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El año en que los chilenos votaron de manera masiva de para exigir cambios

Agencia Uno

El plebiscito del 25 de octubre fue el proceso electoral de mayor trascendencia donde votaron, según el Servicio Electoral (Servel) más de 7,5 millones de personas, la participación más alta desde 2012, año en que partió el voto voluntario. Chile definió que quiere cambiar la actual Constitución y que el órgano redactor de una propuesta será una Convención Constitucional elegida por los ciudadanos.

También se efectuaron elecciones primarias, con menor participación ciudadana, donde se eligieron a los candidatos que competirán a la elección de gobernadores regionales y alcaldes, en los comicios que se realizarán el 11 de abril de 2021.

La politóloga y académica de la Universidad de Concepción (UdeC), Jeanne W. Simon, explica que hay diferencias notorias en cómo se vivieron cada una de las elecciones de este año y el significado que tuvieron para la población.

“El plebiscito se vivió con alegría en las ciudades, tanto en el acto de votar como en la celebración de los resultados. Fue una fiesta cívica que hace eco a lo que fue el plebiscito de 1988. Para una gran parte de la ciudadanía, votar ‘aprobar’ expresa su esperanza de que se pueden realizar cambios a través del ejercicio del voto. Al mismo tiempo, en un estudio que hicimos en noviembre, se visibiliza una preocupación de que los partidos políticos secuestraran el proceso”, detalla.

“En contraste con este compromiso ciudadano, la participación de los partidos políticos tradicionales fue baja en las primarias oficiales organizadas en noviembre. Para estas elecciones, se establecieron nuevos pactos electorales entre los partidos de la oposición, demostrando una falta de unidad importante. Los partidos de la Concertación se reunieron sin el Partido Comunista bajo un nuevo nombre Unidad Constituyente. Los partidos de la derecha se mantuvieron como Chile Vamos”, agrega.

Simon, además, destaca que el gobierno no tomó mucha importancia a las elecciones primarias, y hubo poca información disponible que explicara el proceso electoral que se estaba desarrollando, lo que generó confusión en el electorado menos activo.

“Como consecuencia, se perdió una oportunidad de fortalecer la participación ciudadana en un proceso central para el fortalecimiento y democratización de los partidos. Reflejan el distanciamiento que los partidos han establecido con la ciudadanía en general”, sostiene.

A su juicio, la participación en las regiones de Biobío y Ñuble es parecida al resto del país, donde hubo una participación importante en los sectores urbanos, “en especial en zonas de sacrificio como Coronel”. Al mismo tiempo, la participación en las comunas rurales bajó probablemente por las complicaciones asociadas con realizar campañas en el contexto de pandemia.

“La participación en las primarias fue baja por varias razones: no hay una tradición de primarias; hubo pocas primarias para seleccionar el candidato o candidata para liderar el municipio; hubo poco conocimiento y mucha confusión sobre la nueva figura de gobernador/gobernadora; participó el electorado más activo en partidos y que apoya un candidato o candidata en particular; y hubo mayor interés para definir candidatos/as a la Convención Constitucional, y menor interés en los cargos regionales y locales”, precisa la académica.

Respecto a lo que se espera para las elecciones de abril del próximo año donde se juntarán dos procesos, las elecciones de convencionales y las de gobernador, alcaldes y concejales, Simon señala que esta combinación favorecerá la mayor participación porque responde tanto al electorado partidista como no partidista.

“Habrá muchos candidatos y candidatas en las tres elecciones. Este puede confundir y producir un voto más personalista y menos programático. Desde la sociedad civil y academia, será importante aportar a la formación ciudadana. Invito a los partidos y los candidatos y candidatas a una competencia pública, transparente y cívica con alta mira. Que sea un proceso basado en el respeto e ideas”, añadió.

La politóloga destaca que la gran mayoría de los representantes políticos no han comprendido lo que espera la ciudadanía tras el estallido social del 18 de octubre, por tanto, será fundamental que los partidos escuchen las ideas y perspectivas presentes en la sociedad y regiones

“Todavía se observa una instrumentalización de los líderes y lideresas de la ciudadanía por parte de los partidos. La ciudadanía es empoderada y desconfía en los partidos políticos. Al mismo tiempo, se observa una fragmentación de liderazgos, buscando llegar a la Convención Constituyente”

Considera que los candidatos tienen como desafío canalizar las necesidades y demandas ciudadanas, transformándolas en propuestas de acciones. Es clave que los y las candidatos escuchen a sus co-ciudadanos.

“Les invito a pensar en el fortalecimiento de la democracia electoral como un bien público necesario para todas las actividades humanas. Estamos en un momento histórico que marcará las próximas décadas. No se puede perder esta oportunidad porque no tenemos la capacidad de construir proyectos colectivos.

Diferencias

Para el abogado y académico de la UdeC, Alfonso Henríquez, el plebiscito reveló las diferencias que existen entre la ciudadanía y los partidos políticos, pues estos últimos no atendieron las demandas de la población, motivo que desencadenó el estallido social.

“A pesar del hecho que algunos sectores intentaron polarizar el debate, la ciudadanía vivió este proceso con optimismo. Esto me parece que revela la fractura que existe entre la gente, y los partidos políticos. Es preciso recordar que durante el Gobierno de la ex Presidenta Michel Bachelet ya hubo un intento de cambio constitucional, pero este no tuvo el apoyo de la oposición de la época, ni el respaldo de su propio sector. En este sentido, los partidos no supieron o no quisieron ver los problemas estructurales que existían en el país, y no fueron capaces de canalizar las demandas de la ciudadanía de forma adecuada. El resultado, como todos sabemos, fue el estallido social. Por otro lado, todo este proceso de cambios, surgió a partir de una serie de demandas ciudadanas en materia de pensiones, salud, o educación, por mencionar algunas. Sin embargo, los avances en estas materias han sido muy escasos en el Congreso, hecho que puede terminar por acrecentar la sensación entre las personas, de que las autoridades no están dispuestas a generar los cambios que el país requiere”, precisa.

Henríquez subraya que la participación, tanto en Ñuble como en Biobío, no fue tan alta debido a diversos factores como la crisis sanitaria y problemas de conectividad en los territorios rurales.

“Los niveles de participación, sobre todo en Ñuble, no fueron muy altos. Esto se pudo deber al hecho de la pandemia, a los problemas de conectividad entre las zonas rurales y los centros de votación, al poco interés de los sectores de derecha de participar en un proceso cuyo resultado parecía seguro, al alto nivel población adulto mayor presente en la región, o a las dificultades para que la campaña electoral llegara a los sectores más alejados de los centros urbanos, los cuales quedaron en parte al margen del proceso. La discusión sobre el voto anticipado, la existencia de mejores alternativas de transporte público, o una campaña electoral más centrada en los contenidos, podrían ayudar a revertir en parte esta situación”, dice.

El académico de la UdeC indica que la ciudadanía tendrá un rol fundamental en las elecciones de abril, impulsado por el interés de las personas por los asuntos públicos y por la inclusión de la ciudadanía en las ideas y propuestas para la redacción de una nueva Carta Magna.

“Su rol será clave en al menos dos aspectos. El más evidente, se relaciona con la necesidad de concurrir efectivamente a votar a cada uno de estos procesos. Una alta participación electoral daría muestra del interés de la ciudadana en la discusión de los asuntos públicos. Espero que este sea el caso, dado que la elección de convencionales, por ejemplo, marcará el contenido del debate constitucional, de forma que será importante que quienes sean elegidos para este cargo, cuenten con un amplio respaldo popular. Pero existe otra dimensión en la que el rol de la ciudadanía también será importante. En efecto, durante la redacción de la nueva Constitución, deberían incluirse mecanismos de participación ciudadana, que obliguen a los convencionales a generar espacios de discusión en cada uno de sus distritos, a establecer instancias en las cuales la ciudadanía pueda hacer llegar sus propuestas, o a crear mecanismos de rendición de cuentas que permitan conocer el trabajo que se está realizando. En estos casos la ciudadanía deberá tener un rol muy activo a fin de cautelar que los convencionales realmente representen sus intereses y anhelos”, explica.

Asimismo, indica que los políticos no han realizado una adecuada lectura del estallido social que se proyecte en sus propuestas, lo que terminará siendo un asunto complejo.

“Hasta el momento, no se conocen propuestas de cambio constitucional más o menos detalladas, solo frases generales y lugares comunes. Es algo complejo, toda vez que el calendario electoral será muy apretado, y existirá probablemente poco tiempo para hacer llegar a la ciudadanía un mensaje claro sobre estas materias. Este mismo problema lo vimos en la campaña del plebiscito. Por otro lado, si uno revisa algunos de los nombres de potenciales candidatos a constituyentes que han dado a conocer los medios o algunos partidos, no se observa ese recambio que la gente demanda, ni una apuesta por personas que no hayan ocupado cargos públicos o que tengan un mayor contacto con el ciudadano común y corriente”, dice.

Por tanto, considera que los candidatos tendrán como reto para contar con el apoyo de los electores recuperar la confianza perdida, pues ya la ciudadanía ya no confía en ellos. Además, deben proponer propuestas reales para solucionar las principales demandas ciudadanas.

“El primer desafío es tratar de enfatizar la importancia que tiene el proceso constitucional para el futuro del país. Sin embargo, me parece que este mensaje y su relevancia no se están transmitiendo de forma adecuada. Por otro lado, los partidos deberán tratar de concitar el apoyo de una ciudadanía que ya no confía en ellos. Una muestra, fue la lentitud para tramitar el proyecto de ley que flexibilizó los requisitos para que los independientes pudieran participar en este proceso, o la forma en cómo se dio el debate por los escaños reservados para los pueblos originarios. Finalmente, los candidatos deberán ir más allá de las frases comunes, y tratar de generar propuestas concretas sobre un cambio constitucional. En este sentido, necesitamos saber que propondrán en temas como salud, educación o previsión social, forma de gobierno o sistema económico. Ahora sin embargo, el debate sobre los contenidos ha estado prácticamente ausente”, argumenta.

Efervescencia política

La socióloga Violeta Moreno precisa que cada una de las elecciones de este 2020 tuvo diferentes niveles de participación relacionados a la legitimidad de los partidos políticos y a los propósitos de la ciudadanía.

“En el año 2020 vivimos dos hitos electorales importantes. En primer lugar el plebiscito, que estuvo marcado por una alta participación electoral y se explica principalmente por la expectativa de un cambio político en Chile. En la ocasión participaron personas sin experiencia ni vinculación a la política tradicional, destacando especialmente la de los jóvenes. Luego, en segundo lugar, en las primarias de diciembre y en relación a la elección de gobernador o gobernadora regional tuvimos niveles de participación electoral mucho más bajos lo que se explica por los bajos niveles de legitimidad de los partidos políticos y por la poca relevancia otorgada por la ciudadanía a la elección de autoridades regionales”, dice.

La académica de la UdeC explica que el plebiscito marcó un momento de mucha efervescencia política que logró movilizar a un conjunto de ciudadanos y ciudadanas muy significativo. “Para que esta dinámica se mantenga en la elección de constituyentes, y en el plebiscito de salida, es necesario construir un proceso ampliamente participativo que asegure una alta deliberación, información y vínculo ciudadano con el proceso”.

“Adicionalmente, hay que considerar que en el 2020 viviremos procesos electorales de alcalde y gobernador regional. Tradicionalmente en las elecciones locales se generan niveles más altos de participación, por lo que deberíamos observar un mayor dinamismo en las campañas políticas comunales y consiguientemente, mayor participación. Por su parte, en la elección de gobernadores es de esperar que se genere mayor información y compromiso ciudadano con este importante hito político para las regiones”, añade.

El desafío de los candidatos para las elecciones de abril afirma es recoger las demandas ciudadanas y refrescar las prácticas políticas, así como incorporar nuevos rostros que se encarguen de escuchar las propuestas ciudadanas.

“El estallido social, y las consiguientes expresiones ciudadanas de protestas han mostrado el descrédito y baja legitimidad de la actividad política en Chile. El desafío de recoger las demandas ciudadanas y llevar a cabo un proceso político coherente implica necesariamente refrescar las prácticas tradicionales políticas y abrir mayores espacios de participación ciudadana mediante candidaturas de independientes o de nuevos rostros que reflejen los intereses expresados en la calle. Me parece que esta tarea no la han llevado a cabo los partidos políticos. En la actualidad y hacia el presente, me parece que si bien, no de manera generalizada, hay un creciente despertar ciudadano que irá regulando la actividad política. Lo vemos en la conformación de elecciones primarias ciudadanas y en un activismo político mayor de independientes para el proceso electoral constituyente. Estas acciones no reemplazan la actividad política tradicional por lo que los partidos políticos tienen desafíos presentes y claves, entre los que se puede contar: transparencia en sus procesos, apertura en la toma de decisión con mayores niveles de participación ciudadana y construcción de propuestas programáticas que recojan temas de interés social”, detalla.

Moreno agrega que “la actividad política, y el rol de los partidos políticos es importante para la democracia. Creo que deben hacer el esfuerzo de leer con claridad las demandas ciudadanas para responder a las expectativas y anhelos de las personas”.

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