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Urge reducir la informalidad laboral

Cristian Cáceres

La informalidad laboral en Ñuble sigue creciendo. De acuerdo al INE, en el cuarto trimestre de 2022 la tasa de informalidad laboral fue 37,6%, lo que representa un alza de 4,3 puntos en 12 meses y constituye la más alta a nivel nacional, muy sobre el promedio de 27,4%.

En Ñuble hay 83 mil personas que trabajan en la informalidad, 10 mil 400 más que en el cuarto trimestre de 2021, lo que es un aumento de 14,4% en 12 meses.

Es un fenómeno creciente, con similar incidencia en hombres y mujeres, con alta prevalencia en el segmento etario de mayores de 55 años (46,7%), que da cuenta de la pérdida de dinamismo de la economía local y de la incapacidad de ésta de generar nuevos empleos formales, es decir, de mayor calidad, en una magnitud suficiente para absorber la fuerza de trabajo que sigue expandiéndose luego de terminada la emergencia sanitaria por la pandemia y las ayudas estatales.

La informalidad, sin embargo, no obedece a un único factor, como la desaceleración económica, sino que también responde a otros, como la migración, los desajustes del mercado laboral, los bajos salarios en el mundo formal o la permisividad de las autoridades con ciertas actividades ilegales, entre otros.

A partir de los incendios forestales, no es difícil anticipar un fuerte impacto en el mercado laboral, ya sea por la destrucción de empleos en el agro como por la menor actividad económica derivada de la catástrofe, lo que debiera incidir en el alza en la ocupación informal.

Y si bien se sabe que la ocupación informal es un problema económico y social que genera pobreza y desprotección, la única medida acertada del gobierno en esta materia ha sido la mantención del IFE Laboral y de los subsidios a la contratación, herramientas implementadas durante la pandemia para proteger el empleo formal en medio de la crisis.

Un trabajador informal no goza de protección social. Al no tener un contrato, puede ser desvinculado sin expresión de causa ni indemnización, no tiene seguro de cesantía ni cotizaciones previsionales para la vejez, no tiene derecho a vacaciones, a seguridad laboral ni a una licencia médica. Está desprotegido frente a eventuales abusos, y usualmente se trata de empleos precarios, es decir, con bajos salarios, jornadas extendidas y condiciones laborales deficitarias.

El trabajo informal nivela hacia abajo, representa una competencia desleal en el mercado laboral y es el resultado de la incapacidad de la economía de generar empleos dignos para la población. Sin embargo, es una realidad histórica que también responde a factores sociales y culturales, particularmente en una región con una alta tasa de ruralidad y una tradicional informalidad, particularmente en el mundo agrícola.

Por ello reiteramos en estas páginas que es urgente avanzar en medidas que fomenten la formalización, incorporando mayores niveles de flexibilidad y que apuesten por la atracción de inversiones para aumentar la demanda laboral; pero paralelamente, subsanar las brechas de competitividad que mantienen rezagada a la región en muchos indicadores, como el capital humano, la energía, la infraestructura, la conectividad digital y la seguridad de riego, que son precisamente aquellos nudos que hoy desincentivan la inversión.

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