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Inversiones sustentables

Ñuble tiene la oportunidad de ser una región sustentable, y a partir de la colaboración público-privada, del apoyo de la academia y de la fuerza de las organizaciones ciudadanas, puede sentar las bases para avanzar hacia una economía que se pueda sostener en el tiempo sin agotar sus recursos naturales, brindando una adecuada calidad de vida a sus habitantes y respetando el medio ambiente.

En ese contexto, asoman de inmediato objetivos como el uso eficiente del agua y la energía, la reducción de la huella de carbono y de la contaminación ambiental, la recuperación de suelos, la regeneración de ecosistemas, el comercio justo y la equidad social, el desarrollo armónico de los territorios, el reciclaje y la reutilización de residuos, entre otros.

En la región existen cada vez más ejemplos, en el sector privado, de inversiones que apuntan a hacer más sustentables las actividades productivas. En Chillán Viejo, Lipigas proyecta una planta de biogás en el plantel de Maxagro; en Cobquecura, ya está funcionando la planta desaladora desarrollada por la Universidad de Concepción; en Pemuco, Beneo Orafti ejecuta una planta de reúso de aguas residuales; en San Carlos, Iansa le dice adiós al carbón en sus calderas y lo reemplaza por biomasa; también en San Carlos, Virutex construye una planta que transformará los desechos plásticos en bolsas para basura; además de numerosas iniciativas en empresas de todos los tamaños.

Y si bien el concepto de sustentabilidad está contemplado en la Estrategia regional de desarrollo, es fundamental avanzar en la implementación de políticas de largo plazo que permitan llevar del papel a la realidad este desafío, con el compromiso de las empresas y de la sociedad en su conjunto.

Un rol clave lo cumple la legislación ambiental y el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, que asegura a los desarrolladores de proyectos y a las comunidades un marco de evaluación técnico no discrecional, plazos y certezas. Y si bien el sistema ha sido blanco de críticas desde el sector empresarial, en términos generales, el funcionamiento de la institucionalidad contribuye a construir el piso de esa economía sustentable que se plantea en el discurso.

Ñuble puede y debe ser una región sustentable. Y es que más allá del eslogan y de las exigencias de los mercados de destino de las exportaciones locales, la región tiene la oportunidad de hacer las cosas bien, vale decir, no repetir los errores de otras zonas del país, donde ciertas actividades productivas han depredado los ecosistemas.

Asimismo, se debe fomentar la participación de las comunidades en la toma de decisiones respecto del desarrollo territorial, un aspecto donde hay mucho que avanzar en materia de planificación territorial y en políticas de desarrollo rural, lo que quedó de manifiesto, por ejemplo, con la movilización de la comunidad en rechazo al proyecto de salmoneras en Cobquecura.

Ñuble puede convertirse en un ejemplo a nivel nacional si hace las cosas bien, si define como prioridad el desarrollo sustentable y si aborda los desafíos pendientes. No se trata de ahuyentar al inversionista, sino de invitarlo a hacer de la región su casa, y tratarla en consecuencia.

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