Políticas de riego

Por: 08:30 AM 2017-02-24

Las cifras entregadas ayer por la Dirección General de Aguas y por la Junta de Vigilancia del río Ñuble revelaron que la provincia se está enfrentando a una de las mayores sequías de los últimos años, comparable a las de 1998-1999 o de la década del sesenta.

Un déficit de precipitaciones superior al 55% y una disminución de 50% en los caudales de los principales ríos que no son controlados por embalse grafican la magnitud de la catástrofe en Ñuble, donde se estima que eso se traduce en una reducción de 50% en la superficie regada esta temporada, con consecuencias que aun no es posible cuantificar.

A ello se debe sumar la situación de los acuíferos subterráneos, que tras cinco temporadas de escasez hídrica se han ido agotando progresivamente, por lo que la infiltración natural también ha contribuido a disminuir la disponibilidad de agua en cauces superficiales, incluidos los canales sin revestimientos, donde se ha detectado una pérdida importante por esta causa.

Las altas temperaturas, en tanto, también han contribuido a aumentar la pérdida por evapotranspiración y a elevar la isoterma cero (altura desde la cual hacia arriba la precipitación es en forma de nieve) un factor fundamental en ríos con regímenes nivopluviales, como los de Ñuble.

Y si bien esta situación se puede atribuir al cambio climático, cuyos efectos se han comenzado a percibir en esta zona, no es menos cierto que en Ñuble no hay escasez de agua, sino de infraestructura para acumularla, lo que queda demostrado en que más del 80% del caudal anual de los ríos se vierte al mar, algo que para un observador externo resulta un contrasentido para una zona que aspira a ser potencia agroalimentaria.

En ese sentido, entre los agricultores existe coincidencia de que en Chile no ha existido una política de largo plazo orientada a mejorar el riego, en circunstancias que obras tan necesarias como los embalses deben hacer un largo recorrido por la bucrocracia estatal para concretarse.

Y es que sin embalses es imposible proyectar la agricultura local hacia los próximos desafíos que impondrá el mercado mundial de los alimentos, y por eso mismo se valora que el proyecto La Punilla siga avanzando a paso firme, ya adjudicado a la empresa italiana Astaldi, que según se ha indicado, podría comenzar este año las obras.

No obstante lo anterior, hay otros proyectos en la provincia que siguen esperando, como el Chillán, que podría ser priorizado en las próximas semanas por parte del Consejo Ministros de la Comisión Nacional de Riego; o el Zapallar, cuya actualización de estudios está en proceso de licitación, lo que permitirá el próximo año postularlo a financiamiento. Como éstos, también hay otros de menor envergadura que una vez que se concreten marcarán un punto de inflexión en la historia de la agriculura local, así como lo ha sido el canal Laja-Diguillín para miles de regantes.

Sin embargo, estas obras no tendrán mucho sentido si no van acompañadas de inversiones en tecnología que permitan aumentar la eficiencia del riego, por ejemplo, mediante la adopción de sistemas de riego tecnificado o el revestimiento de canales, dado que se estima que actualmente más de un 70% del agua utilizada por los agricultores se pierde por falta de eficiencia en el riego.

La prolongada crisis hídrica que ya suma cinco años debe ser un argumento suficiente para que el Gobierno acelere la concreción de los proyectos de acumulación de agua en la zona, pero principalmente, para entender que mejorar el riego debe ser un objetivo prioritario del Estado y de los regantes, no solo desde una perspectiva agrícola-económica, sino que estratégica y social, pues no cabe duda que el sector alimentario será uno de los mayores motores de la economía nacional en el mediano plazo.

Comentarios