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Cómo crecer en Chillán

Mauricio Ulloa

Las proyecciones de crecimiento demográfico para la comuna de Chillán señalan que dentro de dos décadas la población bordearía los 250 mil habitantes. Ello, sin considerar el aumento que registrará Chillán Viejo, que es una de las comunas que más ha incrementado su población en la Región.

En ese escenario, la demanda por suelo urbano será mucho mayor al actual, y se estima que la ciudad requerirá unas mil hectáreas más para seguir extendiéndose. Esta presión por el uso de suelo ya se está notando en la actualidad, lo que queda de manifiesto en la explosiva alza del valor de los terrenos, en buena medida fruto de la especulación de los particulares.

Pese a lo anterior, es un hecho comprobado que el área urbana de Chillán no cuenta con la superficie necesaria para satisfacer esta creciente demanda, un problema del que los inversionistas inmobiliarios se percataron hace tiempo, razón por la cual varias constructoras se han asegurado con la compra de loteos en los sectores suroriente, nororiente y poniente, así como también en Chillán Viejo.

De acuerdo a un estudio publicado por el Instituto de la Vivienda de la U. de Chile, “la ciudad de Chillán, desde principios del siglo XX hasta la actualidad, ha experimentado un fuerte crecimiento horizontal. El año 1900 la “mancha urbana” ocupaba 379 hectáreas, mientras el año 2013 se extiende sobre una superficie total de 2.624 hectáreas. Es decir, en 113 años de historia, Chillán experimentó un crecimiento físico de 2.245 hectáreas”, concluye el trabajo que reúne investigaciones de académicos y profesionales.

En resumen, desde el terremoto de 1939, la actual capital de la Región de Ñuble no ha parado de expandirse.

Entonces, la pregunta que surge es hacia dónde crecerá. La respuesta debería tenerla no solo el mercado, sino que también la autoridad, en base a criterios técnicos. Sin embargo, existe otra pregunta más importante que la anterior: ¿cómo crecerá Chillán en los próximos años?

En este asunto, la falta de un ordenamiento territorial moderno ha jugado en contra de los habitantes de la ciudad y ha permitido que sea el mercado el que la resuelva, con resultados desastrosos por todos conocidos, como el crecimiento inorgánico en extensión, favoreciendo el surgimiento de barrios con mala conectividad en la periferia, que hoy sufren con problemas como la congestión vehicular.

Contar con una adecuada planificación urbana hace diez años hubiese permitido desarrollar barrios integrados a la ciudad, con una adecuada conectividad y oferta de servicios, lo que habría favorecido la calidad de vida de los habitantes.

Es por ello que más allá de lamentar los errores del pasado, la enseñanza que es oportuna rescatar en un momento clave como es la renovación de autoridades, es diseñar una hoja de ruta para el crecimiento que contemple una planificación urbana moderna y eficiente y la generación de incentivos que permitan orientar las decisiones del mercado.

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