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Las historias detrás de la cifra de fallecidos por Covid-19 en Ñuble

Mauricio Ulloa

A un año de la llegada de la pandemia a la región de Ñuble, el Covid-19 aún no da tregua, pues los últimos meses han estado marcados por un elevado número de contagios, sobre los 100 casos, y los decesos también van en aumento. A la fecha, 360 personas han perdido la batalla contra el virus, siendo la peor cara de la pandemia que enluta a familias por la pérdida de un ser querido.

De acuerdo a la Seremi de Salud, hasta el jueves 11 de marzo, cuando se reportaron 345 muertes, un total de 181 hombres y 164 mujeres habían fallecido por causas asociadas al coronavirus.

Chillán es la comuna de Ñuble que registra la mayor cantidad de decesos con 146, el resto de las muertes corresponden a Bulnes (29), San Carlos (26), Coihueco (21), Quillón (14), Quirihue (14), San Ignacio (13), Yungay (11), Chillán Viejo (10), Coelemu (10), El Carmen (10), San Nicolás (10), Ñiquén (6), Pemuco (6), Ninhue (5), Pinto (4), Portezuelo (4), Ránquil (3) y Trehuaco (3).

Hasta el 11 de marzo, Cobquecura y San Fabián no reportaban defunciones por Covid-19.

Del total de víctimas fatales, 308 corresponden a adultos mayores, mientras que 37 son personas entre 10 y 59 años.

Si bien enero y febrero han sido los meses con las cifras más altas de fallecidos durante la pandemia, tras registrar 51 y 57 decesos respectivamente, marzo pudiera cerrar con números similares pues en lo que va de mes se han reportado 38 muertes.

“No lo asimilo”

A juicio de Gisela Bobadilla, de 41 años, la ciudadanía no se ha tomado en serio los peligros que significan contraer el Covid-19, y por ende, no se preocupan de adoptar las medidas de prevención para evitar contagios.

“La gente se está tomando mal la pandemia, mientras que la pandemia no golpee a su puerta no la van a tomar en cuenta, hasta que le toque a algún ser querido ahí lo van a entender, antes no. La gente sale, los jóvenes se divierten, de repente el mismo adulto o anciano no lo entiende, pero mientras que la pandemia no llegue a sus casas no lo van a entender”, sostiene.

El pasado 9 de febrero su padre, Domingo Bobadilla, falleció tras permanecer cerca de un mes hospitalizado en el Hospital de Chillán y conectado a ventilación mecánica, producto de una neumonía por Covid-19.

“Todavía no lo asimilo, creo que mi papi no está muerto, no me cabe en la cabeza. Hay días que digo ‘papi ven a verme, porque no estás muerto’”, dice.

Sus padres, ambos de 75 años, vivían en una parcela del sector Tres Esquinas, en la comuna de Bulnes. Los dos se contagiaron, aún no sabe dónde o cómo contrajeron la enfermedad, e hicieron la cuarentena en su hogar, pero mientras su madre superó el Covid sin presentar complicaciones, Domingo desarrolló un cuadro grave que terminó arrebatándole la vida.

“A mi mamá le dieron el alta de la cuarentena a los 17 días. A mi papá nunca le hicieron el examen PCR y justo después empezó que se sentía mal, que no podía respirar, pero él no quiso dejar a mi mamá, hasta el último minuto. Cuando se tuvo que ir al hospital, mi papá salió de la casa y le dijo chao a mi mami pero para volver, no para morirse”, explica Gisela, quien destaca que ninguno de sus padres tenía enfermedades de base ni otras patologías.

La familia vive el dolor de la pérdida de quien fue uno de sus grandes pilares. “Para mí todo pasó en un abrir y cerrar de ojos, mi papá estaba bien, nos íbamos a juntar los tres hermanos y después se murió. A quien le afecta más es a mi hermana mayor, que vive en Punta Arenas, porque justo ella fue a verlo y después volvió para enterrarlo”, agrega.

Describe a Domingo como un hombre cariñoso, alegre y estimado por las personas. “Mi papá era muy amoroso, cariñoso, sonriente, no le importaba nada y era muy estimado por todos lados. Nadie cree que mi papá esté muerto, toda la gente le echa de menos, era muy buena persona y generoso”, destaca.

Sus padres llevaban aproximadamente dos años viviendo en Bulnes, donde habían planeado pasar el tiempo que les quedara de vida, en búsqueda de paz y tranquilidad.

“Ellos habían vendido su casa en Concepción, se compraron una casa prefabricada y la armaron en el campo, estaban viviendo su día a día. Ahora el campo quedó solo, porque me traje a mi mamá a vivir a Talca, donde vivo actualmente, ella no podía quedarse solita. Está el tema de ir o no ir al campo, pero solo toca enfrentar esta situación e ir a visitar, porque a ellos igual les costó todo un esfuerzo y hay que seguir la vida para adelante”, señala.

“La verdad es que uno mira esta pandemia desde otro punto de vista cuando le toca a uno, porque te cambia la realidad, la miro de otra manera ahora, pero tampoco le tengo miedo a la enfermedad porque el coronavirus ataca totalmente diferente a cada una de las personas”, añade Gisela.

El último adiós

A principios de la pandemia, la chillaneja Cristina Campos, de 52 años, dio positivo al Covid-19 el 10 de abril. En ese momento aún no se contaba con el funcionamiento de residencias sanitarias para que contagiados y sus contactos estrechos pudieran hacer la cuarentena de manera efectiva.

De las seis personas que convivían en su hogar, cuatro resultaron contagiados, incluyendo a su mamá, María Cristina de 74 años, quien murió por complicaciones de la enfermedad.

Su progenitora padecía de tensión alta y deficiencia de vitamina D. “Mi mamá estuvo como cuatro días hospitalizada y falleció porque le dio una neumonía. Sus exámenes le salieron negativos pero su certificado de defunción dice muerte por Covid, le salieron dos exámenes negativos y uno incierto, entonces el médico dijo que era una neumonía a causa de Covid”, explica.

Recuerda que su mamá siempre fue una mujer activa, sin embargo, con la llegada del coronavirus se vio afectada ya que debió limitar ciertas actividades que realizaba a diario, con la finalidad de evitar contraer el virus, pero de igual modo se contagió.

Tras la muerte de su mamá, uno de los momentos más desgarradores para la familia fue dar el último adiós, pues lamenta que debido a los estrictos protocolos sanitarios no pudo despedir a su progenitora.

“Los protocolos para sepultar a alguien son muy estrictos, prácticamente no pueden velarse y creo que en esos casos es imposible que uno se pueda contagiar porque la persona está dentro del ataúd. Hace como un mes fue que pudimos juntarnos todos los hermanos para poder ir al cementerio y hacer una pequeña ceremonia, porque no pudimos hacerlo en abril. Fue como tirar a la tierra algo que está malo o envenenado porque se visten con trajes, no pueden hacer responso, no pude decir unas palabras, no pudimos hacer nada, no puedes llevar flores, ni velarlo”, relata.

“Es muy duro perder a alguien que tú quieres y más encima no poder despedirse en la manera que uno quiere despedirse, es algo terrible”, agrega.

Cristina señala que las medidas que ha impulsado el gobierno para el manejo de la emergencia sanitaria no son las mejores, y en vez de estar enfocadas en proteger la salud de la población, han contribuido en que esta se debilite.

“Le digo a la gente que en realidad sí es importante cuidarse y hacer uso de la mascarilla, pero también diría que las medidas que se han tomado no han sido apropiadas porque me consta que la gente que tiene deficiencia de vitamina D tiene mucho más riesgo que otras personas, porque mi papá estaba muy delicado de salud, había estado en la UCI durante dos meses el año anterior y estaba súper débil, pero siempre fue bueno para tomar sus vitaminas y frutas, le dio Covid y él lo resistió, y mi mamá que se suponía era mucho más sana no lo resistió porque sus niveles de vitamina D estaban muy bajos”, detalla.

“Creo que la gente ha estado mucho tiempo encerrada, están cerrados los parques donde la gente puede ir a recrearse, la gente no ha podido salir, los adultos mayores tienen encerrados un año, pero sí abren los mall, los bancos, entonces creo que las medidas no son apuntadas en realidad a la salud de la gente, porque debieron haber reforzado su sistema inmunológico, en vez de haber hecho tanta cuarentena y haber generado pobreza en la gente”, añade la chillaneja.

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