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Pandemia re-acelerada

Cristian Cáceres

Es indudable que el manejo de esta crisis sanitaria supone una problemática cultural y social, donde las conductas colectivas -para bien y mal- condicionan la capacidad de nuestra sociedad para responder ante la emergencia. Lamentablemente, lo que seguimos viendo no es nada alentador. Aglomeraciones en torno a los bancos, notarías y tiendas, muestran que en 10 meses no hemos aprendido nada.

Ayer, el informe del equipo Icovid Chile confirmó lo que todos temíamos: “se observan signos de re-aceleración de la pandemia con indicadores de contagio al alza. De hecho, en las últimas 24 horas la región registró 72 casos y cinco nuevos fallecidos, mientras que los casos activos, con capacidad para transmitir el virus, se elevaron a 352.

En Chile, la cifra de fallecidos asciende a 15.774, en especial adultos mayores. Por otra parte, más de medio millón de personas se ha recuperado. Y aunque las primeras vacunas llegarán a nuestro país dentro de un mes -según anunció el Gobierno- el hecho es que el virus sigue activo y circulando, y no obstante los esfuerzos y las medias sanitarias, continúa causando dolor e incalculables pérdidas económicas.

Ante este panorama, este no será un diciembre normal. No puede ni debe serlo, comenzando porque hay angustia en muchos hogares. Y porque es grande la preocupación de que por causa de las fiestas de fin de año haya una mayor propagación del covid-19, sobre todo en la capital regional, que tras 70 días en la etapa 2 de Transición aún no logra estabilizar la ocupación de camas críticas, el número de reproducción efectiva (Re) y los casos nuevos que vienen de contactos en seguimiento.

A nivel global, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un oportuno llamado a “celebrar en casa, evitar reuniones con gente de fuera de ella, y si hay encuentros, preferiblemente deben ser en el exterior, con distanciamiento físico y llevando mascarillas”, dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS.

No se trata de proscribir las festividades de fin de año. De hecho, es muy necesario que se realicen para revitalizar el ánimo de la comunidad. Recientemente, se han conocido importantes estudios sobre las graves consecuencias del encierro y la crisis económica en la salud mental de la gente y por lo mismo, estas festividades pueden ser motivo de alivio y distracción.

Pero los temores de la OMS están bien fundamentados. Por ello, el desafío es enorme y es de todos. Tal vez aún estemos a tiempo de entender que es la hora de la solidaridad y de la cooperación, de revisar valores, prioridades y prácticas, para adaptarnos a un virus que amenaza el bienestar de todos. Comprar temprano, o hacerlo por plataformas digitales; hay que evitar aglomeraciones e inclusive aplazar las visitas a los adultos mayores y los abrazos.

No debemos olvidar que seguimos peligrosamente expuestos a una situación de la que aún no sabemos cómo vamos a salir. Estamos ante el mayor desafío sanitario y social en la historia de las actuales generaciones y por lo mismo, reclama la máxima responsabilidad del Gobierno, una mayor disciplina social y en cada uno de nosotros los más altos niveles de autoprotección y cuidado.

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