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Fiscalía investiga intencionalidad tras incendio de 20 buses en Chillán

Todo apunta a que fue intencional. De hecho, el fiscal jefe de Chillán, Sergio Pérez, se refirió a las diligencias ordenadas al Laboratorio de Carabineros (Labocar) como “la investigación de un delito”.

Y los vecinos del pasaje Pedro Poblete con Iván Ulriksen, sector población Coihueco, así también lo estiman y dicen hasta haberlo previsto, porque el sábado pasado también hubo un intento de incendio al interior de un sitio eriazo que colinda con el estero Las Toscas, y en el que, desde 2018, se ha utilizado como un verdadero cementerio de buses dados de baja, pertenecientes a la empresa Línea Azul.

El último, registrado cerca de la medianoche del martes generó alarma general por parte de Bomberos Chillán, cuyo trabajo se centró en evitar que el fuego -que se elevó hasta por cerca de 15 ó 20 metros de altura- se propagara a alguna de las 12 viviendas que colindaban con el flanco del fuego.

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Finiquitado el siniestro, entre la oscuridad, el olor a caucho derretido y a maleza quemada, se contaron cerca de 20 buses reducidos a chatarra ardiente. Casi la mitad de esa desahuciada flota aparcada sin resguardo alguno y que alguna vez fuera el máximo símbolo chillanejo en las carreteras del país.

“En este contexto, el personal de Carabineros informó al fiscal de turno que al rededor de 20 buses se vieron afectados, así mismo algunos domicilios aledaños al recinto presentaron algunos daños, principalmente en sus techumbres. La Fiscalía instruyó la presencia de personal especializado con la finalidad de determinar el origen del siniestro y la participación de terceras personas”, detalló el fiscal Pérez.

Esta orden significó que Carabineros comenzara un trabajo de empadronamiento en todo el vecindario colindante, la consecución de imágenes de las cámaras de seguridad públicas y particulares, para efecto de esclarecer este hecho.

De hecho, Carabineros instruyó la presencia de una patrulla como punto fijo en el sector para evitar tanto un rebrote de las llamas como un nuevo intento incendiario para destruir el resto de los buses que no fueron alcanzados por el fuego.

Siempre lo mismo

La historia oficial hablará de tres hechos: El incendio de 2018, que afectó techos y panderetas de algunas casas vecinas; el amago de incendio del pasado sábado; y el del pasado 22 de noviembre, aún de mayor magnitud que el de hace cuatro años.

Sin embargo, “acá tenemos que andar apagando fuego a cada rato, entre nosotros. No digo que todos sean por delincuencia, pero varias veces es por la gente que entra al predio, que no tiene mayor resguardo y se puede pasar por todos lados. A veces se ponen a fumar y se prende el pasto seco, pero es siempre lo mismo”, comentó la presidente de la junta de vecinos del sector, Elba Barriga.

Ese “siempre lo mismo” es tan literal que se ha transformado en un factor de estrés para los residentes.

Y así se aprecia en el relato de la vecina Ivette Rodríguez. “Yo no estaba en la casa cuando empezó el incendio, me llamaron por teléfono para avisarme, porque yo vivo con mi papá y mi abuelo que está postrado. Mi casa queda justo al lado, nos separa solamente la pandereta del predio, así que tuve que venir corriendo, estaba súper asustada porque me acordaba de lo que había pasado en el incendio de hace unos años. Además tengo un perro y gatos que son caseros, no sabrían qué hacer en la calle”.

Alguien que podía dar fe del miedo que generó ese incendio del 2018 es María Lineros. Ella combatió las llamas en el mismo patio de su casa.

“Esa vez quedamos sin cerca, sin nada de lo que teníamos en el patio. Me acuerdo que todo se vino abajo, entonces con este incendio pensé que iba a pasar lo mismo. Es terrible, mucho susto y van tres veces, ya”, se lamentó.

En la casa de la señora María solo viven adultos de la tercera y de la llamada cuarta edad.

Personas que ingresan a beber alcohol, a improvisar carretes, a consumir drogas, a robar partes y repuestos de los buses “y hasta de motel”, como lo acredita la dirigente Elba Barriga, son parte de las razones por las que en el barrio se habla de “vivir todos los días con inseguridad”.

Solo dudas

En el sitio, de aproximadamente una hectárea de extensión, alguna vez estuvo asentada la Charquería Berrocal. Los vecinos dicen que posteriormente el predio fue vendido a la familia Salazar, ligada a la empresa Línea Azul.

Es, de todas formas, un recinto particular, y como tal, la Municipalidad de Chillán, más allá de notificar a los propietarios para que resguarden eficientemente el perímetro o que mantengan el pasto corto, no pueden hacer mucho más.

“Esa noche llegaron una personas de la familia y nosotros hablamos con ellos para explicarle los peligros que significaba tener el predio así. Pero a ellos como si nada. Lo único que nos dijeron era que se comprometían a mantener el pasto seco, ni siquiera hablaron de reparar la pandereta y menos de llevarse esos buses, que es lo que todos queremos”, explicó la presidente de la junta vecinal.

La Discusión logró contactarse con la familia dueña del predio, sin embargo, optaron por no dar declaraciones.

Hasta el momento, no hay detenidos.

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