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“La derecha y la izquierda unidas le quitaron el piso político a la Cárcel de Alta Seguridad”

Mauricio Ulloa

El 30 de diciembre de 1996, el director de Gendarmería de la época, el chillanejo Claudio Martínez Cerda, iba camino a Curacaví a buscar algunos enseres personales. Fue durante la tarde y en medio de los preparativos para viajar a Chillán a pasar las fiestas de fin de año. Casi en la mitad del camino, la radio institucional daba cuenta de un problema. Martínez solo oyó la frase “Helicóptero azul y blanco” y supo de inmediato que algo grave había pasado. Esa tarde cuatro frentistas que cumplían condenas por delitos como el homicidio delsenador Jaime Guzmán y el secuestro de Cristian Edwards, protagonizaron un escape con tintes cinematográficos desde la Cárcel de Alta Seguridad. Lo hicieron a través de una canasta colgada de un helicóptero. Ellos eran Mauricio Hernández Norambuena, Ricardo Palma Salamanca, Patricio Ortiz Montenegro y Pablo Muñoz Hoffman, del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

A 25 años de la denominada Fuga del Siglo, Claudio Martínez tiene los recuerdos de ese día y los posteriores, intactos. Este jueves 4 de agosto lanzará en Chillán el libro “Punto de fuga”, donde revela detalles inéditos de la fuga y de otros hechos políticos de una época compleja. En el lanzamiento participarán Mario Desbordes y el director de Diario La Discusión, Francisco Martinic.

En la antesala del lanzamiento, Claudio Martínez habló sobre las motivaciones de hacer esta publicación.

¿Cómo nace la idea de hacer este libro y qué sentimientos le genera este trabajo?

Lo que me impulsa es que me tocó vivir dos hechos bien relevantes en lo que se conoce como la Transición a la Democracia. Hoy es un periodo que está siendo muy criticado por las nuevas generaciones. A quienes nos tocó ser parte de ese proceso nos obliga a entregar un relato de esa época. Este libro está inspirado en el rescate de la Cárcel de Alta Seguridad y lo hice para contextualizar el periodo, porque no es solo este hecho. En torno a él hubo un fenómeno que ocurrió en Chile a comienzos de la Transición que fue la emergencia de un brote de carácter terrorista que el gobierno de la época supo controlar rápidamente sin acciones violentas. Y la Cárcel de Alta Seguridad es parte de la política de esa época.

¿Cómo fue ese periodo para usted en lo personal? 

Puntualmente en el hecho del rescate se cruzan una serie de sentimientos. Sentí que era mi responsabilidad asumir el costo de lo que esto significaba, aunque muchos decían que no me correspondía. El rescate duró 58 segundos, el resto de la planificación y organización fue hecho fuera del recinto y ahí falló Inteligencia. Fui el único en asumir el grado de responsabilidad y con el tiempo siento que eso dignificó mi función pública.

¿Por qué?

Porque, en ese momento, yo vi como a los principales actores políticos del país, como a los ministros (Justicia, Interior), se les movió el piso. Yo no me compliqué la vida, renuncié y asumí los costos sin tener un apego desmedido por el poder. El poder es temporal y fue satisfactorio cuando debí evaluar mi conducta política.

¿Qué detalles sabrosos hay en el libro?

Hay un relato detallado de lo que ocurrió ese día tanto fuera y dentro de la Cárcel. El libro tiene dos finales; uno de los detalles más interesantes es haber comprobado con la distancia del tiempo cómo los grupos o fracciones de estos grupos (el Frente y Lautaro) lograron alinear con un cierto grado de solidaridad a todos los actores políticos de izquierda y de derecha. Hay una resolución de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados que condena el régimen de la Cárcel de Alta Seguridad, que fue firmado por Chadwick (UDI), Paya (UDI), Serrano (RN), Naranjo (PS), Asencio (DC), Ojeda (DC) y alguien que se me escapa. Es curioso cómo la derecha y la izquierda unida le quitaron el piso político a esta Cárcel y generaron de alguna manera las condiciones para que se produjera el rescate de los frentistas.

Tras el rescate, usted presentó su renuncia ¿Cómo vivió el proceso?

Se me indicó que los ministros implicados y subsecretarios presentarían su renuncia. Estimé que yo también tenía que hacerlo, pero al día siguiente me enteré que fui el único en presentarla. Me siento digno porque esa postura no la tuvieron los otros actores políticos.

¿Con este libro se cierra un ciclo?

Este fue un hecho extraordinario e increíble en la historia carcelaria chilena, quise escribir para despejar también una serie de mitos; se han hecho estudios, tesis, investigaciones, es un tema que tiene un enorme atractivo para la gente. Ese motivo me llevó a escribir el libro también.

 

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