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En marcha dos planes ambientales y de desarrollo en la Reserva de la Biósfera

Dos proyectos de conservación y desarrollo sostenible se está comenzando a implementar en la Reserva de Biósfera Corredor Biológico Nevados de Chillán-Laguna del Laja. Ambas iniciativas, que están lideradas por profesionales de la Universidad de Concepción (UdeC), cuentan con financiamiento del Gobierno Regional (GORE).

Esta Reserva de Biósfera es una de las 10 que hay actualmente en Chile y la última en ser reconocida, ya que en junio de 2011 Unesco declaró esta área, conocido como el Corredor Biológico Nevados de Chillán-Laguna del Laja. Las 565.807 hectáreas que abarca comprenden a seis comunas de la Región de Ñuble y a dos de BioBío.

Desde 2019, el Centro de Ciencias Ambientales-EULA de la Universidad de Concepción estuvo a cargo de desarrollar un Plan de Gestión de la Reserva, una estrategia que se ha convertido en la “hoja de ruta” para los próximos 10 años y con la que actualmente se están desarrollando dos proyectos en el territorio.

El Dr. en Ciencias Ambientales e investigador del Centro EULA, Gerardo Azócar, explicó que “este Plan de Gestión definió una serie de acciones y de iniciativas no solo técnicas, sino también desde el punto de vista de lo que la gente, en el periodo que hicimos el plan, nos señaló. De las demandas de los habitantes de la Reserva. Fue un proceso bien participativo, donde trabajamos con todos los actores del territorio”.

Este plan dejó en evidencia las principales necesidades con las que viven los cerca de 8 mil habitantes, pertenecientes a las comunas de San Fabián, Coihueco, Pinto, El Carmen, Pemuco, Yungay, Tucapel y Antuco, y también las oportunidades que les entrega el mismo territorio.

De esta manera, el 26 de agosto de este año se pusieron paralelamente en marcha los planes de Gestión Ambiental y de Fomento de Desarrollo Productivo y Territorial de la Reserva. El primero está a cargo del Dr. Azocar, mientras que el segundo lo lidera el Dr. en Ingeniería y académico de la UdeC, Jorge Jiménez.

Líneas ambientales

Este corredor biológico, ubicado en el sector andino de ambas regiones, contiene al Parque Nacional Laguna del Laja, la Reserva Nacional Ñuble, al Santuario de la Naturaleza los Huemules de Niblinto y a la Reserva Nacional Huemules de Niblinto. Su área total, representa un 26,5% de la superficie de la Región de Ñuble y un 6% de la Región del BioBío.

El territorio posee un alto valor ecológico, ya que en él hay ecosistemas de interés para la conservación,  como el bosque nativo, la estepa altoandina, la red hídrica y además es hábitat de especies emblemáticas como el huemul, gato colocolo, puma, la guiña y el cóndor. Es por ello  que dentro del Plan Ambiental hay una línea de acción para apoyar los procesos de monitoreo del huemul, además de planes para su conservación. Actualmente el monitoreo es a través de la instalación de cámaras trampa en las zonas protegidas por el Estado, que están a cargo de Conaf y del programa de la empresa Arauco.

“Queremos apoyar los procesos de monitoreo del huemul y de otras especies dentro de la reserva e inclusive, al ser un poquito más ambiciosos, poder crear nuevas áreas privadas protegidas dentro de la reserva y, a la vez, combatir algunas de las amenazas que tiene la conservación dentro de la reserva, como el desarrollo inmobiliario, incendios forestales o la contaminación”, indicó el director del programa.

Además, agregó: “identificamos lugares donde hay hábitat sensibles, donde hay avistamiento de huemules, entonces la idea es definir senderos que sean para turistas, para visitar y así evitar interferir con el hábitat del huemul, que es una especie bastante tímida. En la medida que uno invade su territorio o no va por lugares designados, uno mismo empieza a generar ciertas alteraciones en esa especie”.

Por otro lado, el programa también busca estudiar a las amenazas que hay para la conservación de todas las especies que habitan en la Reserva de la Biósfera. Como el estudio del propio bosque nativo, de la erosión, de los incendios o de las especies introducidas. Sin embargo, cuentan con el desafío de que la comunidad elija cambiar algunas prácticas para apoyar la preservación.

El investigador declaró que “no es fácil a veces introducir ciertos mensajes cuando la gente tiene necesidades o tiene sus animales en la cordillera. Por ejemplo, los chanchos que se comen la semilla de la luma, que por ley si hayluma en cualquier lugar de la cordillera hay un bosque de preservación, no lo puedes tocar, no lo puedes ni mirar, pero eso significa que el propietario de ese bosque no puede usarlo, no puede tener animales que se coman la semilla, es un tema delicado que hay que saber abordarlo”.

Necesidades locales

Durante el Plan de Gestión de 2019, se identificaron algunas problemáticas en las localidades rurales, como el manejo de residuos sólidos, de aguas negras, problemas de microbasurales, de contaminación, falta de acceso a agua potable, entre otros.

“La parte ambiental tiene toda un área que tiene que ver con los residuos sólidos, que fue uno de los problemas que se detectó cuando hicimos el Plan de Gestión el año 2019. Estamos hablando de sectores rurales donde hay actividad turística, pero también hay problemas de microbasurales o de contaminación. Fue un problema que salió de muchos de los talleres con las personas y con los municipios y por eso quedó como una de las iniciativas a trabajar en la implementación del plan que podríamos considerar que comienza con estos programas”, informó el Dr. Azócar.

Aunque los estudios se han enfocado en todo el territorio, los especialistas han señalado que hay dos zonas que se destacan: Las Lumas, en Coihueco, y Ranchillo Alto, en Yungay, áreas para las que deben elaborar un plan de desarrollo específico.

“Nosotros identificamos ciertos lugares muy puntuales donde hay problemas que son estructurales desde el punto de vista de infraestructura básica, como caminos, problemas de agua, de residuos y de manejo de alcantarillados”, detalló el Dr. Jorge Jiménez.

Es por ello por lo que en estos tres años deben desarrollar estrategias para tratar de dar respuestas a estos problemas, gracias al apoyo y trabajo en conjunto con las autoridades.

Además de las mejoras en calidad de vida que traería la resolución de estos problemas, también tiene por objetivo mejorar las opciones de turismo que podrían desarrollarse en estas zonas.

El Dr. Jiménez puntualizó que “si tú quieres desarrollar cualquier actividad productiva, ya sea en la parte de fabricación o elaboración, de productos para poder venderlo se requiere formalmente una resolución sanitaria, y para tener eso necesitas las condiciones mínimas sanitarias. Eso implica tener agua potable, alcantarillado, y otros requerimientos”.

Por lo tanto, se debe garantizar una infraestructura básica donde las personas puedan trabajar para cumplir con los requisitos básicos. “Si bien se hacen actividades turísticas informales, esas no contribuyen mucho al cuidado del territorio. Ya que, si no hay agua potable o condiciones básicas, los turistas o los aventureros ocupan el territorio para sus necesidades básicas o dejan la basura en lugares que no corresponde, entonces por eso es importante este trabajo”, precisó.

Por otro lado, también se está realizando un catastro en los lugares donde hay luma para hacer un levantamiento de estas especies y saber que significaría protegerlos para las personas que viven ahí y que además tienen sus animales.

El Dr. Azócar detalló que “lo que pasa es que no se puede decir de un día para otro: “oiga, saque sus vacas, saque sus animales, saque sus cabras y chivos porque aquí hay lumas”. Entonces por un lado tenemos que incentivar que conozcan su territorio y sepan el valor que tienen, y por el otro, también debemos desincentivar”.

Turismo sustentable

Dentro de los objetivos del programa, también está el objetivo de desarrollar un turismo que sea sustentable con los territorios. Que contemple estudios para saber, por ejemplo, cuánta es la capacidad de una zona en temporadas altas.

“Está el tema de las capacidades de carga, que son conceptos que se usan mucho para definir cuanto es la capacidad máxima de ocupación que puedes tener en un territorio o en un lugar al mismo tiempo para evitar empezar a generar un deterioro. Por ejemplo, cuando se hace un evento muy grande, llega mucha gente y se vuelve incluso agobiante estar ahí, hay actividades turísticas que nosotros ya hemos experimentado que de repente hay condiciones que todos quieren ir a Las Trancas al valle y llega un momento en el que ya no se puede estar, empiezan a haber problemas de circulación e incluso de residuos y también ya se han manifestado problemas de agua”, informó el Dr. Jiménez.

Esto también se puede aplicar para ver cuánta es la capacidad de los senderos y de las actividades que se pueden realizas, así evitar congestión o largas filas que terminen teniendo un impacto negativo dentro de la Reserva de la Biósfera.

El experto detalló que además “esto no tiene que ver con un tema de aforos sanitarios, sino más bien para que efectivamente el turista pueda tener esta inmersión en el lugar donde se encuentra y también por supuesto conservar los recursos que ahí están presentes”.

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