Close
Radio Radio Radio Radio

El buen gobierno

Probablemente no hay legado más importante de la civilización occidental que el buen gobierno. China, por varias condiciones, fue la creadora de la burocracia estatal, pero siempre en un ambiente de autocracia que de unau otra forma se ha mantenido durante milenios. La civilización grecorromana despreciaba de los persas, egipcios y a Oriente en general, el lujo fastuoso y el desprecio por el hombre, el endiosamiento de sus reyes y la crueldad de su gobierno.

Lo que diferenció a Occidente fue justamente el humanismo del Estado, elemento que nace en Grecia, hereda Roma y posteriormente sufre diversas metamorfosis con su conversión al cristianismo, pero sin perder esa esencia.

Pero, ¿qué es entonces el buen gobierno?

Un primer principio es que sus cimientos son las leyes y la virtud de su dedicación, según los intereses de la mayoría y no de unos pocos. Un buen gobierno anticipa los riesgos y construye el futuro con políticas de Estado, basadas en escenarios posibles, que reduzcan la incertidumbre y eliminen o atenúen los efectos de crisis económicas, ambientales, sociales o sanitarias.

Pensando en la realidad de nuestro país, de un buen gobierno debiéramos esperar un fuerte compromiso con la igualdad social, con la equidad, con la planeación estratégica de largo plazo, sin descuidar las urgencias del presente y con una visión de desarrollo sustentable que resguarde nuestro patrimonio ambiental.

También deberíamos aspirar a un gobierno que confíe en sus ciudadanos, que fomente la participación vinculante en los asuntos públicos, que incorpore el conocimiento y el saber, y no caiga en la tentación de las agendas cortoplacistas de los ciclos político-electorales, la discriminación por militancia y el clientelismo, entre otros vicios latentes en la política criolla.

Pero lo anterior no se logra por generación espontánea. La experiencia nos ha enseñado que no es fácil hallar ciudadanos virtuosos y dispuestos a trabajar para influir positivamente sobre la sociedad. De ellos, el poder siempre debiese estar en manos de los más capaces, pero no solo los que son técnicamente mejores, sino entre quienes puedan siempre discernir acertadamente en pos del bien común. Así, el buen Gobierno será legítimo no solo por respetar la legalidad, sino también por ser siempre justo y razonable.

Y esta legitimización se gana día tras día, no por hechos aislados, ni más o menos apariciones en la prensa.

Tratar de basar y asentar la idea de la gestión pública sobre el concepto de la virtud de las personas puede sonar un poco -o tal vez demasiado- ingenuo. Probablemente en algún momento de la historia alguna sociedad lo logre, pero nunca de manera definitiva, pues siempre se encontrará amenazado por ambiciones personales e intereses de grupos.

Pero para aquellos que hoy tienen el privilegio de gobernar, no intentarlo cada día es inaceptable, puesto que de otra manera sería imposible aspirar a contar con algo parecido al buen gobierno que Chile necesita.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Leave a comment
scroll to top