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Mistral: inspiración pedagógica

En tiempos en que la profesión pedagógica tiene su prestigio en crisis y en que la actividad educativa misma se encuentra en una fase de preocupante deterioro, vale la pena mirar modelos que inspiran e impulsan a una renovación de la actividad educativa.

Esta precisamente es una de las razones para valorar y agradecer el libro recientemente publicado, “Educar como Gabriela Mistral. Ideas pedagógicas”. Cabe mencionar que este es el segundo texto acerca de Mistral que escribe el académico Alfredo Gorrochotegui Martell. En esta ocasión, el autor da a conocer el pensamiento pedagógico de Gabriela Mistral comentando quince textos escritos entre 1915 y 1922.

Como se podrá imaginar, son muchas las ideas, criterios y principios para un buen ejercicio de la profesión docente que sugieren dichos textos. “Belleza en la transmisión”; “Dominio de los contenidos”; “Calma”; “Lectura”; “El libro”; son entre otros tantos, los títulos que componen el libro. Vale la pena notar, que los temas son comentados con discreción de manera que es la propia Mistral quien nos habla.

“Coherencia de vida”, el capítulo seis del texto, me parece un gran estímulo para los tiempos que estamos viviendo. Recordando uno de los pensamientos pedagógicos de Gabriela Mistral: “Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra”, comenta el profesor Gorrochotegui que la coherencia de vida es fundamental en pedagogía. “Unidad de vida es lo que quieren ver nuestros discípulos. Tal unidad posibilita que se pueda comprender que un educador puede ser más eficaz con su conducta que con sus palabras…la coherencia de vida es firmeza. Da a entender que la persona es de una sola palabra, de una sola pieza, fiel a sus convicciones en cualquier circunstancia y espacio”.

¿Acaso no es este un valor cardinal en la actividad docente? El proceso educativo es fundamentalmente un tiempo formativo y desde esta perspectiva, es posible definir la educación como un proceso interior, personal, y que es completo cuando no se queda simplemente en la adquisición de conocimientos ni de ‘competencias’, sino que llega hasta el mundo de los valores.

Gran parte del trabajo educativo implica ayudar a los niños y jóvenes que se están educando, a que descubran sus facultades, a que puedan reconocer y sorprenderse por la realidad de tal forma que despierten su interés por aprender y a educarse a sí mismos. Y en este sentido, no hay mejor ayuda docente para esos propósitos que actuando con coherencia de vida.

Lo que ocurriría mirado desde la posición contraria, es decir, por medio de una docencia poco honesta, con docentes muy poco coherentes, es que entonces se perjudicaría gravemente a los niños y jóvenes en su formación, y con ello es toda la nación la que sufriría las consecuencias. Tal como nos recuerda el profesor Gorrochotegui, Gabriela Mistral es bien precisa y firme al responder lo que pasaría: “Todos los vicios y la mezquindad de un pueblo son vicios de sus maestros…¿Cuántas almas ha envenenado o ha dejado confusas o empequeñecidas para siempre una maestra durante la vida?”.

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