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Indultados

El indultado por el Presidente Boric Luis Castillo, cayó preso por un supuesto secuestro. A medida que pasan las horas, el confuso incidente parece dejar en claro que no se trata de un secuestro propio del crimen organizado, sino que de otras características, lo que por cierto no le quita gravedad al caso.

El hecho concreto es que revivió el controvertido indulto presidencial de comienzos de año, que terminó por hacer rodar las cabezas de la Ministra de Justicia y del jefe de gabinete del Presidente. El caso de Luis Castillo fue el más cuestionado de todos los indultos otorgados, porque a todas luces se trataba de un delincuente común y no de un luchador social.

Pretender ahora que el Presidente se ponga de rodillas y pida perdón, parece un despropósito después de la destitución de una ministra y de su jefe de gabinete. Lo cierto es que la figura del indulto nunca ha sido buena compañera de los presidentes.

Allende a comienzos de su gobierno indultó a un grupo de miembros del MIR, que habían cometido diversos delitos de sabotaje y asaltos, en el contexto de la lucha armada y revolucionaria propia de la época. Allende sintió que había triunfado la tesis contraria a la revolución armada, su propia tesis, la de la revolución con empanada y vino tinto.

Dicho en otras palabras, la construcción del socialismo era posible bajo un régimen de democracia representativa. Generoso con quienes consideraba había derrotado políticamente, los indultó bajo la calificación de “jóvenes idealistas”. Uno de ellos, Ronald Vergara, se sumó a un grupo denominado Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), que asesinó al ex ministro interior del gobierno de Frei Montalva, Edmundo undo Pérez Zujovic. Este crimen, según información que se ha desvelado recientemente, habría sido articulado por la CIA. Consiguió abortar un acuerdo inminente entre la Democracia Cristiana y la Unidad Popular, según ha confesado Andrés Zaldívar, lo que por cierto habría evitado el golpe de Estado. Si esta tesis es cierta, significa que la CIA realizó de manera impecable y siniestra su cometido.

Otro indulto controversial fue el del Presidente Frei Ruiz-Tagle, otorgado a un condenado por narcotráfico, por la internación a Chile 500 kg de cocaína para ser enviados a los Estados Unidos.

Este indulto tiene la mismas características de los dos anteriores, incomprensibles para el grueso público, terminan siendo un boomerang para quien los otorga. Tal vez y a la luz de la historia de los indultos presidenciales, habrá llegado la hora de despojar de esta facultad a los Presidentes de la República, y dejar que la justicia haga su tarea de manera integral y autónoma.

Esta figura no sólo representa una rémora del pasado, sino que termina por instalar una sensación de impunidad, y en casos como el de Luis Castillo, tiene un alto costo político afectando de manera severa la fe pública. Probablemente esta facultad presidencial, que debe ser uno de los últimos resabios del absolutismo y de tiempos en los cuales la voluntad real estaba por sobre la justicia, este viviendo sus últimos días, por muerte natural, como lo fue en su momento la pena de muerte. La última palada tiene que ser una ley que sepulte definitivamente esta medida que hoy día no tiene ningún sustento.

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