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Biografía de “Lalo” Parra evoca recuerdos más íntimos de su vida en Chillán

Justo cuando se celebre el natalicio 104 del Tío Lalo Parra este 29 de junio próximo, en Santiago se realizará el lanzamiento del libro “Lalo Parra, el tío de Chile”, del escritor y periodista Julio Fernando San Martín. La publicación es fruto de años de amistad entre el folclorista y Julio, quien recordó para La Discusión el momento exacto en que conoció al Parra chillanejo.

“Fue en noviembre del año 2002 cuando fui por primera vez a su casa en Cerrillos. Le pedí una entrevista porque era uno de los pocos Parra vivos hasta ese momento y me llamaba profundamente la atención que con su longevidad, aún tenía ese tremendo vigor sobre los escenarios. Me propuse conocer su historia, y por intermedio de él, toda la historia de los Parra”, dijo.

Así,Julio regresó a Cerrillos una y otra vez y la relación entre periodista y entrevistado se tornó en una amistad entrañable. “Conversar con él era fascinante porque contaba historias que se mezclaban de una u otra manera con sus hermanos; de momento se me escapaba, y se metía Nicanor, Violeta o Roberto”, recuerda Julio.

Con los años, Julio logró ser parte de su círculo más íntimo. Fue invitado a las tocatas del Tío Lalo, a sus giras e incluso al cumpleaños 90 de Nicanor Parra, que fue celebrado en Isla Negra. Las últimas veces que Julio vio al Tío Lalo, fue con el artista conectado a oxígeno.

Julio guardó todo este material por mucho tiempo, hasta que editó el libro “Las Comadres, Margot Loyola recuerda a Violeta”. “Desde ahí, comencé a trabajar en este libro, motivado por quienes conocían del material”, advierte, adelantando que para los próximos meses se vienen dos nuevos lanzamientos: una biografía autorizada de Lucho Gatica y una biografía conversada de Gonzalo Rojas. Pero eso no es todo, para el 2023, ya prepara un libro sobre la relación entre Vicente Bianchi y Pablo Neruda, además de un libro sobre Isidora Aguirre.

“Chillán, tierra santa”

Julio recuerda que en las conversaciones que mantuvo con Lalo Parra, el recuerdo de Chillán siempre estuvo más que presente. “Fue un admirador y embajador cultural de su Chillán, siempre en donde anduvo tenía que decir en alguna entrevista algo de la ciudad, tan así que siempre transportó una bolsita con tierra de Chillán, y la guardaba en su guitarra. A su Chillán siempre lo llevaba al hombro en su guitarra, en su gente, en su andar. A veces está el ego del artista que no le permite reconocer sus orígenes, pero él siempre sacaba a flote su terruño”.

El escritor compartió con La Discusión un adelanto exclusivo de algunas reseñas del Tío Lalo a su ciudad. Uno de esos recuerdos tiene relación con la casa de Villa Alegre, en el Barrio Ultraestación. “Recuerdo que había sólo dos camas para toda la patota de chiquillos, nosotros viviendo en la misma pieza y mi madre que era un ángel, durmiendo en la pieza de al lado… Es que es verdad. No sabíamos que éramos pobres, a pesar de sufrir mucha hambre no lo pasábamos mal porque, simplemente, gozábamos como niños que éramos, de la extrema pobreza”, recuerda Lalo Parra en el libro.

También hubo recuerdos para una Navidad en Chillán: “Era como las doce de la noche, ya que se escuchaban las campanas de la iglesia avisando “La misa del gallo”, cuando de repente, empezamos a sentir las risas de los vecinos, escuchando cómo hacían sonar felices sus platos y cucharas mientras comían. Pero, ¿usted cree que nos dio pena? Al contrario, ahí mismo nos levantamos todos los hermanos de la cama y empezamos a reírnos más fuerte que ellos, haciendo sonar también los platos y servicios, para que creyeran que nosotros también estábamos cenando felices, así es que esa noche, también comimos cosas ricas, claro que en sueños”.

Con respecto a sus inicios artísticos y el de sus hermanos Violeta, Hilda y Roberto en el Mercado de Chillán, el Tío Lalo dijo que “recuerdo que llegábamos bien temprano al mercado, como a las siete de la mañana, más o menos, ya que a esa hora bajaban los huasos de los diferentes pueblos de alrededor; estábamos en lo mejor y, de repente, me mandaban a pasar el sombrero pa´ reunir las moneditas: Una ayudita pa´ la música, Una ayudita pa´ la música, así fueron nuestros inicios en el canto, por hambre”.

El trabajo se editó con el apoyo de Trébol Ediciones, y del Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

El escritor y periodista no descarta poder viajar hasta Chillán y presentar este trabajo respaldado por Clarita Parra, quien incluso escribió el prólogo de este libro que evoca los recuerdos más íntimos de quien fuera uno de los hijos favoritos de Chillán. 

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