario municipal.

El 18 de septiembre de 1961 le sacó dos muelas de un puñetazo al paraguayo Figueredo, quien previamente le había enterrado dos “toperoles” en su canilla derecha.

“Después se encontraron en una posta y ‘Romerito’ le dijo: “¿Viste que no eras tan guapo?”, recordó en el libro “Ñublense: 100 Años de Pasión”, el otrora portero Luis Venzano, quien recibirá en el cielo a su amigo Óscar, junto a otras leyendas que partieron antes cómo Luis Pérez, Esaú Bravo y Esaú Bravo.

En los 60’ también volteó de un combo al jugador Manosalva de Huachipato, pero cuando llegó a defenderse al Tribunal de Disciplina, dijo que reconocía que había agredido a ‘Mansalva’.

“Recuerdo que en las prácticas de los jueves me decía ‘mira negrito, te voy a dar una pasada por tiempo para que me desbordes y dejes una buena impresión, pero si me empiezas a desbordar en velocidad, te voy a pegar una chuleta y te dejaré colgado en la reja olímpica del estadio”, evoca emocionado Rómulo Oses.

También se le recuerda vistiendo sus camisas rojas con terno, su talla a flor de labios y choreza de barrio para jugar. Y aquella jornada del debut de Ñublense en el fútbol profesional en 1959, cuando Romero, por salir a dar una vuelta, se perdió en el centro de Santiago, ya que conocía solo de Estación Central hacia abajo. “Sabe dónde está el restaurante ‘La Nutria’, preguntó ‘Romerito’, a una pareja de carabineros, cuando en realidad, quiso decir “Nuria”.

“Si uno tuviera un milímetro de su corazón”, solía decir Venzano, quien reveló que cuando visitó la casa de José Borello en Argentina, uno de los cracks argentinos que jugó en Ñublense, descubrió una foto de Óscar Romero en su habitación, la que el astro argentino justificó con la siguiente reflexión. “Ese jugador nunca lo pude olvidar, se me metió en la piel. Era bravísimo”.

La historia de “Romerito” con el club de sus amores culminó en 1966 con la llegada del técnico Caupolicán Peña, quien le bajó el pulgar y ordenó su finiquito.

Sin club ni trabajo, se vio obligado a pedirle empleo al alcalde de la época, Abel Jarpa, ex presidente de Ñublense, quien lo incorporó como trabajador de la Dirección de Aseo, donde trabajó hasta jubilarse para vivir de los recuerdos gastados de su querido Ñublense.

Los hinchas del Rojo lloran su partida, pero reconocen en él a un gladiador que dejó una huella eterna.

Los restos de Óscar Romero Marchant están siendo velados en la Catedral de Chillán y sus funerales se realizarán este domingo a las 16.30 en el Cementerio Municipal, donde descansan los restos de su esposa y padres, tras una misa a las 15.00 horas en la Catedral.

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