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Pelea por dosis de pasta base deja fallecido y un preso preventivo

Se suele decir en las campañas preventivas sobre el consumo de drogas, se frecuenta advertir que quienes caen suelen terminar o enfermos, en la cárcel o muertos. Y en ocasiones, todas ellas.

Y este fin de semana   una pelea en una cancha de fútbol, ubicada en la  P o blación Vicente Pérez Rosales, por problemas de consumo de drogas, dejó a una persona fallecida y a otra en prisión.

“Mi hijo nunca tuvo problemas con la  j u sticia, no ha estado nunca preso, era tranquilo y apenas supo que el joven había fallecido, decidimos que se tenía que ir a entregar”, relató Adela Hernández, madre de Sergio Oyarce, un adicto a la pasta base, de 35 años, imputado confeso de haber apuñalado en el pecho a Eduardo Betancourt Farías, cerca de las 18 .00  horas del sábado.

Testigos   del incidente   explicaron que ambos se trenzaron en una discusión por unas papelinas de pasta base . Al  parecer   uno le había robado al otro, lo que no se ha aclarado.

Betancourt agredió al  “ Tuco ” , como apodan a Oyarce Hernández, primero con un palo, luego con un golpe de puño en la cara.

“En ese momento, el imputado le provoca una herida cortopunzante en el sector del corazón, lo que hizo que ningún tipo de ayuda médica posible le hubiese salvado la vida”, explicó el fiscal Florentino Bobadilla.

Estuvieron ambos contrincantes abrazados como por  10  s egundos, hasta que Oyarce lo soltó y arrancó hacia la calle Martín  Ruiz   de Gamboa, y de tanto en tanto se agachaba y se tomaba la cabeza en señal de arrepentimiento, incredulidad y miedo, conforme a lo que declararon los testigos de la pelea.

“Le dije que se entregara”

Esa noche, cuando el  “ Tuco ”  l legó a la casa de su mamá, camino a Pinto, le contó lo sucedido.

“Pero no sabíamos si había muerto o no ese joven. Cuando supimos después por las noticias, le pedí que se entregara. Como estaba muy nervioso le había dado unas pastillas para dormir, pero al enterarme, lo desperté y le conté, así que se bañó, se cambió de ropa y cuando estábamos por salir, llegó la PDI para interrogarlo. Él fue voluntariamente al cuartel, les contó todo y lo dejaron detenido”, relató la mujer.

Adela Hernández   dijo que “me fui de esa población para vivir tranquila con mis hijos. Pero él ya estaba metido y a veces se venía a Chillán para eso. No pude hacer nada”.

El juez Edgardo Pinto, del Juzgado de Garantía de Chillán, dio un plazo de tres meses para la investigación judicial del caso.

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