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Maternar o trabajar: ¿caminos paralelos?

Con mi hija queriendo dormirse en mis brazos y yo mirando el reloj para conectarme en Teams a una reunión de trabajo. La maternidad llega para cambiarte la vida y sobre todo cuando tienes una carrera profesional en ascenso, ya que pareciera ser que estos conceptos no se pueden dar en una sola persona.

Según la RAE, una madre es una mujer que ha concebido uno o más hijos; o una mujer en relación con sus hijos. Por lo tanto, aquella persona que juega el rol de mamá en nuestra sociedad es más bien vista como cuidadora de los niños, pero olvidada como mujer y profesional. Es en este último punto donde tenemos grandes desafíos.

Diversos estudios han demostrado desigualdades tanto en la inserción laboral de mujeres y hombres como en las condiciones laborales de esas ocupaciones (INE). Sumado a esto, contamos con altos índices de desempleo, generando un retroceso de más de una década en los avances logrados en participación laboral femenina (CEPAL). El 2020, se vio una contundente salida de mujeres de la fuerza laboral, quienes se dedicaron a atender las demandas de cuidados en sus hogares y no han retomado la búsqueda de empleo.

Dado lo anterior, es urgente invertir en educación inicial y en promover programas de reinserción laboral a las mujeres que han sido madres. Empresas que han potenciado lo anterior, conocido como returnship, han visto aumentada su productividad y la marca empleadora.

Hoy las firmas que hacen la diferencia son aquellas que logran identificar ese talento y lo hacen reflotar. La energía que tienen esas madres agradecidas de esta oportunidad, las hará imprimir todo su ímpetu para alcanzar cualquier meta que se propongan.

Sin embargo, no basta sólo con los planes después de los 18 meses de haber sido madres, ya que previamente encontramos el fuero maternal, o mejor dicho fuera a las mamás. Durante ese periodo nadie contrata a una mujer con esa etiqueta; entonces, ¿porque no tener el fuero ambos padres si la finalidad de esta medida es resguardar la situación económica del menor, y no discriminar a sus padres? Entiendo que la naturaleza no nos quiso iguales. Podría haberse dado que las mujeres no engendraran 9 meses y los hombres amamantaran, pero ambas tareas la creación se las dio a las mujeres. Viendo ese ejemplo, creo que nunca seremos iguales, pero sí podemos legislar emparejando la cancha.

En conjunto al rol de las empresas y del mundo legislativo, un último desafío, es el de promover procesos de transformación digital incluyentes, que garanticen el acceso de las mujeres ámbitos más tecnológicos, para que potencien esas habilidades y fortalezcan su autonomía económica.

Pausar la profesión por criar un hijo, ya no debiese ser ofensivo para la mujer empoderada y vanguardista. Si las empresas y las madres trabajan mancomunadamente en potenciar sus carreras para lograr talentos valiosos, será posible que se mitiguen parte de las desigualdades en las curvas de experiencias laboral, que hoy existen entre hombres y mujeres. Sólo así, las mujeres dejarán de perder terreno profesional y la sociedad podrá ganar talentos olvidados y ocultos tras una madre que se ha dado el lujo de cuidar a sus hijos.

Texto: Loreto Novoa

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