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“Nunca pensaba en irme a trabajar a una empresa, sino en abrir una propia”

Cristian Cáceres

Atento a las oportunidades de negocio, Stephan Elgart Foster (32 años) es un referente local del emprendimiento, ya que, a través del Cowork Chillán, que fundó en 2017, también ha contribuido a que otros puedan crecer y generar redes.

Elgart vive con su pareja, Jimena Sánchez; tiene dos hijos -de 9 y 2 años- y esperan una tercera. Oriundo de Coyhaique, llegó a Chillán en su adolescencia, ciudad de su familia materna. Luego estudió Técnico en Gastronomía en Rancagua y de regreso en Ñuble, estudió Ingeniería en Construcción en Inacap Chillán.

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“Desde el colegio he tenido el instinto de emprender. Siempre lo vi en mi papá; en mi abuelo, que tenía el cine Mafor hace más de 50 años; y mi tío también”, reflexionó.

“Trabajé desde chico, en La Escoba, también en el empaque en un supermercado y ya más grande, me dedicaba a la limpieza y mantención de piscinas, y también a la construcción”, recordó. “Cuando estudiaba, nunca pensaba en irme a trabajar a una empresa, sino en abrir una propia”, añadió.

Pero la vida lo llevó por un rumbo distinto a la construcción. “Deseaba tener mi constructora, y estudiando cómo bajar los costos fijos, llegué a los cowork, que según lo que leía era una comunidad emprendedora, donde me podían apoyar, aparte de tener una oficina a bajo costo, y me dirigí al único cowork que había en Chillán, pero la atención que recibí fue tan mala y no había una comunidad, que se me ocurrió abrir mi propio cowork”.

Cursaba el último año de su carrera, en 2017, cuando detectó una oportunidad de negocio. Tenía una asignatura sobre emprendimiento, de la profesora Jimena Martínez, en que un trabajo se convirtió en su proyecto. Instado por la docente y con el apoyo económico de su familia, arrendó un inmueble en calle Carrera, donde, dos meses después, abrió Cowork Chillán.

“No tenía idea de administrar un cowork, pero empecé igual. Trabajaba de día y de noche estudiaba, y así estuve un año sin ganar un sueldo en el cowork, siempre pensando a futuro, para mí ese tiempo fue una inversión. Así fui aprendiendo de a poco. En el transcurso me fui comunicando con otros cowork, tuve algunos mentores. Todavía no éramos Región de Ñuble, así que tenía que ir a Concepción, a hablar a Corfo, pero no me pescaban”, relató Elgart, quien en esa época vivía con sus padres y seguía haciendo mantenciones de piscinas.

Aseguró que en estos años ha aprendido mucho, escuchando a los que tienen más experiencia, participando en cursos, de hecho, “me gané una beca para un programa de fortalecimiento en mentoring; cuando me adjudicaba algún proyecto siembre buscaba algún mentor, como Iván Fierro, de Casa W; siempre pregunto mucho y trato de aprender de las experiencias de los empresarios exitosos”.

Para superar el “valle de la muerte” de las empresas nuevas, Elgart comentó que ha debido desarrollar también un rol educador, mostrando los beneficios del modelo de cowork, como el servicio de oficina virtual, un nicho muy demandado, porque no genera gastos ni uso de infraestructura; o el arriendo de espacios amoblados.

Pero también fue clave la adjudicación de recursos de Corfo, a través del Fondo Potencia, en 2019, tras un difícil proceso que lo llevó a pedir la revisión de la evaluación, pues en una primera instancia no se los adjudicó.

“El negocio comenzó a dar frutos cuando se instaló la Región de Ñuble y Corfo abrió sus puertas, lo que trajo la primera convocatoria de Potencia para regiones, que no me lo gané, sino que se lo adjudicó una empresa de Concepción. Yo reclamé, pedí vía Transparencia las evaluaciones, fui a Santiago a hablar con el gerente de Ecosistemas de Corfo, para demostrar que había sido mal evaluado, mi proyecto fue evaluado por un comité y finalmente, me adjudicaron los recursos para el proyecto por tres años, ahora se termina”, detalló.

Subrayó que el cowork ha logrado activar el ecosistema de emprendimiento en la región y gracias a los dineros de Corfo realizó mejoras en la infraestructura, pudo ofrecer más servicios y ha fortalecido el recurso humano, entre otros cambios.

En 2020 el cowork se mudó a calle 18 de Septiembre 998, esquina Cocharcas, donde pudo disponer de mayor espacio para dar respuesta al crecimiento que experimentó el negocio. Ese año, en plena pandemia, abrió el café “Coffee Cowork”, en el primer nivel del inmueble, con el apoyo de un fondo Crece, de Sercotec; e inauguró, en sociedad con un amigo, “Macanúo Salad Bowl”, en calle Arauco 920, especializado en comida vegetariana, donde también detectaron una oportunidad.

Stephan Elgart destacó con orgullo que, en abril de este año, Cowork Chillán obtuvo su certificación internacional como Empresa B (cumple estrictos estándares de desempeño social y ambiental), convirtiéndose en la segunda empresa de la región en certificarse, con apoyo del fondo Focal, de Corfo. “Eso me ha permitido encontrar nuevos rumbos dentro de los modelos de negocio, es decir, no es tan solo inmobiliario, sino que genera un impacto mayor”, cerró.

 

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